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miércoles, 19 de julio de 2017

BURBUJAS PARISINAS





En algunos pasajes de su obra autobiográfica L'homme foudroyé, Blaise Cendrars describe la especulación urbanística sufrida por las afueras parisinas tras la Primera Guerra Mundial; cómo se animó a la empobrecida clase media de la ciudad a solicitar créditos para instalarse en aisladas urbanizaciones, ocupadas sin contar siquiera con electricidad, y rodeadas de las chabolas de los inmigrantes del este de Europa, y del norte de África rechazados para embarcar rumbo a los Estados Unidos. Éstos (les sidis) formaron una mafia que sembró el terror en estas urbanizaciones de materiales de derribo. Cendrars describe una gran urbanización de estilo vanguardista, cuyo arquitecto fue premiado, construida para los ferroviarios y sus familias, levantada sin cimientos adecuados sobre una zona pantanosa, y que acabó en estado ruinoso a los pocos años. Fueron unos pocos tiburones financieros y especulativos los beneficiarios de estos desaguisados, que hemos visto poco menos de un siglo después en España.

Ciertamente, la economía financiera, basada en la expansión del crédito, ha sustituido el concepto de riqueza por el de endeudamiento. Así, los súbditos del Estado de Partidos no son más o menos ricos, sino que están más o menos endeudados vía crediticia; y, desgraciadamente, el monto de la deuda es directamente proporcional a la dependencia y sumisión a las oligarquías político-financieras.

sábado, 25 de marzo de 2017

EL EMBUDO PARTIDOCRÁTICO




Hiromu Kira, The thinker



Ya estableció Aristóteles que la oligarquía sustituye a la dictadura como forma de gobierno. Es de esta oligarquía entendida como grupo de intereses de donde nace la corrupción, que en España se ha convertido en factor necesario de gobierno. Desde la jefatura del Estado hasta las alcaldías, pasando por los variopintos parlamentos, y diputaciones, allí donde rigen los partidos del régimen se ha establecido un régimen clientelar que exige la sumisión al jefe del partido y su camarilla, a cambio de una porcioncita del pastel del Estado que se roba a los ciudadanos, perdón, súbditos, vía exacción fiscal, y de las mordidas que se puedan buenamente trasegar. Así, la misma Carta otorgada de 1978 que padecemos excluye que nadie pueda participar en la vida política si no pertenece a un partido del régimen, por lo que tal actividad se convierte en un embudo por el que solo pasan unos pocos, cuya mediocridad e inmoralidad será garantía de éxito en su carrera política.

Tal inmoralidad se contagia de arriba abajo a la sociedad civil, creando estamentos intermedios de grupos de privilegiados, menos prebendados cuanto más numerosos, que tienen la función de servir de defensa del statu quo, y de ejemplo de cara a la sociedad civil de cuál es el modo -inmoralmente- correcto de medrar en España.

Un ejemplo de esto puede ser la Universidad española, ninguna de las cuales figura en la clasificación de las 100 mejores del mundo; una situación sorprendente para la antaño octava potencia industrial del mundo. Menos sorprendente, sin embargo, si se piensa en su funcionamiento interno, que parece calcado en diversos aspectos del de los partidos del Estado. Así, el proceso de elección de los docentes es escandalosamente endogámico, con tribunales mayoritariamente formados por miembros de cada institución, por lo que el candidato "de la casa", en tanto que cuente con el favor de sus padrinos, obtendrá "su" plaza, independientemente de sus méritos. La mediocridad y el servilismo pueden ser, en ocasiones, factores determinantes tanto en un cursus académico como político. Si a esto se une la escasa docencia (danse incluso escándalos como los de los catedráticos que envían a sus becarios a dar clase por ellos, tragando éstos con tal abuso por su ambición de hacer carrera), los permisos ad libitum, las subvenciones sin auditoría, la indefensión total del alumno ante la posibilidad de calificaciones arbitrarias, y la no necesidad de justificar una labor investigadora para cobrar elevados sueldos, puede entenderse que, en ocasiones, la universidad sea el lugar donde el joven aprende -lejos ya del control férreo que se puede ejercer sobre el profesor de Enseñanza Media- la necesidad de la picaresca, de la sumisión ante la arbitrariedad, y de la mediocridad voluntaria si se quiere hacer una carrera, primero, en los "templos del saber", y, luego, si se tercia, en la política partidocrática.

sábado, 4 de marzo de 2017

CÁDIZ, MÓNADA ELECTORAL REPUBLICANA






Detalle de la maqueta de Cádiz de 1779 (Museo de las Cortes de Cádiz)




En su obra "Teoría Pura de la República" D. Antonio García-Trevijano estudia el sujeto de la representación política; rechaza que sea el individuo, como creyó la Revolución Francesa, o la clase social, como pensó el comunismo, y tomando de Leibniz el concepto de mónada entendida como unidad irreductible, crea la noción de mónada electoral:



 “En una comunidad nacional homogénea de gran extensión territorial, con abundantes vías de comunicación y de información, se pueden percibir peculiares diferencias de personalidad colectiva, que aún perduran en regiones definidas por su cultura lingüística, jurídica o folclórica, y en municipios rurales alejados de las grandes urbes. Esas peculiaridades, que deben reflejarse en las elecciones municipales, carecen de entidad suficiente para considerarse ajenas a un cuerpo electoral de ámbito nacional. En las elecciones presidenciales, el conjunto de ciudadanos con derecho a voto constituye una homogénea y única mónada electoral.
     Para que en las elecciones legislativas exista la misma o similar homogeneidad social, los distritos electorales han de contar con la población mínima que reproduzca la estructura social de la comunidad nacional. Ese problema no se plantea en las ciudades de más de cien mil habitantes. Pero, por las razones apuntadas en la anterior introducción al tema electoral, la necesaria igualdad demográfica de las circunscripciones electorales exige que la unidad representativa de la pluralidad social, sea el censo electoral correspondiente a cien mil personas vecinales o comarcales. Cada distrito electoral constituye así la unidad irreductible de la representación política en mónadas sociológicas res-publicanas, incluso en las Monarquías. La desusada palabra mónada responde a la actual novedad del concepto político que expresa.

[...]

La mónada de distrito, no los individuos ni los partidos, es el único sujeto posible de la acción política de representar, así cómo la mónada nacional es el único sujeto posible de la acción política de ejecutar. Los diputados tienen el monopolio de la representación particular, el presidente de la República, el de la ejecución representativa de lo general. En aquéllos domina la representación sobre la representatividad, en éste, lo representativo sobre lo representante, pues ha sido elegido para un cargo de ejecución y no de representación”
cf. A. García-Trevijano, Teoría Pura de la República, El buey mudo, Madrid, 2010, pp. 467-468, 473


España quedaría, pues, constituida en unas 400 mónadas electorales de unos cien mil habitantes, microcosmos representativo del macrocosmos sociológico nacional. Dichas mónadas constituirían distritos electorales uninominales a doble vuelta según el sistema electoral mayoritario, y no el proporcional de listas cerradas y bloqueadas de la partidocracia, que elimina así el principio de representación política, y por tanto, uno de los pilares de la democracia formal junto a la separación de poderes.

Cádiz capital formaría de por sí una mónada republicana, porque representa la totalidad de la cosa pública (res publica) que es la materia de la República. De la mónada republicana gaditana saldría elegido un solo diputado que se integraría en la cámara de representantes legislativa, sujeto, empero, a una posible revocación si no cumpliera el mandato otorgado por los electores.

Cuán lejos queda esto, en fin, del sistema neofascista de integración de las masas en el Estado, que caracteriza al sistema electoral proporcional, en el que los votantes no hacen más que refrendar lo que ya han elegido los jefes de cada partido (no olvidemos que en España nadie puede presentarse a los comicios si no forma parte de un partido), y en el que los diputados se sienten naturalmente desvinculados de los intereses de su distrito, y no tienen siquiera que conocerlo, pues sólo están para obedecer las consignas de aquél o aquéllos a quienes deben el sustento.

sábado, 4 de febrero de 2017

SÓCRATES Y LAS LEYES





Jean-Louis Courtinat



En el Critón platónico Sócrates rechaza la petición de su discípulo homónimo de huir de su condena a muerte en Atenas. Invocando a las Leyes, convertidas en Ideas y personificadas, éstas señalan su inseparable unión a la polis, teniendo pues a Sócrates como "hijo y esclavo" de ellas (ékgonos kai dúlos). Huir, en consecuencia, de la ciudad sería un intento de destruir la propia patria.

Esta confusión máxima entre legalidad y justicia le sirve a Sócrates para justificar su servidumbre voluntaria ante las leyes, que en su boca le amenazan también con el castigo de sus Hermanas del Hades, si las incumple. Esta "dramática pugna" entre principios es magistralmente explicada por Antonio García-Trevijano:

El principio de legalidad tomó conciencia de su dramática pugna con el de justicia en el inverosímil relato de la muerte de aquel maestro del pensamiento griego que, pudiendo huir con dignidad de una sentencia injusta que lo condenaba a beber la cicuta, prefirió morir por amor a las leyes de su patria. El sabio murió pretextando razones de imbecilidad mortal. [...] Lo que Sócrates redime de pecado, con su suicida aceptación de la pena capital, es nada menos que la injusticia legal [...] Triunfó la barbarie de que la legalidad injusta era preferible a la justa adecuación moral de la pena al delito. El maestro dio su vida a la patria que la alimentó con sus leyes. Platón no hizo la apología de la estúpida muerte de un sabio, sino de la utilidad patriótica de la injusticia legal.

(cf. Id, Teoría Pura de la República, El Buey Mudo, Madrid, 2010, p. 430)

El Derecho no nace, así, de ninguna inspiración divina, sino como instrumento para resolver conflictos concretos; es más no hay noción de justicia, si no existen primero las leyes. Su sacralización está en la base del perverso concepto de "obediencia debida", encarnado en la figura del Eichmann condenado en La banalidad del mal de Arendt. Es lícito, pues, para el ciudadano rebelarse de manera pacífica contra las leyes y sentencias injustas, tanto más cuanto no procedan ni un poder legislativo ni de un poder judicial independientes, sino sometidos al poder ejecutivo totalizador neofascista de los partidos estatalistas como en la partidocracia española actual. 

martes, 24 de enero de 2017

De Travesía

         Cuaderno de bitácora, día 24  de Enero del Año del Señor 2017. Hace más de 40 años que zarpamos en esta nueva aventura, nos encontramos en plena travesía del Mar Angosto®(1) , debido a las inclemencias meteorológicas y la falta de cooperación de la mayor parte de la tripulación, salir de este Mar en estas condiciones,  se me antoja harto complicado. 



         Desde que las reuniones en la camareta de Oficiales, pasaron a organizarse en el comedor, para que la toma de decisiones se hicieran de manera asamblearía, la tripulación con afán organizativo, a las distintas zonas de la Nave las han renombrado de la siguiente forma:
  • Circulo de Puente.
  • Circulo de Máquinas.
  • Circulo de Hostelería.
  • Y así sucesivamente hasta completar todas las dependencias. 
        Cada Circulo esta compuesto a parte del personal habilitado para tales menesteres, por varios representantes de la dotación, con derecho a voz y voto, aunque lo que oigan les suene a música celestial. Ni que decir tiene que la nave hace de todo menos navegar.

        Tras la asamblea de hoy con los Circulos de Puente y Máquinas, para llevar a cabo la realización de un plan estratégico con el fin de sortear lo mejor posible la difícil situación que nos hemos encontrado, y precisamente en este Mar, no han tenido buen fin.

         Pero por muchas explicaciones de seguir navegando echando bordes de través mientras el barco no sufra demasiado, ni tengamos vías de agua. Que se vigilase el nivel de agua en la sentina. Y si se ha ganado el suficiente barlovento, es el momento de ponerse a la capa.

        Como bien podéis imaginaros les sonó a Música Barroca  y decidieron, hacer una parada porque aquello no iba a durar mucho según sus meditados cálculos, para de esta forma dar descanso a la tripulación y organizar unas fiestecitas. 

        Pude reunirme con varios oficiales y suboficiales, llegando todos a la misma conclusión, nuestras posibilidades de salir con vida de allí, eres nulas. Curiosamente el nombre de nuestro buque es ESPAÑA.


(1) Mar Angosto. Termino Original de la novela Juego de Tronos de George R.R. Martin.