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domingo, 10 de agosto de 2025

CENSURA EUROCRÁTICA

 



En su novela L'effroi el escritor francés François Garde construye una trama que parte del gesto de un director de orquesta en el inicio de un concierto al hacer el saludo nazi ante el auditorio. En el caso de los directores V. Gergiev y Alexander Romanovsky, acusados de "prorrusos", es dudoso pensar que hubieran sacado una batuta con una banderita rusa, que hubieran alzado un retrato de Putin o que hubieran llevado una Z blanca pintada en la espalda en los sendos conciertos que les han anulado en Italia. Los promotores de tal censura "democrática" (en realidad, partidocrática) (entre los que figuraban ministros, líderes políticos y unos seiscientos -deficientes- intelectuales firmantes de un manifiesto) afirman que así "la democracia se defiende de la injerencia extranjera" encarnada en estos "propagandistas de Putin", y que Italia "tiene los anticuerpos necesarios contra el putinismo". Mas allá de las náuseas que provoca esta propaganda rusofóbica en pie de modo totalitario desde el inicio del conflicto en Ucrania (esto es, que Putin es un dictador e invasor arbitrario de un país democrático, cuando la realidad del acoso otanista a Rusia desde los noventa para balcanizarla resulta cada vez más difícil de ocultar), surge la preocupación de comprobar que la libertad de expresión es algo extremadamente frágil en regímenes políticos como el mayoritario en Europa, donde los derechos no son algo ganado por los ciudadanos en cortes constituyentes, sino algo concedido por los políticos no representativos del elector, que tal como los conceden, los quitarán a su arbitrio de casta.

Un abogado de Sociedad Civil Catalana afirma que el TC "quedaría en entredicho" si el Tribunal de Luxemburgo rechaza la Ley de Amnistía, cuyo objetivo era que los partidos independentistas catalanes apoyaran la investidura de Pedro Sánchez. Otro contratiempo para Conde Pumpido, ya saben, el que dijo que no le importaba mancharse la toga "con el polvo del camino" (es decir, reconocer que como miembro "progresista" del TC está al servicio de los intereses del PSOE, partido-gobierno en el poder) es la cuestión prejudicial que la Audiencia de Sevilla ha elevado al TJUE para paralizar la anulación parcial de las condenas por los EREs decretada por el mismo TC. Es ocioso, empero, plantear que dicho TC esté en entredicho ahora, pues lo está desde su constitución -como recuerda Ignacio Ruiz-Quintano rememorando a Antonio García-Trevijano- como "poder constitucionario (un poder constituido que se atribuye potencias constituyentes)", al servicio del partido de turno en el gobierno.

¿En qué consiste la "amenaza rusa" a la que alude el diario digital? ¿Tiene Rusia bases militares en nuestro país como recuerda Alberto Iturralde? ¿Nos impone aranceles como forma de presión política?¿Se niega a vendernos su gas -cosa que curiosamente nunca ha sido prohibidas en la miríada de sanciones de la UE, lo que demuestra su hipocresía- a precio no abusivo?¿Nos obliga a aumentar el presupuesto militar de manera disparatada para beneficio principalmente de su complejo militar-industrial?¿Apoya y apoyó la anexión ilegal del Sáhara por parte de Marruecos, al mismo tiempo que lo convierte a la par que Israel en su aliado preferido en el Mediterráneo occidental?¿Nos obliga a permanecer en una organización dizque defensiva, que no nos protegerá cuando al "primo" del monarca partidocrático se le ocurra ocupar Ceuta y Melilla aprovechando la coyuntura internacional, y a enviar tropas a las fronteras de un país que no es nuestro enemigo como en tiempos de Napoleón?¿Cuáles son nuestros verdaderos enemigos? No nos los mostrará, en todo caso, la prensa de este régimen.

En las playas de la corrupción aparece hogaño una nueva especie de alga, la de los currículos falsos. Como medida desesperada, imagino, ante la pleamar de la corrupción propia, algunos agitaron las aguas ajenas y aparecieron estos organismos, que, -oh, sorpresa- no sólo eran propios de una orilla. Estas algas que se enredan en los pies de todos son, ciertamente, un indicio de la clase de material humano de que se nutre la partidocracia: gente necesariamente mediocre, que busca instalarse en la casta política y vivir de ella; gente sin estudios, pero que pretende aparentar lo que no es mintiendo, pues la mentira es inseparable de la corrupción institucional en la que medran y de la que viven a costa de los súbditos, que sí pueden tener estudios, pero no la escasa suerte o la mucha desvergüenza para acceder a la casta privilegiada en una sociedad estamentalizada gracias a la corrupción inherente a este régimen de partidos.

Abundando en el tema de la libertad de expresión y la censura, que, eclipsa, como se ha dicho, a artistas que se niegan a renegar de la política de su país, parece muy probable que a partir del 14 de octubre la UE imponga un escaneo obligatorio de chats, incluso los cifrados de extremo a extremo, con el pretexto de luchar contra "el abuso infantil". Y en España recordemos que una normativa de identificación para el acceso de webs para adultos desencadenó el cachondeo del "pajaporte". Pero es cierto que -como se dice en el artículo- "Esto permitiría identificar fácilmente a cualquier ciudadano que critique al gobierno en redes sociales. De hecho, ya ha habido casos de detenciones por comentarios relacionados con temas sensibles como la inmigración ilegal en Alemania, Francia o en Reino Unido. Si además añadimos la intención de prohibir el uso de VPNs, el resultado es una tormenta perfecta hacia el control absoluto de lo que hacemos en Internet." A medida que la población europea se empobrezca sometida a la economía de guerra que nos preparan las oligarquías corporativas y sus servidores en los gobiernos partidocráticos, se hará más necesario que, bajo el nombre de la "seguridad", dichos Estados controlen el descontento que sin duda crecerá, pues el "Estado de Bienestar" era un componente de la llamada Guerra Fría. Dichas oligarquías económico-político-financieras ven en peligro su poder por la resistencia de Rusia a dejarse trocear como Yugoslavia o España, y por la emergencia de los BRICS, y no dudarán en usarnos como carne de cañón. ¿Cuánto vamos a tardar en rebelarnos?


martes, 31 de diciembre de 2024

¿ES ESPAÑA UN ESTADO FALLIDO?

 



La desastrosa gestión pública y la falta de prevención de los estragos humanos y materiales producidos por la gota fría en Valencia en octubre de 2024 ha propiciado que en ciertos sectores de opinión se hable de España como "Estado fallido". Considero, muy al contrario, que lo ocurrido responde a la lógica implacable de nuestro Estado de Partidos o Monarquía partidocrática.

Si los planes hidrológicos, de prevención de inundaciones y de alerta temprana han estado totalmente descuidados (hasta el punto de que el Tribunal Superior de Justicia de la UE abrió un expediente a España), si el gobierno autonómico demostró su incompetencia, si el ministerio del Interior no actúo de inmediato a pesar de que se lo prescribía la ley de Protección Civil, si tampoco lo hizo el ejército de manera pronta y generalizada, si hubo zonas sin ayuda durante días (causa de la aparición del lema desesperado "Sólo el pueblo salva al pueblo"), si las alarmas saltaron demasiado tarde multiplicando las muertes, si el rey dijo a los enfurecidos vecinos de la localidad valenciana de Paiporta por su situación de abandono que no hicieran caso a la "intoxicación informativa" que buscaba el "caos" (aunque para ver caos no tenía más que echar una mirada a su alrededor; pero si no vio cosas como la corrupción de su regio padre y la de su familia, no es de extrañar esta otra muestra de ceguera), si el presidente del gobierno dijo a la región afectada que "si necesita más recursos, que los pida" (como gesto de gran Señor que, en su lejano castillo y olvidando las "diferencias", hace un favor al cacique regional de otro signo en apuros), si todo esto ha pasado, no es porque nos hallemos ante un Estado "fallido" o en descomposición: hay causas más profundas que atañen a la misma constitución de éste.

La inexistencia de una sociedad política que sirva de intermediario entre la sociedad civil y la política (las únicas reconocidas por Marx, según afirmaba Antonio García-Trevijano), formada por partidos salidos de la sociedad civil, conscientes y defensores de su función representativa de ésta, tiene como una de sus consecuencias que las organizaciones políticas de tal nombre estén instaladas en el Estado, encarnación jurídica de la Nación, como una casta parasitaria y explotadora de la sociedad civil. Sin separación de poderes y sin más afán de representar que sus propios intereses de grupo privilegiado, con la corrupción como carburante del sistema y el Consenso como expresión de la antidemocrática actual opinión unánime que ha sustituido a la opinión única del franquismo, esta oligarquía (a la sombra -mientras le convenga- de una monarquía cómplice y tan alejada de la sociedad civil como ella misma), a través de su Administración tributaria, "no contempla a los contribuyentes como ciudadanos, sino como súbditos". O mejor como a siervos de la gleba, a los que se esquilma sin darles los servicios y sostén que se podría esperar de semejante presión fiscal.

La indiferencia, pues, hacia este Tercer Estado dieciochesco en que nos estamos convirtiendo los que no pertenecemos a una red clientelar de la casta política, se hace evidente del modo más cruel en catástrofes humanas como la desarrollada en Valencia, que será, sin duda, aprovechada para su beneficio por este régimen, que se descarga, primero, de su responsabilidad, y seguirá justificando, luego, no tomar medidas preventivas por conflicto de intereses. Entre tanto, la inefable presidenta de la Comisión Euroatlantista, Ursula von der Leyen, atribuye lo sucedido en Valencia a la "dramática realidad del cambio climático", ayudando a los gobiernos a ocultar su negligencia criminal, a responsabilizar a las víctimas y a justificar... nuevos impuestos.


domingo, 5 de enero de 2020

MONARQUÍA DE PARTIDOS





Dalmacio Negro Pavón



"Objetivamente, con la perspectiva de más de treinta años, la idea rectora de esta Monarquía estatal consiste, pues, en unir a la sociedad bajo la dictadura del consenso político de las clases dirigentes, que, al mismo tiempo que desequilibra la sociedad separándola del poder político, desintegra el consenso social, base de la amistad civil, y practica el divide et impera mediante una política de disenso generalizado. Es un típico sistema de desgobierno. De ahí la tosquedad de la vida política, en la que casi lo único relevante son las querellas y los arreglos entre los partidos.

En cuanto a la estatalidad monárquica, ésta evolucionó hacia un Estado de Partidos del tipo Estado de Bienestar sin nación política, fomentando al mismo tiempo, contradictoriamente, una politización radical que potencia las oligarquías nacionalistas enemigas de la Nación Histórica más antigua de Europa. La extraña Monarquía estatal «de las autonomías», la destruye formalmente, así como al Estado, dividiéndolos en pequeños estados-nación semi soberanos, algunos de los cuales les reclaman ya la soberanía. Es una anárquica Kleinstaaterei que recuerda a la del Imperio alemán en la época moderna muy bien descrita por Hegel.Pero el Estado Pluralista es un oxímoron y el pluralismo consiste en que manden las poderosas oclocracias regionales que se han formado.

Los nacionalismos se han intensificado y extendido mediante la ingeniería social consentida e incluso alentada desde el Estado. Hasta da la impresión que el Gobierno central, que dirige oficialmente el consenso, quisiera sustituir el idioma español como lengua común o lingua franca por el inglés, para satisfacer a las oligarquías locales que, fundamentando su «nacionalidad» en sus lenguas particulares, mezclándolas con un etéreo racismo historicista, odian el español, la lengua común.

Todo es una innovación asombrosa, que hubiera desconcertado a Maquiavelo. Hasta ahora, las Monarquías habían unido, con mejor o peor fortuna, a los pueblos y hecho las naciones. En último extremo se justificaban como garantes de la unidad nacional y del éthos tradicional. Mas las Monarquías Constitucionales y Parlamentarias, al no ser auténticas monarquías, pendientes de sí mismas no garantizan nada. 

Respecto al caos autonómico, tal vez sólo un presidencialismo al estilo norteamericano, es decir, asentado directamente en la voluntad popular, podría ya constituir una garantía.

[...]

En fin, la libertad política la usufructúan los partidos integrados en el consenso político organizado en torno a la Monarquía, reduciéndose para el resto a la rutina del voto; las libertades civiles están en entredicho por las intromisiones del Gobierno en las costumbres y los hábitos naturales, y se cuestionan las personales, estando seriamente amenazada la libertad de la conciencia; los partidos se extienden sin freno por la cada vez más débil sociedad civil organizando el clientelismo; la división de poderes es ficticia y, para el ciudadano común, la misma administración de justicia puede ser, además de dudosa, lenta y costosa, un peligro más que una garantía, de modo que las garantías jurídicas del Estado de Derecho, que conserva formalmente la socialdemocracia normal, son bastante precarias; se distorsionan progresivamente mediante la manipulación política de los jueces y una serie interminable de caprichosas leyes-medidas administrativas que, por ejemplo, permiten a la administración embargar directamente las cuentas bancarias; en consecuencia,  aumentan continuamente los controles burocráticos estatales y paraestatales -la burocracia es gigantesca y crece sin freno- sobre la vida natural regulando todo y frenando y distorsionando la iniciativa particular. Los sindicatos se encargan de coartar la libertad de trabajo y la propiedad depende del fisco. Hay demasiada inseguridad jurídica. [...]  la democracia, que oficia de religión civil de este Estado aconfesional, es en la práctica una plutocracia organizada en torno a la corrupción, sin que a la bastante envilecida sociedad le importe ya mucho. Todo está al servicio de la política y la ideología del consenso.

[...]

No existe un orden político, un régimen. La Monarquía estatal de las Autonomías es una situación política, quizá ya histórico-política al agravarla la crisis de los demás órdenes sociales -acentuada ahora por la crisis económica-, cuyo desenlace es imprevisible."




Dalmacio Negro Pavón, Historia de las formas del Estado: una introducción (Ensayo) (Spanish Edition) (Posición en Kindle1360-1390). Edición de Kindle.


domingo, 8 de diciembre de 2019

UNA FALSA CONSTITUCIÓN






Cada 6 de diciembre se ve marcado en España por la conmemoración de la llamada Constitución del 78, aquella, como gusta decir tópicamente, que "con tanto esfuerzo nos hemos dado". Pero, ¿fue realmente así?, ¿nos dimos los españoles una verdadera constitución? Para responder a tal pregunta es preciso recordar cómo se desarrolla un periodo de libertad constituyente, ver si el tal fue seguido en España, y, luego, analizar en qué medida el texto del 78 se ajusta a lo que se supone que es.

En el proceso aludido, son elegidas ex profeso unas Cortes llamadas constituyentes que elaboran una Constitución, y se disuelven antes de someter el texto constitucional al refrendo de la nación. Desgraciadamente, esto no fue lo que ocurrió en España: La Ley de Reforma Política, aprobada por las Cortes franquistas en 1976, (siguiendo el cínico principio de "de la ley a la ley") creaba unas nuevas Cortes, formadas por dos cámaras, el congreso de los Diputados y el Senado, al tiempo que Adolfo Suárez, a la sazón presidente del Gobierno, sacaba adelante un Decreto-ley en marzo de 1977 para regular las primeras elecciones legislativas de junio del mismo año. Dicho Decreto establecía un sistema electoral proporcional de listas de partidos, que, como sabemos, impide la representación política del ciudadano, limitado a refrendar lo que ya le ofrecen los 5 o 6 líderes de los partidos, que son quienes realmente controlan el poder político. El escándalo surgió a finales de ese año cuando el periodista Pedro Altares, director de la revista Cuadernos para el diálogo, descubrió y publicó que en el seno de dichas cortes legislativas se había formado una comisión secreta que estaba redactando una Constitución a espaldas de la nación. A pesar del alboroto provocado por tal infamia, ambas cámaras sancionaron el texto constitucional, y fue sometido a plebiscito popular el 6 de diciembre de 1978, en el que el pueblo español no pudo elegir la forma de su Estado, Monarquía o República, y se le daba como forma de gobierno la de la Partidocracia, Oligocracia, Oligarquía o Estado de partidos, caracterizado por la no representación política y la no separación de poderes, así como por la corrupción como necesario factor de gobierno, dando así lugar a la actual Monarquía de Partidos.

Pues una Constitución establece el sistema en que se estructura el poder del Estado, la representación política y la separación de poderes, es decir, explicita las reglas de juego del poder político (La enumeración de derechos y libertades que contienen las Constituciones es un desideratum irrealizable, un error traído a Europa por Lafayette tras su estancia en los EE.UU). Por tanto, puede decirse que en España no contamos con una verdadera Constitución sino con una Carta Otorgada que concede graciosamente a los súbditos una serie de derechos (donde empieza la reglamentación de un derecho termina una libertad), que pueden serle, asimismo, arrebatados, pues no proceden de la libertad constituyente que la nación se daría a sí misma. Vemos, en consecuencia, que dicha Carta Otorgada sanciona un régimen antidemocrático (entendida la democracia como forma de gobierno), donde el poder del Estado, convertido en enemigo de la nación y la sociedad civil, es detentado por 5 o 6 personas, los jefes de los partidos, que, por sí mismos -y en ocasiones junto a sus consortes-, actúan como cabezas coronadas de tales organizaciones de intereses de casta.

En conclusión, podemos decir que no tenemos nada bueno que celebrar cada 6 de diciembre, pues no contamos con una verdadera Constitución nacida de un proceso  de libertad constituyente, que consagre la representación política y la separación de poderes como elementos necesarios de la democracia política.


domingo, 6 de octubre de 2019

TUMBAS Y PACTOS





Sabido es que la expresión frecuentemente usada de "matar al padre" procede de las teorías psicológicas de Freud, quien la explica como el proceso en que el individuo se libera de la tutela paterna, desmarcándose de las creencias del padre y de su figura. Una aplicación simbólica de este concepto parece el desentierro del dictador Franco que el PSOE en el gobierno ha ordenado a través de una sentencia ad hoc del TS para que se produzca durante la campaña electoral, dejando el cadáver en una situación que podría llegar en el futuro a semejarse a la de Cromwell, cuyos restos fueron desenterrados y profanados después de muerto.

Y es que la inexistencia de una ruptura democrática con el régimen franquista, preconizada por su mayor opositor, Antonio García-Trevijano, y la consumación de una reforma superficial de dicho régimen, con la instauración de una Monarquía de partidos -pues a los españoles unas cortes legislativas que usurparon la función de unas constituyentes les impidieron elegir la forma del Estado-, sin separación de poderes, ni derecho de los súbditos a elegir libremente un representante político que no sea el que les viene ya impuesto por los jefes de los partidos estatales (características ambas de una verdadera democracia) ha llevado a la esperpéntica situación actual, en la que el inindependiente poder judicial, controlado por los partidos estatales, se presta a una pantomima que a nadie engaña.

El PSOE ha sido, sin duda, el partido estatal más beneficiado en el reparto de poder del régimen del 78, de suerte que el sucesor de Franco a título de rey se sentía especialmente cómodo con éste al frente del gobierno, mirando uno y otros al lado de su respectiva corrupción, elemento fundacional del régimen de poder de la partidocracia. Es, por tanto, la mala conciencia de su pecado original pactista con las fuerzas vivas del régimen franquista para organizar la reforma continuista de éste (del que subsisten en la actualidad el principio de separación de funciones, que no de poderes, y la falta de control sobre el poder ejecutivo por parte del legislativo y judicial, definitoria de la dictadura), lo que le lleva a ejecutar este acto simbólico de desenterrar al auténtico padre político de un sitio, (en el que parece, por otra parte, que nunca quiso estar, pero donde lo pusieron su Sucesor y Suárez en otro esfuerzo simbólico de entierro apresurado del pasado, en aras de la "reconciliación" -para echar mano a la bolsa ajena, como en la época de la Concordia francesa postTerror-), para dotarse, por un lado, de una la pseudolegitimidad que afirma, como hace el presidente actual, que así "se cierra el círculo de la [pseudo]democracia española", como si su partido no la hubiera controlado durante largos años, y, por otro, para movilizar a cierto electorado, provocando la furia de algunos nostálgicos.

domingo, 22 de septiembre de 2019

CAMPAÑA ELECTORAL PERPETUA




Foto: ABC



El ideal de convivencia que Kant quería en su obra La paz perpetua como permanente, sólo se ha materializado con este carácter en el terreno de la campaña electoral. Así, Marina Alías en Vozpópuli señala que España bate el récord europeo de mayores elecciones generales en menos tiempo y en un contexto pacífico, con una factura final para los ciudadanos de unos 538 millones de euros. ¿Cuál puede ser el motivo de tantas votaciones (que no elecciones pues no se elige a ningún representante, sino que se refrenda una lista de partido previa) en tan poco tiempo? Responder a esta pregunta exige tener en cuenta varios factores como la naturaleza de la partidocracia que sufrimos, y sus crisis y necesidades de reajuste duro.

La partidocracia o Estado de partidos es un régimen de poder que consagra a los partidos como únicos actores de la vida política, cuyo solo objetivo es el control del Estado y el reparto de sus parcelas de poder; por otra parte, si fue la separación de poderes el paso necesario para la democracia representativa, es la inseparación de éstos (sólo existe separación de funciones, como en el Franquismo) la que sostiene la falta de control del poder ejecutivo, y la inevitable existencia de la corrupción como factor de gobierno. El ciudadano, o mejor dicho, súbdito, en esta Monarquía de partidos, sólo puede aceptar lo que le dan ya hecho: unas listas electorales formadas por candidatos que deben obediencia al jefecillo de cada partido que les ha puesto allí, sin que quede, según la llamada Constitución del 78, otra forma de participar en la vida política. Vemos, pues, cómo queda invalidado y negado el principio de representación política que, junto a la susodicha separación de poderes, constituye el elemento definitorio de la democracia formal.

Dichos irrepresentantes de los súbditos, para justificar su acción antidemocrática han venido empleando la idea del consenso, en sustitución de la de la fuerza de la mayoría que está en la raíz de la idea de democracia, y desde la llamada Transición, o Transacción entre las fuerzas del régimen dictatorial saliente, y las aspirantes a integrarse, tras la travesía del desierto de la oposición más o menos tolerada, en el nuevo régimen oligárquico naciente, se polarizaron en dos partidos políticos, como dos cabezas nacidas de la Hidra troncal del antiguo partido único. Pero el paso del tiempo, la corrupción rampante, y las tensiones inherentes a las luchas por el poder, dieron espacio a nuevos partidos políticos estatales, que, aun aceptando las bases antidemocráticas del régimen, pretendían presentarse falsamente como una renovación del statu quo, como lo ocurrido con el 15-M. No obstante, el votante en la partidocracia está terminando por identificar a estos trampantojos reformistas como lo que son realmente, unos parvenus, unos fallidos "Jóvenes turcos", que sólo aspiran a compartir el pastel del poder con sus hermanos mayores.

En consecuencia, los viejos adalides del bipartidismo neofranquista están hurgando, votación tras votación, en el carácter forzosamente reaccionario y conservador del votante típico del régimen, acostumbrado ya a hacer suspensión del juicio moral ante la corrupción, y a pensar en el "mal menor", para que apueste por "el valor seguro". La única novedad que ha podido verse, a este respecto, son ciertas medidas cosméticas para facilitar que el votante lave su conciencia insensata, incitándole a que se dé de baja en tal registro para no recibir propaganda electoral en su casa, o contándole que se va a reducir las subvenciones a los partidos para hacer campaña, como si no tuvieran a la totalidad de los medios de comunicación al servicio de sus intereses de casta todo el año, las 24 horas del día. ¿Servirá esto, empero, para aumentar la abstención, única arma pacífica de lucha contra este régimen?, es la pregunta que merece a la postre hacerse.

martes, 10 de septiembre de 2019

LECCIONES DE EE.UU.





Este cuadro de 2008 de la pintora británica Dawn Mellor titulado "Hillary" parece premonitorio del destino de la candidata del partido demócrata, así como un reflejo de su espejo de Dorian Gray particular. Frente a otras obras de la artista donde retrata a celebridades, cuyos retratos deforma a posteriori con añadidos grafiteros, en este caso la deformidad del retrato es directa. Los ojos saltones de la político resaltan en su cara hinchada y terrosa de maquillaje, y su desconcierto ante el agua que le sube al cuello resulta acentuado por el gesto de su mano en la nuca.

El triunfo de la candidata del establishment político-económico y de la intelligentsia progresista se daba obligatoriamente por descontado desde la práctica unanimidad del conglomerado mediático frente al zafio aventurero y oportunista Trump. Su fracaso clamoroso fue, en cambio, el de lo políticamente correcto como vehículo intelectual de unas élites pseudoizquierdistas cristalizadas en una clase política que, aliada como la derecha con la oligarquía económico-financiera, se ha alejado de la sociedad civil que afirma representar, identificándose por compensación con la defensa de unos valores, los de la socialdemocracia relativista, que no han calado sin duda en el pueblo llano norteamericano. No ha habido, pues, un voto femenino, ni hispano, ni negro, ni musulmán, como complacería al comunitarismo preciado por esas élites que querrían así administar la disolución de un sentimiento nacional en este identitarismo de minorías que aseguraría su poder in aeternum. Y todo eso frente al proclamado machista, racista, e incluso fascista Trump.

Así, en España todos los medios se rasgaron las vestiduras con el monstruo Trump; sus tertulianos, los del credo ut intelligam, dudan del futuro de la democracia norteamericana, mientras rehúsan ver la falta de democracia que existe en nuestro país, una monarquía de partidos en la que no hay separación de poderes ni representación política, secuestrada al modo fascista por los partidos de una oligarquía que nada en la ciénaga de la corrupción incontrolable.

domingo, 30 de junio de 2019

ALIAS CARACALLA




Hace poco pude ver un telefilm llamado Alias Caracalla, basado en la obra homónima autobiográfica de Daniel Cordier (n. 1920). Joven militante de Action française con 17 años, es, al comienzo de la guerra, acérrimo partidario de Charles Maurras, filofascista, antisemita, anticomunista y ultranacionalista. A pesar de su militancia de extrema derecha, su profunda pasión por la verdad y un insobornable patriotismo le impiden caer en el colaboracionismo, al contrario que Maurras, rechazando el armisticio de Pétain, e intentando pasar a África del Norte. Su barco, no obstante, es obligado a desviarse a Inglaterra, donde se une a las fuerzas de la Francia Libre. En 1942 es lanzado en paracaídas sobre Francia, y llega a convertirse en secretario del mítico líder de la Resistencia interior, el republicano Jean Moulin, cuyo ejemplo le hará evolucionar hacia posturas de izquierda. Después de la guerra, se convierte en pintor y marchante de arte, y hacia los años 70 produce una magna obra histórica reivindicativa de Jean Moulin, frente a ciertos ataques y críticas de la época.

El telefilm recoge los hitos principales de esta etapa de la biografía de Cordier, presentándolo como un joven entusiasta e idealista, ingenuo en la exposición de su ideología radical (sorprende verlo sorprenderse sinceramente, tras su primer encuentro con Moulin, de que éste considerara que Dreyfuss era inocente, lo que no empece que el joven confiese la admiración inmediata que le ha suscitado el izquierdista), que le lleva a disputas con compañeros de armas como Stéphane Hessel, aunque siempre dispuesto a la reflexión y al análisis. Su homosexualidad es tratada de modo tangencial, sobre la que el nonagenario aunque activo Cordier tratará en un segundo volumen de sus memorias.

La tensión en la película no es creada por escenas de acción prototípicas, sino de modo sutil, como la manera rápida, nerviosa y firme del joven protagonista de atravesar las traboules del viejo Lyon y de visitar sus pequeños restaurantes tradicionales, constantemente pendiente de todo alrededor. Entonces pensé que Francia es eso: algo viejo y digno, y que esa es una de las razones por las que amo a ese país. Tan distinta su realidad a la de la España actual, que se niega a sí misma y se quiere de anteayer. Una de las culpas mayores de la casta política partitocrática es, como señala Antonio García-Trevijano, haber arruinado la conciencia nacional por sus intereses de clase, materializados en el Estado de las Autonomías que sirvió como imponente agencia de colocación de sus cachorros (sólo tendría sentido restituir aquellas autonomías que fueron eliminadas por la fuerza de las armas). Se dice que un crimen se borra con otro mayor, y vemos cómo la casta política nacionalista se lanza a la aventura independentista en la esperanza de tener un régimen propio en el que ocultar y eternizar su inmensa corrupción. 

Se repiten, ahora bien, los mantras del consenso y de la reconciliación, prueba de fuego de la corrupción que quieren sellar las oligarquías de distinto pelaje que la propugnan, y que ha hecho, por ejemplo, del franquismo una nebulosa indefinida de maldad, en la que no se quiere profundizar para no mostrar que el régimen actual no es más que una mera continuación de aquél, antidemocrático, sin separación de poderes, sino mera división de funciones del poder, y no representativo de los ciudadanos, secuestrados en su representación por unos partidos estatales que cumplen la misión, propia del fascismo, de integrar a las masas en el Estado, ahogando a la sociedad civil, de la que deberían haber surgido. Y todo eso sancionado por el indigno personaje que ha ostentado la corona, heredero de Franco y traidor a todos a sus juramentos, sólo preocupado por su fortuna y sus placeres, y del que el heredero se está mostrando únicamente como un pelele sin carácter ni dignidad.

jueves, 18 de abril de 2019

¡VOTAD, EGABRENSES!




Es conocida la anécdota ocurrida en las Cortes Franquistas durante una intervención de don José Solis Ruiz, a la sazón Ministro Secretario General del Movimiento, y natural de Cabra (Córdoba), en la que defendía el aumento de horas de deporte en los colegios en detrimento del latín, con frases, al parecer, como "porque en definitiva, ¿para que sirve hoy el latín?". A lo que saltó otro diputado, el cultivado don Adolfo Muñoz Alonso diciéndole: "Por de pronto, señor Ministro, para que a su Señoría le llamen egabrense y no otra cosa".

No sabemos si este menoscabo del estudio del latín, ya iniciado en la Ley General de Educación franquista de 1970, y sentenciado por la LOGSE de 1990 y sus variantes posteriores ha tenido algo que ver en las recientes afirmaciones de Pablo Iglesias en una entrevista en Youtube: "¡Votad, cabrones, votad lo que queráis, pero no os quedéis en casa!". Este insulto, que se quiere cariñoso a fuer de perentorio, ilustra la preocupación principal de cualesquiera partidos del régimen del 78, que es la abstención, agitando la amenaza de sus contrincantes políticos, como el que muestra la camiseta del equipo de fútbol propio frente a la del contrario, lo que no empece para que después del partido vayan a tomarse juntos la cerveza del consenso. 

Razones tiene Iglesias, según sus intereses, de estar cabreado, pues por cada escaño que obtienen los partidos que viven instalados en el Estado reciben de él en concepto de subvenciones 21.168 €, 0,81€ por cada voto al Congreso, y 0,32€ por cada voto al Senado, como informa Vozpopuli. Es algo sin duda peor lo que piensa Iglesias para sus adentros de los paganos de la "fiesta de la democracia", aquellos que votan y hacen que todos paguemos de nuestros impuestos a esta casta de vividores del Erario Público y del reparto del botín del Estado, convertidos los partidos, como señalaba Antonio García-Trevijano, en facciones de éste, e instrumentos de su consenso apolítico, pues al no haber representación de los ciudadanos y, por ende, de la hegemonía política en la sociedad civil, tampoco puede existir libertad política ("Si la hegemonía electoral no traduce en las urnas la hegemonía política existente en las relaciones económicas, sociales y culturales de la sociedad, será porque los electores no han tenido libertad de elegir a sus representantes políticos. Eso sucede con la elección proporcional, donde todos los candidatos son elegidos por media docena de dirigentes de partidos estatales. Sin libertad de elegir y con censura de candidatos, no se realiza la fórmula de Gramsci, "gobierno es hegemonía más dictadura". Sin hegemonía civil sólo puede haber dictadura." (Teoría Pura de la República, El buey mudo, 2010, p. 390).

Consigue, sin duda, Iglesias renovar el lema de su partido para la campaña electoral ("La historia la escribes tú"), un tanto pretencioso, y homologarlo con su exabrupto de aparente frescura cuartelera y huera a los de los otros partidos ("Haz que pase", PSOE, "Valor seguro", PP, "Vamos", Cs, "Por España, VOX), adaptados a la mecánica publicitaria de los medios de comunicación generalistas, con los que los partidos viven en simbiosis de intereses e interpretación de la realidad. Es así que los súbditos de esta monarquía de partidos vivimos sometidos a la agobiante presión mediática que hace de los partidos estatales los únicos protagonistas de la vida pública y política estas fechas, sin que quede aire que respirar de posibilidad de libertad o de cuestionamiento del régimen actual. En ese Matrix mediático no hay luces que iluminen la reflexión sobre una vía de escapatoria, que pasa necesariamente por considerar el votar no como un deber, sino como un derecho político.

Por otra parte, insultar a los votantes llamándoles "idiotas" o "corruptos" si se defiende la abstención electoral activa, parece un mal copia y pega del pensamiento del pensador político granadino y fundador del MCRC, propia de cierto autismo intelectual y de una soberbia que no condice con los propios méritos, pues García-Trevijano exigía siempre una corrección exquisita en la expresión de los principios. Ciertamente, ni pegatinas, ni camisetas ni memes pueden remplazar la voz y la palabra que pedía Blas de Otero, la voz educada y divulgada en el medio creado por García-Trevijano como vehículo verdadero de convencimiento. La voz que no tiene ahora el MCRC.


domingo, 24 de marzo de 2019

FIN DE RÉGIMEN



Jorge Galindo y Santiago Sierra, "Los encargados".



El Zeitgeist, el espíritu de los tiempos, parece confirmar de modo creciente la impresión de que nos hallamos en un período de fin de régimen; desafortunadamente, en la historia de España es patente que los regímenes se enquistan durante décadas, y a su final no suele ser extraña la violencia, o un gran perjuicio para el pueblo. Es, pues, en este punto interesante detenerse en la distinción que hacía el politólogo español García-Trevijano entre lo político y la política; lo político para él es lo público, lo del Estado, mientras que la política es lo perteneciente al gobierno. Así, el consenso, base intelectual del actual Estado de Partidos o Partitocracia, asegura el no traer a la política asuntos como la corrupción o la situación económica desesperada de la gente.

Y es que la corrupción política es causa mayor de la ruina de la población; de tal suerte que, cuando se propone desde instancias financieras internacionales y europeas reducir un 10% los salarios, se obvia siempre, aparte de rechazar esta barbaridad abusiva, que la crisis y su manifestación más sangrante, el paro, tendrían pronto alivio si se libraran a la economía productiva los 100.000 millones de euros que cuesta el Estado de las Autonomías (manteniendo las que sí lo han sido históricamente, y fueron eliminadas por la fuerza de las armas, Cataluña y País Vasco), creado por el Sucesor de Franco y sus nuevos partidos estatales para asegurar cargos y prebendas a su clientela, que no ha hecho más que crecer (resulta, en este aspecto, muy sintomático el que el gasto de las CC AA se disparara un 20% durante la crisis, en vez de reducirse en proporción, al menos, a los sacrificios fiscales y salariales que se les exige a los españoles); fue, por otra parte, un gran éxito de la casta política el derivar parte del disgusto larvado de la gente respecto al sistema hacia los funcionarios, de los que los políticos y sus sindicatos neoverticales desconfían por sus principios constitutivos de mérito y capacidad, totalmente ajenos a su esencia corrupta y clientelista.

Dicho afán de crear división y tensiones ha sido una constante del régimen actual, como modo de ocultar sus miserias; pero, mientras que en la sociedad civil sí existe derecha e izquierda, en los partidos políticos -que deberían constituir la sociedad política, entendida como intermediario entre la sociedad civil y el estado, pero que son estatales, pues viven de él y con él se identifican-, sólo hay socialdemocracia, que ha engañado durante muchos decenios a la gente con su siniestro señuelo del Estado del Bienestar; en cambio, cuando las cañas se tornan lanzas, por haber favorecido aquélla la conversión de la economía productiva en financiera, creando deuda para sostener el mastodonte presuntamente benéfico, no tiene empacho en cargar el peso del esfuerzo económico sobre los hombros de los ciudadanos (perdón, súbditos); cualquier cosa, pues, antes que la casta política recorte sus privilegios y gabelas así como los de los grupos financieros y empresariales oligopólicos de los que van de la mano. El Estado, en suma, está asumiendo su verdadero rostro de enemigo de gran parte de la nación, y es evidente que su reforma no va a surgir ni de la Monarquía, espejo de corrupciones, ni de los partidos estatales que viven de él, sino de un proceso de libertad constituyente que traiga un régimen auténticamente representativo y una democracia formal que, con sus reglas de juego de control mutuo entre poderes, ponga coto a tantos abusos.


domingo, 17 de junio de 2018

ELECCIONES FRANCESAS EN CÁDIZ


Una mañana esperando el autobús para ir al trabajo me sorprendí mucho al ver colgado de una farola un cartel de propaganda electoral donde un candidato se postulaba para elecciones ... en Marsella.






Para mi sorpresa no era el único, y ya empecé a flipar cuando vi que se habían cambiado los paneles indicativos de lugares cercanos. Supe luego que se trataba del atrezo para una película llamada The Rythm Section que se iba a rodar en Cádiz, y que exigía la transformación de parte del centro histórico en la ciudad de Marsella.













Lamenté entonces el hecho de que esto no fuera más que una ficción, y que los gaditanos no puedan disfrutar, como los ciudadanos de Marsella, de la posibilidad de elegir directamente a su representante en elecciones de distrito uninominal a doble vuelta, donde cada candidato acude (como puede verse en el cartel de la última fotografía) con un suplente, que le sustituye en caso de imposibilidad de mantenerse en el cargo por cualesquiera razones.

Aquí en Cádiz, en cambio, como en el resto de España, no podemos elegir directamente ni siquiera a nuestro alcalde, sino que los súbditos pueden solamente refrendar listas de partido de obediencia debida de parte de los candidatos al jefecillo de partido que les ofrece un sueldo a cargo del Estado, donde pastan los partidos de este régimen que han secuestrado la representación popular.

sábado, 7 de octubre de 2017

LA PARTIDOCRACIA ES RESPONSABLE DE LA CRISIS CATALANA





Richard Oelze



El actual proceso independentista en Cataluña es una consecuencia directa de la degradación progresiva del Estado de partidos o partidocracia española. Ello explica dos eventos conexos como la inacción criminal del actual gobierno, y las constantes peticiones de diálogo de diversas instancias como partidos del régimen cual Podemos o poderes fácticos como la Iglesia Católica.

La inexistencia de una verdadera democracia en España, caracterizada por la separación de poderes, es decir, la separación de nación y estado, según la cual aquélla legisla y éste ejecuta, queda demostrada en los partidos anclados en el estado, que viven por y para ellos, fomentando la estadolatría y el sentimiento de desnacionalización en la sociedad civil, a la que se priva, por el sistema electoral proporcional de listas abiertas o cerradas, de la representación política de diputados uninominales de distrito con mandato imperativo e independencia de los intereses bastardos de los partidos estatalistas. Así, pudo escucharse hace poco al presidente de la Generalidad catalana que Cataluña iba, por fin, a tener un estado. Enfrente, el gobierno del estado español no quiere aplicar ninguna medida coercitiva, ni judicial ni ejecutiva, aunque hace años que podía haberlo hecho si tuviera alguna conciencia nacional, y, en consecuencia, patriótica; estaría, en cambio, dispuesto a dar caudales ingentes del dinero que roba impunemente a los ciudadanos (los mismos que contemplan angustiados e impotentes la tormenta en el famoso cuadro de Richard Oelze) a los estatalistas catalanes, o a concederles todas las competencias propias de un estadito a su medida, siempre que se mantuviera la apariencia de una unidad nacional mínima de la antaño llamada España.

Por otra parte, las demandas de diálogo responden a la nostalgia del consenso, es decir, del acuerdo de las oligarquías político-económicas para repartirse poder, privilegios y prebendas a costa de los súbditos del régimen y de la nación que constituyen independientemente de su voluntad.

Sólo la voluntad de disenso puede, en fin, sostener la libertad de pensamiento que permita la defensa desprejuiciada de la existencia de la nación española, incompatible, como ya se ha visto, con la de la Monarquía de partidos, que la sangra y la niega, dispuesta incluso a trocearla para satisfacer la ambición de poder de su miserable clase política.


domingo, 16 de abril de 2017

MISTERIOS DE LA TRANSICIÓN: LOS EXTRATERRESTRES MONÁRQUICOS DE PONS PRADES





Escritor, historiador de los republicanos españoles en la Guerra civil y la Segunda Guerra Mundial, guionista de cine y periodista, Eduardo Pons Prades (1920-2007), nace en Barcelona de padres valencianos emigrados de filiación anarcosindicalista. Participó en la guerra civil, y luego en el maquis francés durante la guerra mundial. Regresó definitivamente a España gracias a la amnistia de 1962, donde cofundó la editorial Alfaguara y fue redactor del Diario de Barcelona.

En 1982 publica un libro titulado El mensaje de otros mundos, donde afirma haber sido contactado por unos extraterrestres en las montañas de la Cataluña norte el 31 de agosto de 1981, quienes le invitaron a subir a su nave, para darle un mensaje, consistente, por un lado, en la "revelación" de que una de las dos superpotencias de la época tenía "en proyecto la instalación de bases militares espaciales para amenazar y chantajear a todas las comunidades terrestres, en general, y a la otra superpotencia, en particular" (p. 38), y, por otro lado, en la advertencia de que estos extraterrestres congelarían a los habitantes de dicha superpotencia hasta que cejara en su empeño (parece que el farol reaganiano de la "guerra de las galaxias" no sólo engañó a la URSS, para incitarla a una inasumible escalada armamentística que contribuyó al final de la Guerra Fría, sino también a los extraterrestres de la "Armoniosa Confraternidad Universal").

El motivo de traer aquí a colación este libro justamente olvidado, fruto quizás de un narcisismo paranoico hambriento de reconocimiento (el autor se definía como "experto en perder batallas") es un pasaje de la conversación entre el autor y sus anfitriones extraterráqueos (pp. 94-95), en el que ellos hacen la alabanza de "la pareja real" española. El autor, sorprendido en su "republicanismo intransigente", se siente, empero, obligado a precisar que éste es producto de su "antimonarquismo consecuente", que no admite la imposición de dirigentes, "una vez por designios providenciales y otras por caprichos caudillales". Pons afirma así, implícitamente, la naturaleza del rey borbónico como heredero de Franco, pero realiza  inmediatamente una finta dialéctica, atacando al Conde de Barcelona como "peor enemigo" de la monarquía antes y después de su "restauración", al pretender éste una "restauración a largo plazo", "que no le hizo ningún favor al pueblo español, y un muy flaco servicio a la Monarquía instaurada en 1975".

Esta confusión entre "restauración" (la que hubiera protagonizado Juan de Borbón como legítimo representante de la línea dinástica) e "instauración" monárquica (la que encarnó Juan Carlos I como heredero electo del Dictador) es sintomática de la actitud de uno de tantos "intransigentes republicanos" en la Transición, que (en este caso gracias a la intervención de un deus ex machina intergaláctico) realizaron la pirueta ideológica y moral de aceptar el fraude dinástico establecido por Franco contra los derechos del legítimo heredero de la Corona, quien prohibió a su hijo aceptar ser el sucesor de un dictador.

Lamentablemente, los proyectos de Paz Universal revelados a Pons Prades cayeron en el olvido, al tiempo que ellos, los socialdemócratas del PSOE, llegaron al poder para descargar al pueblo del incordio de meterse en política (como en el Franquismo), e incitarlo a seguir el ritmo hedonista del ready made cultural y educativo, mientras ocultaban la deriva corrupta del Jefe del Estado.

sábado, 25 de marzo de 2017

EL EMBUDO PARTIDOCRÁTICO




Hiromu Kira, The thinker



Ya estableció Aristóteles que la oligarquía sustituye a la dictadura como forma de gobierno. Es de esta oligarquía entendida como grupo de intereses de donde nace la corrupción, que en España se ha convertido en factor necesario de gobierno. Desde la jefatura del Estado hasta las alcaldías, pasando por los variopintos parlamentos, y diputaciones, allí donde rigen los partidos del régimen se ha establecido un régimen clientelar que exige la sumisión al jefe del partido y su camarilla, a cambio de una porcioncita del pastel del Estado que se roba a los ciudadanos, perdón, súbditos, vía exacción fiscal, y de las mordidas que se puedan buenamente trasegar. Así, la misma Carta otorgada de 1978 que padecemos excluye que nadie pueda participar en la vida política si no pertenece a un partido del régimen, por lo que tal actividad se convierte en un embudo por el que solo pasan unos pocos, cuya mediocridad e inmoralidad será garantía de éxito en su carrera política.

Tal inmoralidad se contagia de arriba abajo a la sociedad civil, creando estamentos intermedios de grupos de privilegiados, menos prebendados cuanto más numerosos, que tienen la función de servir de defensa del statu quo, y de ejemplo de cara a la sociedad civil de cuál es el modo -inmoralmente- correcto de medrar en España.

Un ejemplo de esto puede ser la Universidad española, ninguna de las cuales figura en la clasificación de las 100 mejores del mundo; una situación sorprendente para la antaño octava potencia industrial del mundo. Menos sorprendente, sin embargo, si se piensa en su funcionamiento interno, que parece calcado en diversos aspectos del de los partidos del Estado. Así, el proceso de elección de los docentes es escandalosamente endogámico, con tribunales mayoritariamente formados por miembros de cada institución, por lo que el candidato "de la casa", en tanto que cuente con el favor de sus padrinos, obtendrá "su" plaza, independientemente de sus méritos. La mediocridad y el servilismo pueden ser, en ocasiones, factores determinantes tanto en un cursus académico como político. Si a esto se une la escasa docencia (danse incluso escándalos como los de los catedráticos que envían a sus becarios a dar clase por ellos, tragando éstos con tal abuso por su ambición de hacer carrera), los permisos ad libitum, las subvenciones sin auditoría, la indefensión total del alumno ante la posibilidad de calificaciones arbitrarias, y la no necesidad de justificar una labor investigadora para cobrar elevados sueldos, puede entenderse que, en ocasiones, la universidad sea el lugar donde el joven aprende -lejos ya del control férreo que se puede ejercer sobre el profesor de Enseñanza Media- la necesidad de la picaresca, de la sumisión ante la arbitrariedad, y de la mediocridad voluntaria si se quiere hacer una carrera, primero, en los "templos del saber", y, luego, si se tercia, en la política partidocrática.

viernes, 24 de febrero de 2017

PARALELISMOS HISTÓRICOS EN EL 23-F





Escuchaba a Antonio García-Trevijano en un programa dedicado al 23-F trazar unos curiosos paralelismos históricos entre ciertos episodios de la Revolución Francesa y el fallido golpe de estado de 1981. Recordaba el politólogo español que la fracasada huida del rey Luis XVI, detenido en Varennes en junio de 1791, que le suponía en virtud de un decreto de la Asamblea de marzo previo la pérdida de sus poderes reales, fue disimulada por los diputados de dicha Asamblea (que perderían consecuentemente sus diputaciones y estatus) en un secuestro, paradójicamente realizado por los mismos monárquicos acérrimos que formaban el numeroso séquito real en su fuga. Llegaron, así pues, las dos partes a un pacto secreto, por el que los diputados no revelarían al pueblo la felonía del rey, y éste aceptaría renunciar a su derecho de veto constitucional y a sancionar el fin de los privilegios feudales. Fue la posterior aprobación de la inviolabilidad de la persona real, la que provocó la división de los jacobinos, de los que una parte, en la que descollaba Condorcet, abogó claramente por la institución de la república, y fueron subsiguientemente represaliados. Éste fue, según el historiador François-Auguste Mignet, el comienzo de una segunda fase en la Revolución, que, a diferencia de la primera que había consistido en la revuelta de las clases medias contra la aristocracia, radicó en la insurrección del pueblo contra las clases dirigentes, encarnadas en los políticos profesionales de la Asamblea y el Rey. Posteriormente, al ser descubiertas las intrigas reales para acabar con la revolución favoreciendo la invasión de tropas absolutistas extranjeras, fueron esos mismos diputados que habían, primero, ocultado la huida del monarca, y, luego votado su inviolabilidad, como el propio Robespierre, los que se apresuraron a condenarle a muerte, pues se verían comprometidos en su caída, mientras que los que votaron en contra de dicha inviolabilidad, se limitaron a pedir su destierro.

Según García-Trevijano, quien dice basarse en el testimonio de Sabino Fernández Campo, Jefe entonces de la Casa Real, el golpe habría sido promovido por el propio rey, quien deseaba formar un gobierno de concentración nacional, dada la escalada terrorista y la incapacidad de Suárez para resolver la crisis, presidido por el general Armada, y en el que entrarían miembros de las fuerzas políticas, incluidas el PSOE, quien habría dado su aprobación al proyecto. Fue, en cambio, la precipitación del coronel Tejero, quien no habría aceptado la participación del PSOE en el gobierno, lo que hizo dar la vuelta a la tortilla, y que se acabara presentando al propio soberano como víctima de los acontecimientos, igual que en Varennes. Asimismo, la inviolabilidad real recogida en la constitución de 1978, incompatible según García-Trevijano con las reglas de una democracia, demuestra, en paralelo con la aprobada para Luis XVI, la corrupción e indignidad de una clase política, constituida en casta privilegiada bajo el manto protector del rey, -que se siente más legitimado, frente a su condición de sucesor consentido de Franco, instaurador de una nueva monarquía que se saltó el principio de sucesión dinástica encarnado por el padre de Juan Carlos-, al apoyarse en gobiernos de presunta izquierda, como el PSOE, quien será el primero en aceptar su abdicación, por ser de los más comprometidos con el régimen actual. La situación presente, en fin, se asemeja a la de la segunda fase revolucionaria señalada por Mignet, en la que el pueblo es cada vez más consciente de la corrupción de la actual monarquía de partidos.

Sea como fuere, produce estupor, antesala de la indignación, la constatación de la corrupción de la Casa Real, y el inmenso egoísmo del indigno personaje que ostenta la corona, dedicado a patrocinar el régimen antidemocrático y corrupto de la partitocracia, y sus tentáculos autonómicos, a cambio de que se le haya dejado hacer con sus negocios privados (el New York Times le atribuyó recientemente una fortuna personal de 2.300 millones de dólares, sin que nadie lo haya desmentido), sus amistades peligrosas, y sus amantes.

Por tanto, para mí que he creído mucho tiempo que la constitución era garante de nuestras libertades, que la monarquía era una garantía de estabilidad, y que había partidos mejores que otros, es evidente que seguir votando en este sistema actual es corromperse, y que es necesaria la apertura de un proceso constituyente, que desemboque en una república presidencialista, sustentada en la representación real de los ciudadanos, basada no en el sistema proporcional de listas abiertas o cerradas fijadas por los jefes de los partidos estatales, sino en la elección de diputado uninominal a doble vuelta en pequeño distrito, y en una auténtica separación de poderes, es decir, en una verdadera democracia.

sábado, 4 de febrero de 2017

SÓCRATES Y LAS LEYES





Jean-Louis Courtinat



En el Critón platónico Sócrates rechaza la petición de su discípulo homónimo de huir de su condena a muerte en Atenas. Invocando a las Leyes, convertidas en Ideas y personificadas, éstas señalan su inseparable unión a la polis, teniendo pues a Sócrates como "hijo y esclavo" de ellas (ékgonos kai dúlos). Huir, en consecuencia, de la ciudad sería un intento de destruir la propia patria.

Esta confusión máxima entre legalidad y justicia le sirve a Sócrates para justificar su servidumbre voluntaria ante las leyes, que en su boca le amenazan también con el castigo de sus Hermanas del Hades, si las incumple. Esta "dramática pugna" entre principios es magistralmente explicada por Antonio García-Trevijano:

El principio de legalidad tomó conciencia de su dramática pugna con el de justicia en el inverosímil relato de la muerte de aquel maestro del pensamiento griego que, pudiendo huir con dignidad de una sentencia injusta que lo condenaba a beber la cicuta, prefirió morir por amor a las leyes de su patria. El sabio murió pretextando razones de imbecilidad mortal. [...] Lo que Sócrates redime de pecado, con su suicida aceptación de la pena capital, es nada menos que la injusticia legal [...] Triunfó la barbarie de que la legalidad injusta era preferible a la justa adecuación moral de la pena al delito. El maestro dio su vida a la patria que la alimentó con sus leyes. Platón no hizo la apología de la estúpida muerte de un sabio, sino de la utilidad patriótica de la injusticia legal.

(cf. Id, Teoría Pura de la República, El Buey Mudo, Madrid, 2010, p. 430)

El Derecho no nace, así, de ninguna inspiración divina, sino como instrumento para resolver conflictos concretos; es más no hay noción de justicia, si no existen primero las leyes. Su sacralización está en la base del perverso concepto de "obediencia debida", encarnado en la figura del Eichmann condenado en La banalidad del mal de Arendt. Es lícito, pues, para el ciudadano rebelarse de manera pacífica contra las leyes y sentencias injustas, tanto más cuanto no procedan ni un poder legislativo ni de un poder judicial independientes, sino sometidos al poder ejecutivo totalizador neofascista de los partidos estatalistas como en la partidocracia española actual. 

sábado, 28 de enero de 2017

¿LA SEGUNDA REPÚBLICA ES UN MODELO POLÍTICO A SEGUIR?





Robert Capa



La Segunda República Española fue grosso modo una república parlamentaria, cuyo sistema electoral era uno proporcional de listas parcialmente abiertas (un sistema paradójicamente menos cerrado que el actual español, el de nuestro régimen partidocrático neofranquista). No existía, pues, una democracia formal caracterizada por la separación de poderes y la representación política basada en el sistema electoral mayoritario de distrito uninominal a doble vuelta (precisamente aquél al que puso fin la República de Weimar, abriendo la puerta a la utilización por parte del nazifascismo del sistema proporcional para sus propósito de utilizar las votaciones como medio de integración de las masas en el Estado).

No tenía, por lo tanto, que ver con una República Constitucional presidencialista, en la que el Jefe del Estado tendría poderes realmente ejecutivos, y existirían mecanismos para resolver los conflictos que se crearan con el poder legistativo de la Cámara de Diputados, elegidos ambos poderes en elecciones separadas. Por su parte, el llamado poder judicial -poder presque nul según Montesquieu-, mantendría su independencia al ser elegidos sus miembros por los concernidos en su desempeño (los funcionarios de justicia).

En la Segunda República española el Presidente era elegido por las Cámaras, y carecía realmente de independencia de los partidos, y de poderes ejecutivos propios. Tal debilidad del sistema se manifestó en la incapacidad del gobierno, sometido a los intereses de los partidos y otras organizaciones, para controlar a las fuerzas reaccionarias, a las revolucionarias y a las separatistas, desembocando en el desastre que todos conocemos.

Puede, decirse, en fin, que los actuales nostálgicos de dicha República con sus banderitas tricolores -a parte de ser, en el fondo, no más que unos monárquicos de facto por su acomodación a la actual Monarquía de partidos- ignoran que la historia no puede repetirse, ni siquiera bajo la forma de caricatura, y que la única manera de recuperar esta forma de gobierno es la instauración de una República Constitucional como la explicada arriba, tras un verdadero proceso constituyente, que no sea el producto de un tejemaneje secreto entre los jerarcas del franquismo y los nuevos mandarines de la falsa oposición, como la Carta Otorgada de 1978.