lunes, 12 de enero de 2026

PALÍNDROMOS HELENOS


 

Si se desea vivir tranquilo (el afán de tranquilidad, esa pasión primordial de los españoles -según Antonio García-Trevijano- a la que sacrifican todo: el juicio crítico, la libertad política, de opinión y de pensamiento, la decencia, el honor...) debe uno alejarse de las noticias en este comienzo de año. Es mejor, empero, estar atento y consciente de uno mismo y de lo que nos rodea, y no ser víctima de la inevitable discontinuidad de esa ilusoria sensación de calma que cualquier cosa rompe, como el sueño sobre el trabajo que interrumpe el sonido del despertador que a éste te convoca.

El secuestro de Maduro (¿acordado entre las partes?), la perspectiva de un nuevo ataque anglosionista a Irán, la respuesta misilística de Rusia a las bravatas euroinómanas  y a los ataques de su actor NATO, Zelensky, no contribuyen precisamente a formular propósitos de año nuevo sin saber siquiera en qué desastre pueda desembocar este desperezo enerino. Mientras, en la pecera española los pececitos, servidos de su proverbial memoria, siguen alimentándose con el pienso de la corrupción cruzada de los grandes, los de los partidos del régimen.

El ayuntamiento de Burgos retira un cartel de 35 metros cuadrados contra la participación de España en la guerra de Ucrania, desplegada por la Plataforma Europea de Amigos de Rusia (PEAR), que decía "No queremos ni pagar ni morir por Ucrania". Ciertamente, no es necesario ser rusófilo para estar de acuerdo con este extremo: el gobierno ha regado generosamente de dinero de los contribuyentes al autócrata ucraniano sin pasar por las Cortes (que, como tales, no tienen nada que decir, pues no son legislativas, no produciendo leyes, sino aquello que les propone el gobierno) tras recibir la imposición de manos del recurrente Borbón que sirve de oneroso justificante de este régimen antidemocrático (sin libertad política para elegir representante político ni separación de poderes); por otra parte, tenemos tropas y armas desplegadas en los países bálticos, y nuestro Presidente pide ahora participar en el cuerpo de tropas eurootanistas que pretenden personarse en Ucrania para o tras el fin de la guerra (que es precisamente la razón por la que Rusia se ha visto, como amenaza existencial, forzada a iniciar operaciones militares: evitar tener a la OTAN en sus fronteras). No quiere ver Sánchez que estas maniobras lo único que pretenden es prolongar la guerra, e impedir un acuerdo de paz, que, desgraciadamente, provendrá de una capitulación ucraniana tras una derrota catastrófica.

En su inevitable decadencia como Imperio, según Emmanuel Todd, los EE.UU. se embarcan en aventuras imperialistas al viejo estilo, pero con un cuidadoso control de bajas propias, como en el caso de Venezuela. Tal decadencia, vinculada al predominio de la economía financiera -creadora de dinero de la nada, y de ambiciones laborales conexas- contra la productiva (piénsese en los procesos neocolonialistas de deslocalización que ahora han salido como tiro por la culata), y vinculada, asimismo, a un grado cero moral unido a la pérdida de los valores derivados de la religión tradicional, hace de la norteña república imperial un puercoespín dispuesto a defender lo que considera suyo, pero ya no a vista del águila que fue.

Espero que Atenas siga siendo una ciudad como la recuerdo ahora a través de las fotos que he recuperado: no desdibujada por la marea de los turistas, inatentos cuando no perplejos ante los hiératicos gatos que por doquier entre las ruinas les recuerdan (a quienes presten un poco de atención) que habrá algo que perdurará tras sus partida y sus saltos de rana fotofílica. La ciudad, un tanto destartalada y humilde en sus edificaciones y gentes, no resulta agresiva, como otros lares mediterráneos tal que Nápoles. La amabilidad y la alegría de vivir un tanto cafre Y testosterónica, puntuada por la ruptura de platos de yeso contra el suelo en algún restaurante popular, se contagia al visitante no políticamente correcto ni éticamente corrupto, como dice Diego Fusaro.