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sábado, 3 de junio de 2017

BUSCAR LA LIBERTAD POLÍTICA COLECTIVA NO ES NEOLIBERAL




George Washington y Bernie Madoff (Weimar art blog)


El neoliberalismo o liberalismo de nuestros tiempos no es democrático, pues no concibe la libertad política colectiva, contentándose con los regímenes parlamentarios a cuya sombra creció. Queda, por otra parte, en el terreno de lo utópico, pues la desregulación absoluta de la economía es una pura quimera. Moralmente es también rechazable pues pensar en poner la organización de la sociedad en mano de los ricos es aberrante (aunque es ya sabido que son los gabinetes técnicos de las empresas del IBEX los que elaboran las leyes que luego aprueba en su parlamento la oligarquía partidocrática, que es de una mediocridad descorazonadora).

Lo mismo que es absurdo considerar neoliberal la búsqueda de la libertad política colectiva, sería igual de incongruente tenerla por comunista, pues éste apuesta por la revolución de la libertad, no de la igualdad, utopía con la que se llenan la boca los viejos y nuevos demagogos como los de Podemos, cuya ambición totalitaria se enmascara bajo su propuesta de democracia social que choca contra la propia naturaleza humana, marcada por la desigualdad. En cambio, la consecución de la libertad política colectiva podría facilitar la reducción de la desigualdad de oportunidades tomada como uno de los rasgos de la sociedad neoliberal.

  



domingo, 23 de abril de 2017

EL (CASI) PERFECTO SOCIALDEMÓCRATA





Otto Dix



El socialdemócrata de nuestros días encuentra radical cualquier afirmación de certeza política que se presente como tal, y, no como sujeta a relativización; prefiere, pues, las opiniones que caigan en el dominio de lo soft y light, de acuerdo con la sentimentalización con la que sustituye el pensamiento crítico, que se manifiesta en el predominio de la consigna emotiva sobre el criterio. Esa será, por ejemplo, la opinión que le merecerá la idea de la falta de libertad política colectiva, que le obligaría a sacudir su conciencia voluntariamente adormecida, y apartarse de las causas que prefiere defender, y que le permiten justificarse a sí mismo como "progresista" sin cuestionar el statu quo político, el de la partidocracia corrupta y protototalitaria, y al mismo tiempo colocarse bajo el paraguas del Estado, que quizás llegue incluso a subvencionar sus iniciativas políticamente correctas en el terreno medioambiental y ciudadano. En este aspecto, sería preciso hacer una distinción entre las personas verdaderamente altruistas, y el socialdemócrata; aquéllas colaborarán, por ejemplo, con sociedades protectoras de animales, ONGs humanitarias, y voluntariados de ayuda a necesitados, es decir, estarán dispuestas a sacrificar tiempo y dinero por los demás.

Por otra parte, su proverbial afabilidad, la tolerancia que le caracteriza (la tolerancia entendida como virtud de las oligarquías, la de los que se consideran superiores a los demás, frente al respeto, virtud de los demócratas, que consideran a los demás sus iguales -es sintomático, pues, que estas gentes hablen constantemente de tolerancia, no de respeto-) sucumben a veces inesperadamente a súbitas explosiones de ira ante cualquier "retrógrado", al que lleven ya demasiado tiempo tolerando en su benevolente hipocresía.

sábado, 11 de marzo de 2017

ELECCIONES MUNICIPALES EN LA MÓNADA ELECTORAL REPUBLICANA DE CÁDIZ





Museo de las Cortes de Cádiz



Las elecciones municipales en una República Constitucional deben celebrarse según el modelo de elecciones separadas para diputados y presidente de la República que caracterizarían las elecciones generales ajustadas al sistema electoral mayoritario. Así pues, los vecinos de cada localidad elegirían por separado al alcalde y al cuerpo de concejales.

La elección directa del alcalde evitaría los cambalaches políticos que configuran el sistema de listas cerradas y bloqueadas del régimen proporcional partidocrático, pues, dado que los electores no eligen realmente un representante, los partidos del Estado hacen con los votos lo que quieren, negociando entre ellos el reparto de cargos y prebendas.

Por su parte, para que la elección de concejales no se viera sometida al programa de listas típico del sistema electoral proporcional, sería tal vez necesario organizar en cada localidad subdistritos electorales uninominales que se ajustaran al número de concejales elegibles asignado a determinado porcentaje de población, previamente establecido por una ley electoral. Así, de cada uno de esos subdistritos saldría elegido un único concejal, a doble vuelta si fuera necesario.

Tal sistema fomentaría la participación ciudadana en la vida municipal a través, por ejemplo, de las Asociaciones de Vecinos, en cuyos locales harían sus presentaciones y mítines los candidatos, y donde los concejales electos podrían recibir las peticiones y propuestas de los electores de sus distritos.

Se trataría, en suma, de una democracia formal, única vía posible, salvo que se crea en la demagogia de los partidos oligárquicos actuales, para el avance en una democracia social.