Mostrando entradas con la etiqueta ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO FORTE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO FORTE. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de enero de 2022

"ENTREVISTA INÉDITA DE JESÚS QUINTERO A ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO"


"Esta entrevista inédita fue realizada por el conocido periodista Jesús Quintero a Antonio García-Trevijano el 3 de marzo de 1995. Dicha entrevista fue grabada por el repúblico Vicente Dessy Melgar".

Escúchese aquí.


domingo, 6 de octubre de 2019

TUMBAS Y PACTOS





Sabido es que la expresión frecuentemente usada de "matar al padre" procede de las teorías psicológicas de Freud, quien la explica como el proceso en que el individuo se libera de la tutela paterna, desmarcándose de las creencias del padre y de su figura. Una aplicación simbólica de este concepto parece el desentierro del dictador Franco que el PSOE en el gobierno ha ordenado a través de una sentencia ad hoc del TS para que se produzca durante la campaña electoral, dejando el cadáver en una situación que podría llegar en el futuro a semejarse a la de Cromwell, cuyos restos fueron desenterrados y profanados después de muerto.

Y es que la inexistencia de una ruptura democrática con el régimen franquista, preconizada por su mayor opositor, Antonio García-Trevijano, y la consumación de una reforma superficial de dicho régimen, con la instauración de una Monarquía de partidos -pues a los españoles unas cortes legislativas que usurparon la función de unas constituyentes les impidieron elegir la forma del Estado-, sin separación de poderes, ni derecho de los súbditos a elegir libremente un representante político que no sea el que les viene ya impuesto por los jefes de los partidos estatales (características ambas de una verdadera democracia) ha llevado a la esperpéntica situación actual, en la que el inindependiente poder judicial, controlado por los partidos estatales, se presta a una pantomima que a nadie engaña.

El PSOE ha sido, sin duda, el partido estatal más beneficiado en el reparto de poder del régimen del 78, de suerte que el sucesor de Franco a título de rey se sentía especialmente cómodo con éste al frente del gobierno, mirando uno y otros al lado de su respectiva corrupción, elemento fundacional del régimen de poder de la partidocracia. Es, por tanto, la mala conciencia de su pecado original pactista con las fuerzas vivas del régimen franquista para organizar la reforma continuista de éste (del que subsisten en la actualidad el principio de separación de funciones, que no de poderes, y la falta de control sobre el poder ejecutivo por parte del legislativo y judicial, definitoria de la dictadura), lo que le lleva a ejecutar este acto simbólico de desenterrar al auténtico padre político de un sitio, (en el que parece, por otra parte, que nunca quiso estar, pero donde lo pusieron su Sucesor y Suárez en otro esfuerzo simbólico de entierro apresurado del pasado, en aras de la "reconciliación" -para echar mano a la bolsa ajena, como en la época de la Concordia francesa postTerror-), para dotarse, por un lado, de una la pseudolegitimidad que afirma, como hace el presidente actual, que así "se cierra el círculo de la [pseudo]democracia española", como si su partido no la hubiera controlado durante largos años, y, por otro, para movilizar a cierto electorado, provocando la furia de algunos nostálgicos.

domingo, 21 de julio de 2019

RELIGIÓN EN LA ESCUELA




Robert Doisneau




La aprobación de cada nueva ley educativa reaviva el debate sobre la presencia de la religión en la escuela pública. La Constitución del 78 definía al Estado como no confesional y permitía, en consonancia con esta índole no laica, la enseñanza doctrinal de la religión mayoritaria en la escuela pública como asignatura optativa equiparable a las demás. Mi postura actual sobre el tema es equidistante tanto de aquellos que aborrecen de la presencia de lo religioso en los centros públicos, llevados muchas veces de un fanatismo sectario que quiere eliminar de la escuela pública cualquier posible competencia a su militantismo ideológico, como de aquellos que osaría calificar de cristianos autoritarios, que ven en la enseñanza catequética de religión en los colegios una manifestación de una especie de derecho de pernada asegurado por la Carta Magna, tan defectuosa en éste como en muchos otros aspectos, al ser más bien una Carta Otorgada por la Oligarquía franquista en el poder, engordada con los elementos de oposición gracias al corruptor espíritu de consenso.

Elementos definitorios de cualquier cultura humana son su arte y su religión (siendo la civilización, como decía Kant, la cortesía de la cultura). Es, pues, imprescindible la enseñanza de lo religioso en las escuelas públicas, si no se quiere convertir a las nuevas generaciones en analfabetos culturales de esa dimensión tan imprescindible de lo humano; enseñanza que no puede ser remplazada por la buena voluntad hermenéutica de los profesores de filosofía e historia del arte, sino que necesita de un horario obligatorio y docentes académicos. Ahora bien, cabe preguntar si tal magisterio debe ser doctrinal o no. Quien considere como yo que la escuela pública debería ser un espacio de neutralidad ideológica, afirmará que la enseñanza de la religión ha de tener otro cariz. Me resultaría, por ejemplo, muy inquietante -ya que pienso como Santayana que hay religiones mejores que otras- codearme en mi instituto con un imán que enseñe a los alumnos los preceptos de una religión que no concibe la separación de Iglesia y Estado, y que basa su organización social en la discriminación de la mujer, y la persecución del infiel.

Así pues, estimo, como hacía D. Antonio García-Trevijano, que tal enseñanza de lo religioso debe concebirse como una historia de las religiones, elaborada con criterios científicos, que contemple tanto los diversos aspectos de las religiones que en el mundo han sido y son (historia, textos sagrados, dogmática, etc.) como los fenómenos filosóficos anexos a la religión (agnosticismo, teísmo, ateísmo...). Nada de tal ha existido en España donde los partidos de Estado han optado por mantener el statu quo consagrado en los concordatos con la Santa Sede, en parte por su propia naturaleza oligárquica, que les lleva al rechazo a someterse a leyes que ellos mismos tendrían que promulgar. Con todo, algunos no se han abstenido, en cambio, de practicar la demagogia socialdemócrata, ideologizando a sensu contrario por compensación la enseñanza pública, primero, mediante los famosos contenidos transversales incorporados a la LOGSE, y luego mediante la imposición de asignaturas cargadas de ideología socialdemócrata de apariencia progresista como "Educación para la Ciudadanía", y la incrustación manu militari en la legislación, terminología y organización educativa de la llamada "perspectiva de género", constructo ideológico que, en sus variantes extremas, niega los condicionantes biológicos en la configuración de los sexos humanos, y que abre la puerta, así, a cualquier designio de ingeniería social protototalitaria. Sería, por cierto, una muestra del fracaso de esta formación de consignas -al par que ejemplo de eugenesia escolar- el que haya alumnos, dispuestos al tiempo a cualquier reivindicación progresista, que hagan burla y saquen de sus casillas a compañeros con alguna particularidad psíquica como compensación por tolerarlos en su grupo (la tolerancia en su sentido más propio como virtud de las oligarquías, frente al respeto, virtud de las democracias). Es de justicia perseguir estos actos odiosos.

domingo, 30 de junio de 2019

ALIAS CARACALLA




Hace poco pude ver un telefilm llamado Alias Caracalla, basado en la obra homónima autobiográfica de Daniel Cordier (n. 1920). Joven militante de Action française con 17 años, es, al comienzo de la guerra, acérrimo partidario de Charles Maurras, filofascista, antisemita, anticomunista y ultranacionalista. A pesar de su militancia de extrema derecha, su profunda pasión por la verdad y un insobornable patriotismo le impiden caer en el colaboracionismo, al contrario que Maurras, rechazando el armisticio de Pétain, e intentando pasar a África del Norte. Su barco, no obstante, es obligado a desviarse a Inglaterra, donde se une a las fuerzas de la Francia Libre. En 1942 es lanzado en paracaídas sobre Francia, y llega a convertirse en secretario del mítico líder de la Resistencia interior, el republicano Jean Moulin, cuyo ejemplo le hará evolucionar hacia posturas de izquierda. Después de la guerra, se convierte en pintor y marchante de arte, y hacia los años 70 produce una magna obra histórica reivindicativa de Jean Moulin, frente a ciertos ataques y críticas de la época.

El telefilm recoge los hitos principales de esta etapa de la biografía de Cordier, presentándolo como un joven entusiasta e idealista, ingenuo en la exposición de su ideología radical (sorprende verlo sorprenderse sinceramente, tras su primer encuentro con Moulin, de que éste considerara que Dreyfuss era inocente, lo que no empece que el joven confiese la admiración inmediata que le ha suscitado el izquierdista), que le lleva a disputas con compañeros de armas como Stéphane Hessel, aunque siempre dispuesto a la reflexión y al análisis. Su homosexualidad es tratada de modo tangencial, sobre la que el nonagenario aunque activo Cordier tratará en un segundo volumen de sus memorias.

La tensión en la película no es creada por escenas de acción prototípicas, sino de modo sutil, como la manera rápida, nerviosa y firme del joven protagonista de atravesar las traboules del viejo Lyon y de visitar sus pequeños restaurantes tradicionales, constantemente pendiente de todo alrededor. Entonces pensé que Francia es eso: algo viejo y digno, y que esa es una de las razones por las que amo a ese país. Tan distinta su realidad a la de la España actual, que se niega a sí misma y se quiere de anteayer. Una de las culpas mayores de la casta política partitocrática es, como señala Antonio García-Trevijano, haber arruinado la conciencia nacional por sus intereses de clase, materializados en el Estado de las Autonomías que sirvió como imponente agencia de colocación de sus cachorros (sólo tendría sentido restituir aquellas autonomías que fueron eliminadas por la fuerza de las armas). Se dice que un crimen se borra con otro mayor, y vemos cómo la casta política nacionalista se lanza a la aventura independentista en la esperanza de tener un régimen propio en el que ocultar y eternizar su inmensa corrupción. 

Se repiten, ahora bien, los mantras del consenso y de la reconciliación, prueba de fuego de la corrupción que quieren sellar las oligarquías de distinto pelaje que la propugnan, y que ha hecho, por ejemplo, del franquismo una nebulosa indefinida de maldad, en la que no se quiere profundizar para no mostrar que el régimen actual no es más que una mera continuación de aquél, antidemocrático, sin separación de poderes, sino mera división de funciones del poder, y no representativo de los ciudadanos, secuestrados en su representación por unos partidos estatales que cumplen la misión, propia del fascismo, de integrar a las masas en el Estado, ahogando a la sociedad civil, de la que deberían haber surgido. Y todo eso sancionado por el indigno personaje que ha ostentado la corona, heredero de Franco y traidor a todos a sus juramentos, sólo preocupado por su fortuna y sus placeres, y del que el heredero se está mostrando únicamente como un pelele sin carácter ni dignidad.

domingo, 24 de marzo de 2019

FIN DE RÉGIMEN



Jorge Galindo y Santiago Sierra, "Los encargados".



El Zeitgeist, el espíritu de los tiempos, parece confirmar de modo creciente la impresión de que nos hallamos en un período de fin de régimen; desafortunadamente, en la historia de España es patente que los regímenes se enquistan durante décadas, y a su final no suele ser extraña la violencia, o un gran perjuicio para el pueblo. Es, pues, en este punto interesante detenerse en la distinción que hacía el politólogo español García-Trevijano entre lo político y la política; lo político para él es lo público, lo del Estado, mientras que la política es lo perteneciente al gobierno. Así, el consenso, base intelectual del actual Estado de Partidos o Partitocracia, asegura el no traer a la política asuntos como la corrupción o la situación económica desesperada de la gente.

Y es que la corrupción política es causa mayor de la ruina de la población; de tal suerte que, cuando se propone desde instancias financieras internacionales y europeas reducir un 10% los salarios, se obvia siempre, aparte de rechazar esta barbaridad abusiva, que la crisis y su manifestación más sangrante, el paro, tendrían pronto alivio si se libraran a la economía productiva los 100.000 millones de euros que cuesta el Estado de las Autonomías (manteniendo las que sí lo han sido históricamente, y fueron eliminadas por la fuerza de las armas, Cataluña y País Vasco), creado por el Sucesor de Franco y sus nuevos partidos estatales para asegurar cargos y prebendas a su clientela, que no ha hecho más que crecer (resulta, en este aspecto, muy sintomático el que el gasto de las CC AA se disparara un 20% durante la crisis, en vez de reducirse en proporción, al menos, a los sacrificios fiscales y salariales que se les exige a los españoles); fue, por otra parte, un gran éxito de la casta política el derivar parte del disgusto larvado de la gente respecto al sistema hacia los funcionarios, de los que los políticos y sus sindicatos neoverticales desconfían por sus principios constitutivos de mérito y capacidad, totalmente ajenos a su esencia corrupta y clientelista.

Dicho afán de crear división y tensiones ha sido una constante del régimen actual, como modo de ocultar sus miserias; pero, mientras que en la sociedad civil sí existe derecha e izquierda, en los partidos políticos -que deberían constituir la sociedad política, entendida como intermediario entre la sociedad civil y el estado, pero que son estatales, pues viven de él y con él se identifican-, sólo hay socialdemocracia, que ha engañado durante muchos decenios a la gente con su siniestro señuelo del Estado del Bienestar; en cambio, cuando las cañas se tornan lanzas, por haber favorecido aquélla la conversión de la economía productiva en financiera, creando deuda para sostener el mastodonte presuntamente benéfico, no tiene empacho en cargar el peso del esfuerzo económico sobre los hombros de los ciudadanos (perdón, súbditos); cualquier cosa, pues, antes que la casta política recorte sus privilegios y gabelas así como los de los grupos financieros y empresariales oligopólicos de los que van de la mano. El Estado, en suma, está asumiendo su verdadero rostro de enemigo de gran parte de la nación, y es evidente que su reforma no va a surgir ni de la Monarquía, espejo de corrupciones, ni de los partidos estatales que viven de él, sino de un proceso de libertad constituyente que traiga un régimen auténticamente representativo y una democracia formal que, con sus reglas de juego de control mutuo entre poderes, ponga coto a tantos abusos.


martes, 27 de noviembre de 2018

domingo, 5 de agosto de 2018

REVISTA DE PRENSA





En el diario ABC se indica que la Comisión Europea considera al sistema autonómico como el principal problema de España: la maraña legislativa interautonómica, propia de regímenes feudales y de nostálgicos de los derechos de portazgo, y la limpieza lingüística ejercida sobre el idioma español en ciertas autonomías dificultad el desarrollo y la movilidad de empresas y trabajadores. Todo responde a la dinámica de la oligarquía de partidos estatales de jibarizar a la sociedad civil haciéndola cada vez más dependiente del poder del Estado que ellos monopolizan.

En Francia el diario Marianne se hace eco del hashtag divulgado en Marruecos "sé un hombre, y cubre a tu mujer", que resulta una prueba añadida de que los islamistas quieren convertir el velo en la mortaja de los derechos civiles de las mujeres, algo imposible de aceptar en una República Constitucional; una legislación igualitarista en cuestión de derechos y laica impediría las ensoñaciones racistas de la petición de homogeneidad del sujeto constituyente. En este sentido, la negación de entidad sustantiva y cerrada que hace Gustavo Bueno de las llamadas esferas culturales, a las que atribuye una unidad fenoménica, contribuye a disipar esta ilusión totalitaria:

No cabe hablar, según lo que hemos dicho, por tanto, de conflictos de culturas, o de conflictos de civilizaciones; tampoco cabrá hablar de integración o de expansión de culturas. Todas estas expresiones habrían de ser reexpuestas en términos de conflictos de elementos culturales, o de integración, o de difusión de elementos o rasgos culturales. Por ello, quien considere a un elemento cultural (pongamos por caso, el sistema democrático) como universal, no podrá sin más ser acusado de etnocentrismo. Menos aún podrá ser acusado de etnocentrismo (o de monismo cultural) quien reconozca y defienda la universalidad del teorema de Pitágoras, como elemento desprendido, no ya de la cultura griega, sino de toda cultura, como estructura válida para todas las culturas, por encima de cualquier relativismo.


En Corriere della Sera Mario Garofalo analiza la propuesta de democracia directa del partido Cinque stelle a través de la plataforma digital Rousseau. El autor recuerda la afirmación de Norberto Bobbio de la imposibilidad de trasladar el sistema de democracia asamblearia directa de la Atenas periclea, integrada por unos seis mil individuos a las grandes naciones-estado actuales. El mismo Rousseau -afirma- negaba la posibilidad de la existencia de una democracia directa, al tiempo que negaba la democracia representativa, que debía residir, como recordaba Antonio García-Trevijano, en el proceso de deliberación. Por otra parte, esta increencia en el principio de representación afecta al propio autor del interesante artículo, quien, no consciente de su imposibilidad en el sistema electoral proporcional de listas cerradas o abiertas, considera que la demanda del partido Cinque Stelle del establecimiento del mandato imperativo, que llevaría a que los diputados que no cumplan el programa por el que fueron elegidos fueran revocados, como pedía también García-Trevijano, "es un peligro para la democracia por un simple motivo: vuelve a los parlamentarios controlables, no libres de actuar según el interés general". Es, ciertamente, la sombra del abate Sièyes la que sigue planeando sobre la intelectualidad europea, prorrogando en el tiempo la traición de la clase política al electorado como afirmaba el propio García-Trevijano:


Si una causa particular tuviera que explicar la traición general de la clase política al electorado, no podría ser otra que la prohibición del mandato imperativo. La Constitución es tan irresponsable que, desconociendo los fundamentos históricos de esa prohibición, la tomó de viejos textos constitucionales, sin darse cuenta de que la nueva representación proporcional se basa en el mandato imperativo de los jefes de partido. A quienes nada les importa que sean nulas todas las leyes emanadas del Congreso, por vulnerar esta prohibición constitucional.
La prohibición del mandato imperativo tuvo, en su origen, sentido revolucionario. Y hoy lo tiene completamente reaccionario. A finales de julio de 1789, Sieyès proclamó que la cuestión del mandato imperativo había quedado resuelta en la Asamblea Nacional de 17 de junio, porque la Nación no recibe órdenes de nadie. A esta razón teórica se unió la razón práctica de que el mandato imperativo que recibían sus representantes en los “cahiers de doléances” (Reforma), no contemplaba la Declaración de Derechos ni la separación del ejecutivo y el legislativo (Revolución). El sentido jurídico del viejo mandato representativo fue transformado en libre representación política, sin mandato ni delegación, es decir, en “soberanía representativa”, por utilizar la misma expresión que Sieyès.
En la cátedra española se enseña la falsedad de que la prohibición del mandato imperativo obedece a la necesidad de respetar la independencia de los legisladores, cuando jamás ha tenido esa motivación. En su origen, la prohibición fue concebida como una improvisación, para permitir la Revolución de la libertad y la separación de poderes, no previstos en los mandatos del electorado. Ahora se proclama la prohibición para impedir el mandato revolucionario de los electores; y se deroga en la práctica para mantener la dependencia del poder legislativo respecto del gobierno.


Imagen: Albert Engstrom

sábado, 26 de mayo de 2018

REVISTA DE ACTUALIDAD (26 de mayo de 2018)




La actualidad de esta última semana ha sido muy movida. Se caldeaba con el asunto del chalet de lujo adqurido por Pablo Iglesias e Irene Montero (profesión sus políticas), hipotecado en condiciones harto ventajosas por una caja de ahorros cercana al independentismo catalán a treinta años vista (está claro que es su conciencia de casta política lo que les lleva a tener este estatus como horizonte vital y económico, en lo que nada se diferencian de los otros políticos del Estado de Partidos). Esencialmente, se le ha reprochado al líder podemita que criticara como incompatible con la dedicación a la política la adquisición de una vivienda de precio similar que había hecho otro esmerado partitócrata, Luis de Guindos, y que él se jactara de su vivienda de 60 m2.

Afortunadamente, contamos con un nuevo sucesor de Iglesias en la explotación de la demagogia de la igualdad, como decía Antonio García-Trevijano, y se trata del inefable "Kichi", alcalde de Cádiz, que se ha convertido en el portavoz de los críticos a la ostentación de estatus por parte del Líder Máximo, con sus 40m2 de vivienda, 20 menos que Iglesias, en un barrio popular de Cádiz. El guardián de las esencias, Monedero, le reprochó a Kichi su actitud, diciendo que los anticapitalistas como él eran un revoltosos, unos chicos malos, vamos, unos malotes. Categorías y léxico no le faltan sin duda al presunto ideólogo de la cosa.

Este asunto quedó casi inmediatamente ahogado por la dura sentencia del caso Gürtel, que condena al PP por "tejer un sistema de corrupción institucional". Algunos se han llevado una sorpresa que ni cuando les dijeron que los Reyes Magos son los padres. Pero no puede ser de otra manera -y esta vez sí es válida la expresión-, pues la corrupción es un factor de gobierno en un Estado partitocrático como el nuestro, donde no hay separación de poderes, ni subsiguiente control entre éstos, y la representación está secuestrada por los partidos a mayor gloria de sus propios intereses, que no coinciden con los de la sociedad civil que están sangrando. Parece, a resultas de esta sentencia, que Baltasar Garzón se estaría planteando recurrir su inhabilitación, y me acordé de él esta mañana oyendo el programa Répliques del filósofo Alain Finkielkraut en el que, con motivo del affaire Gaddhafi-Sarkozy, se ha afirmado que el no respeto a la inviolabilidad de las comunicaciones entre acusado y abogado pone en peligro la democracia.

Prácticamente un día después de la sentencia, un líder de la "regeneración democrática" llamado Pedro Sánchez, secretario general del PSOE (¿será el mismo partido al que se refiere la juez Ayala cuando dice que éste, presuntamente junto al archicorrupto PP se habrían puesto de acuerdo para apartarla del caso de los EREs? Cosas veredes, amigo Sancho, digo, Sánchez) presenta una moción de censura para estar él un tiempo de Presidente con el apoyo de los separatistas estatalistas protofascitas y luego ya verá cuándo convoca elecciones. El País y El Mundo se repiten en sendos editoriales reclamando "elecciones anticipadas" para la estabilidad. Pero, ¿qué estabilidad que no sea una nueva mano de cartas a través de las votaciones partidocráticas donde no se vota a nadie para que todo siga igual, es decir, la negación de la libertad política colectiva de los españoles para elegir representantes que defiendan sus intereses? Resulta conmovedor en este sentido escuchar a los tertulianos de una radio preocuparse porque esta moción de censura perjudique a Cs (¡fíjate! y nadie piensa en los súbditos de esta Monarquía de partidos; medios y partidos defienden intereses confluyentes, aunque algunos ilusos como Pedro J. Ramírez y Jiménez Losantos, cortesanos e intrigantes, creyeron poder influir en las decisiones de los partidos, hasta que fueron barridos de sus poltronas).


En el terreno económico, Juan Laborda en Vozpópuli señala el papel nefasto de los Bancos Centrales como sostenedores de la clase reinante de los bancos, a costa de los intereses de los ciudadanos, a cuyas espaldas se han cargado los sucesivos rescates bancarios, sin que los efectos de la transitoria recuperación económica lleguen a sus bolsillos. También en ese periódico Luis Riestra incide en las actitudes sociópatas del "deep state" y la petulante casta global socialdemócrata surgida en EE.UU. tras la II G.M., y cómo en España la correspondiente local sigue con su labor de zapa del sujeto constituyente, cuya primera arma para alcanzar la libertad política colectiva debe ser la abstención.