domingo, 26 de noviembre de 2023

¿HABRÁ UN GOLPE DE ESTADO EN ESPAÑA?

 



A vueltas del tema de la ley de amnistía prometida por el presidente del gobierno en funciones Pedro Sánchez a los partidos separatistas vascos y catalanes, para asegurarse su permanencia personal en el cargo, diversos políticos del régimen y medios afines aseguran que aquél prepara un golpe de estado, para así liquidar el estado de Derecho, la Constitución, la separación de poderes, la democracia, etc., etc. Llegados a este punto, es lícito preguntarse qué hay de verdad en todo esto. Para responder a tal pregunta, es necesario analizar una vez más las bases de nuestro régimen político.

En primer lugar, debe recordarse que no existe una Constitución en España, sino una Carta Otorgada, pues, por un lado, no procede de unas cortes constituyentes, sino del acuerdo semioculto de un grupo de diputados de unas legislativas, y, por otro lado, no se reconoce en ella la separación de poderes, por lo que tampoco puede llamarse Constitución a aquella que con-tanto-esfuerzo-nos-han-dado, según se señala en el artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Es, por lo tanto, muy difícil dar un golpe de estado contra algo que no existe.

Por otra parte, tampoco puede decirse que haya una democracia como forma de gobierno en España, dada la aludida inexistencia de separación de poderes en origen (hay, eso sí, separación de funciones, pero eso es lo que teníamos en el franquismo), y la inexistencia de un principio de representación política, encarnado en elecciones separadas para los poderes legislativo y ejecutivo, de acuerdo a un sistema electoral mayoritario. En cambio, el sistema electoral proporcional de listas cerradas y bloqueadas no sirve para elegir, sino para refrendar la voluntad de los líderes de los partidos, que sentarán así las bases de la corrupción como factor de gobierno.

En conclusión, parece difícil hablar de un golpe de estado en nuestra partidocracia, pues todo el edificio de la cosa pública está levantado de manera de que el que acceda al poder ejecutivo, controle al poder legislativo (no se oculta sin ningún pudor que las leyes las elabora el ejecutivo) y al judicial, mediante la elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial, que nombrarán luego a los jueces del Tribunal Supremo que juzgarán a los políticos, y a los magistrados del Tribunal Constitucional, tribunal político y constituido, con ambiciones de constituyente (las luchas de los partidos por controlar estos órganos intervenidos sólo responde a un ansia de poder total). De tal suerte, todo el poder se concentra en unas manos, perfecta definición de la tiranía. Los mismos que protestan contra esta situación son otros partidos del régimen, que proponen como solución la misma fuente del problema: la falsa Constitución de 1978, y engañan al pueblo organizando manifestaciones donde lucen las banderitas de una monarquía que sirve para justificar el statu quo antidemocrático, (y de la que no se puede, por tanto, esperar nada), y las cochambrosas enseñas de la Unión Europea, que santifica todo, mientras los gobernantes patrios se inclinen a sus designios, aunque sean contrarios a los de la nación española; todo, eso sí, bajo una música atronadora que impide siquiera lanzar al aire las consignas de la sumisión.


domingo, 12 de noviembre de 2023

ESTADO Y MENTIRAS DE DERECHO

 


Vivimos estos días en la zozobra de la fase transicional de la cosa pactada para que tengamos el gobierno "progresista" que todos nos merecemos, o no. Asociaciones de toda laya (jueces, abogados del Estado, inspectores de Hacienda, etc.) hablan (siempre en defensa de sus intereses, sin que mencionen a la nación, como señala Hughes) de destrucción del Estado de Derecho, de la Constitución y de la separación de poderes. Cosas que, como bien señala Ignacio Ruiz Quintano, no se pueden destruir, porque no existen:

“Estado de Derecho” es tautología/pleonasmo que nada significa (y lo que los malos quieren que signifique sería horrible), pues todo Estado, sólo por serlo, es de Derecho: el de Sánchez como el de Franco, el de Bismarck como, incluso, el de Gengis Kan. La Constitución es una Carta Otorgada, y sin Constitución (“una sociedad en la que la separación de poderes no está determinada, no tiene constitución”, reza el artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano) no hay Democracia, razón por la cual en España, merced a la llamada Constitución, un jefe de gobierno (hoy, Sánchez) tiene más poder real que ningún monarca absoluto (“donde todo está en una mano”, definió Hamilton la tiranía), sin más “checks and balances” que los deseos de las potencias extranjeras a las que rendimos nuestra soberanía."

Todo en torno a la cacareada "amnistía", vocablo que corre de boca en boca de la demagogia ignorante de nuestra "derecha" e "izquierda" partidocrática, como una libertad más otorgable por el régimen, cuando la autodeterminación es una cuestión de fuerza, como explica magistralmente el propio Ruiz Quintano:

"El régimen no nos trajo la libertad política, pero, según estos arbitristas, nos ofrece unas libertades mayores: la de federar todo lo que no está separado (pura patafísica) y la de separar todo lo que está unido. Tan variadas serían estas libertades que los españoles “creen tener hasta la de hacer o deshacer naciones, y la de separarse de la única que tienen”. Y con la misma naturalidad con que se decide, votando, acometer la bajante en una junta de vecinos. En palabras del fundador de la Junta Democrática [Antonio García-Trevijano Forte], que lo dejó todo avisado: “Es con este abstracto e imposible sentimiento de la patria, a través de la Constitución de un régimen oligárquico, como lo español manifiesta su impotencia para oponerse al egoísta patriotismo económico del nacionalismo catalán y al aldeano patriotismo étnico del nacionalismo vasco” [...] Como concepto objetivo, la “Nación” es un producto de la Historia que al no depender de la voluntad no puede ser objeto de votación. Como concepto subjetivo, en cambio, la “Nación” es un “proyecto sugestivo de vida en común”, frívola ortegada extraída de Renan (también Trevijano se ocupó de los daños causados por “La España invertebrada”) que el fascismo hizo suya, pero olvidando el remate de Renan: “Una nación puede hacer lo que quiera… salvo suicidarse”."

Contra este suicidio, o mejor eutanasia, de la Nación (amnistía tacita a tacita -que tampoco hay prisa, eh-, y bases para un referéndum dizque que consultivo, pero sí, pero no), programada por el PSOE, verdadero epítome de la partidocracia del 78, junto con sus progresistas socios catalanes y vascos (oligarquía burguesa, neocarlistas, y filoetarras y otros zahoríes de esencias mítico-nacionalistas) sólo algunos empiezan a oponerse, sin limitarse a ser comparsas de actos de otros partidos del régimen, que defienden la "Constitución", como solución al problema del que es su origen.

Enardecía, pues, ver ayer a gente como Rubén Gisbert golpeado y llevado en volandas por la policía durante la concentración convocada por la nueva Junta Democrática. Esperemos que su ejemplo y el de muchos otros demócratas sirva para sentar las bases de una resistencia pasiva permanente a este régimen de parásitos, que, dopados de deuda externa, se reparten la nación a trozos (y que, entre otras cosas, gracias al yugo lingüístico, mantengan atados a los trabajadores, estorbándoles la movilidad), y la venden a los intereses extranjeros que les van insuflando dinero y asegurándoles un futuro en la UE-USA, u otros chiringuitos internacionales.