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domingo, 5 de noviembre de 2017

EN MANOS DE LA PARTIDOCRACIA




J.R. Eyerman



Gracias a los medios de comunicación hemos asistido a la transformación del proceso independentista catalán en una campaña electoral, siguiendo las consignas de la oligarquía de partidos del Estado. Así, la última gran manifestación en Barcelona del pasado domingo contó con un masivo seguimiento de las televisiones, frente a lo ocurrido con las anteriores en Barcelona y toda España, que nos regalaban con primeros planos de los políticos que encabezaban la primera fila, y que pedían "volver a votar", como modo de acabar con la "falta de cordura" de los independentistas.

De tal suerte, la abusiva aplicación de un artículo 155 de la Carta Otorgada de 1978 (ya que dicho artículo no autoriza al Gobierno a hacer nada de lo que ha hecho) tiene como solo objetivo la convocatoria de elecciones para el próximo 21 de diciembre, justo la fecha que quería el ex presidente de la Generalidad para las suyas a cortes constituyentes, y, antes, en todo caso, de enero de 2018, cuando terminará el secreto bancario en Andorra, que, probablemente, perjudicaría electoralmente a los nacionalistas catalanes.

Pues de eso se trata, el gobierno partidocrático del Estado sólo está interesado en mantener el statu quo previo a la declaración de independencia del parlamento catalán, y por ello, ve "con agrado" que el ex presidente golpista y huido de la justicia se presente a las elecciones, o, mejor dicho, votaciones, pues no saldrá elegido ningún auténtico representante de la nación, sino aquellos comisionados de los jefecillos de los partidos que negocien un nuevo "consenso" que realice concesiones al nacionalismo catalán que serán perjudiciales para el conjunto de la nación.

Vemos, por tanto, el desarrollo de dos procesos paralelos, el judicial y el político; el judicial conforme a los delitos recogidos en el código penal que el gobierno debía haber instigado hace varios años si tuviera algún respeto por la ley -que considera maleable a su servicio- y la nación -a la que no representa, y a la que usa para refrendar sus listas de paniaguados y esquilmar con impuestos para mantener la inmensa red clientelar del Estado de las autonomías; y el político, que, con el concurso necesario de la práctica totalidad de los medios de comunicación de masas, convierte esta gravísima crisis nacional en otro mero juego electoral partidocrático. De un plumazo, han desaparecido todos los indicios de la guerrilla urbana que se iba a desarrollar en Cataluña si se actuaba contra los sediciosos, tal como daba a pensar las energías desplegadas en el referéndum del 1-O, ese parto de los montes. El independentismo catalán ha mostrado su verdadero rostro cobarde y miserable, y sus sosias del Estado central acuden en su ayuda, para darles con las urnas lo que no han podido obtener con las urnas.

sábado, 7 de octubre de 2017

LA PARTIDOCRACIA ES RESPONSABLE DE LA CRISIS CATALANA





Richard Oelze



El actual proceso independentista en Cataluña es una consecuencia directa de la degradación progresiva del Estado de partidos o partidocracia española. Ello explica dos eventos conexos como la inacción criminal del actual gobierno, y las constantes peticiones de diálogo de diversas instancias como partidos del régimen cual Podemos o poderes fácticos como la Iglesia Católica.

La inexistencia de una verdadera democracia en España, caracterizada por la separación de poderes, es decir, la separación de nación y estado, según la cual aquélla legisla y éste ejecuta, queda demostrada en los partidos anclados en el estado, que viven por y para ellos, fomentando la estadolatría y el sentimiento de desnacionalización en la sociedad civil, a la que se priva, por el sistema electoral proporcional de listas abiertas o cerradas, de la representación política de diputados uninominales de distrito con mandato imperativo e independencia de los intereses bastardos de los partidos estatalistas. Así, pudo escucharse hace poco al presidente de la Generalidad catalana que Cataluña iba, por fin, a tener un estado. Enfrente, el gobierno del estado español no quiere aplicar ninguna medida coercitiva, ni judicial ni ejecutiva, aunque hace años que podía haberlo hecho si tuviera alguna conciencia nacional, y, en consecuencia, patriótica; estaría, en cambio, dispuesto a dar caudales ingentes del dinero que roba impunemente a los ciudadanos (los mismos que contemplan angustiados e impotentes la tormenta en el famoso cuadro de Richard Oelze) a los estatalistas catalanes, o a concederles todas las competencias propias de un estadito a su medida, siempre que se mantuviera la apariencia de una unidad nacional mínima de la antaño llamada España.

Por otra parte, las demandas de diálogo responden a la nostalgia del consenso, es decir, del acuerdo de las oligarquías político-económicas para repartirse poder, privilegios y prebendas a costa de los súbditos del régimen y de la nación que constituyen independientemente de su voluntad.

Sólo la voluntad de disenso puede, en fin, sostener la libertad de pensamiento que permita la defensa desprejuiciada de la existencia de la nación española, incompatible, como ya se ha visto, con la de la Monarquía de partidos, que la sangra y la niega, dispuesta incluso a trocearla para satisfacer la ambición de poder de su miserable clase política.


sábado, 23 de septiembre de 2017

GUARDIÁN DE UNA TUMBA VACÍA





Costus, "Caudillo"


Mediados los años 80 del siglo XX, los pintores Costus, Juan Carrero y Enrique Naya, realizaron su serie "El Valle de los Caídos" consistente en 19 tablas al acrílico, en las que, con un calculado animus provocandi, inmortalizaron a compañeros de la llamada "Movida Madrileña", movimiento cultural pop que fue posteriormente manipulado y subido a los altares por el poder socialista como símbolo de la renuncia a la inquietud política en el sector artístico de la sociedad civil, frente al manto de silencio que cayó sobre artistas comprometidos como Chicho Sánchez Ferlosio.

Recientemente, el presidente de la Generalidad de Cataluña, al saber que el operativo para detener el referéndum independentista del 1 de octubre, se llama "Operación Anubis" (del nombre del dios egipcio funerario, señor de las necrópolis y protector de los embalsamadores) ha acusado al presidente del gobierno español de ser el guardián de la tumba de Franco en el Valle de los Caídos.

Inútil trabajo, diremos, el de guardar una sepultura que no contiene un cadáver inanimado, ya que Franco continúa condicionando la vida política española 42 años después de su fallecimiento. Así, el descendiente de aquella alta burguesía catalana que aplaudió entusiásticamente a Franco a su entrada en Barcelona al final de la Guerra Civil, por salvarles la fabriqueta y la vida en manos de aquella extrema izquierda, con cuyos descendientes ideológicos se alía ahora en su proyecto independentista, reprocha al descendiente de los próceres franquistas como Manuel Fraga ser todos ellos lo que han sido.

La inexistencia de una ruptura democrática con el régimen franquista, preconizada por su mayor opositor, D. Antonio García-Trevijano (víctima posterior de la inquina del susodicho Fraga y del Isidoro parafranquista, Felipe González) y la consumación de una reforma superficial de dicho régimen, con la instauración de una Monarquía de partidos, sin separación de poderes ni derecho de los ciudadanos a elegir libremente un representante político que no sea el que les viene ya impuesto por los jefes de los partidos estatales (características de una verdadera democracia) ha llevado a la esperpéntica situación actual.

Esta postergada necesidad freudiana de la muerte del padre lleva a los partidos del Estado a desarrollar actitudes neuróticas; los unos, queriendo ocultar su anterior y beneficiosa connivencia en términos económicos con el dictador potenciando su etnicismo protototalitario, y los otros, no deseando aplicar la ley y defender la nación por mala conciencia de su origen franquista. Pues la clave de la tragedia de la presente coyuntura histórica radica en que el actual Estado de partidos, al no proceder éstos de la sociedad política que actuara de intermediaria entre la sociedad civil y el Estado (como ocurriría en una verdadera democracia) ha consentido, con el felón sucesor de Franco a la cabeza, en el proceso de desnacionalización de España fomentado por los llamados partidos nacionalistas periféricos, que no son tales, sino estatalistas, pues sus ambiciones no son nacionales, sino de edificación de un Estado propio, a la medida de su amasada corrupción, en el que puedan ejercer un poder aún más omnímodo y sin control.





 

sábado, 27 de mayo de 2017

MATRIX ESPAÑA





En la película Matrix (2000) Morfeo señalaba a su pupilo Neo que resultaba imposible rescatar a las personas del mundo virtual en que vivían a partir de cierta edad, al estar tan acomodados a ella que la conciencia de su servidumbre voluntaria les resultaba insoportable.

En la España actual resulta también insoportable la idea de que no hay democracia. Nos hemos acostumbrados a vivir en un simulacro donde se nos hace creer que por votar cada cuatro años participamos en una "fiesta" donde ejercemos un deber cívico, y tomamos parte determinante en la vida política del país, eligiendo, por ende, a los representantes de la soberanía nacional. Así se nos martillea constantemente desde los medios de comunicación y sus tertulias, donde no se cuestiona nunca las reglas de juego de quienes los sustentan, la clase política, garante de nuestras libertades desde la promulgación de la Constitución del 78, "que nos costó tanto conseguir", como se oye a menudo.

Pero no hay nada más lejos de la realidad: en España no hay democracia, porque, por una parte, la presunta Constitución de la que disfrutamos no nació de unas Cortes Constituyentes, sino de las reuniones secretas de un grupo de notables del Franquismo y de la ex oposición oportunista ansiosa de participar en el pastel del poder, y, por otra parte, porque dicha Constitución, para que pudiera considerarse como tal según estableció Montesquieu, debería reconocer la separación de poderes y el principio de representación política, como garantía juridica de la libertad política colectiva. Pero no hay separación de poderes, sino separación de funciones, como en el Franquismo, lo que está en el germen de la corrupción generalizada como motor del régimen partidocrático que sufrimos, y el sistema electoral proporcional, consagrado en la Constitución -cosa inaudita en nuestros entornos constitucionales-, sólo sirve para refrendar las listas electorales creadas por los jefecillos de los partidos, cuyos diputados no representan, pues, a sus electores, sino al jefe que los ha puesto allí, a quien deben una obediencia, ante la que los militares argentinos de la época de Videla quedarían como unos James Dean desbocados.


"Recuerda que sólo puedo ofrecerte la verdad", le advirtió Morfeo a Neo antes de que tomara la pastilla de su liberación, poniéndole delante de las dolorosas consecuencias de su valerosa elección. En España no hay democracia, esta triste certeza, que hace vacilar el suelo bajo nuestros pies, no nos deja más remedio que pasar a la acción, pues, como Neo, ya no tenemos vuelta atrás.