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domingo, 8 de diciembre de 2019

UNA FALSA CONSTITUCIÓN






Cada 6 de diciembre se ve marcado en España por la conmemoración de la llamada Constitución del 78, aquella, como gusta decir tópicamente, que "con tanto esfuerzo nos hemos dado". Pero, ¿fue realmente así?, ¿nos dimos los españoles una verdadera constitución? Para responder a tal pregunta es preciso recordar cómo se desarrolla un periodo de libertad constituyente, ver si el tal fue seguido en España, y, luego, analizar en qué medida el texto del 78 se ajusta a lo que se supone que es.

En el proceso aludido, son elegidas ex profeso unas Cortes llamadas constituyentes que elaboran una Constitución, y se disuelven antes de someter el texto constitucional al refrendo de la nación. Desgraciadamente, esto no fue lo que ocurrió en España: La Ley de Reforma Política, aprobada por las Cortes franquistas en 1976, (siguiendo el cínico principio de "de la ley a la ley") creaba unas nuevas Cortes, formadas por dos cámaras, el congreso de los Diputados y el Senado, al tiempo que Adolfo Suárez, a la sazón presidente del Gobierno, sacaba adelante un Decreto-ley en marzo de 1977 para regular las primeras elecciones legislativas de junio del mismo año. Dicho Decreto establecía un sistema electoral proporcional de listas de partidos, que, como sabemos, impide la representación política del ciudadano, limitado a refrendar lo que ya le ofrecen los 5 o 6 líderes de los partidos, que son quienes realmente controlan el poder político. El escándalo surgió a finales de ese año cuando el periodista Pedro Altares, director de la revista Cuadernos para el diálogo, descubrió y publicó que en el seno de dichas cortes legislativas se había formado una comisión secreta que estaba redactando una Constitución a espaldas de la nación. A pesar del alboroto provocado por tal infamia, ambas cámaras sancionaron el texto constitucional, y fue sometido a plebiscito popular el 6 de diciembre de 1978, en el que el pueblo español no pudo elegir la forma de su Estado, Monarquía o República, y se le daba como forma de gobierno la de la Partidocracia, Oligocracia, Oligarquía o Estado de partidos, caracterizado por la no representación política y la no separación de poderes, así como por la corrupción como necesario factor de gobierno, dando así lugar a la actual Monarquía de Partidos.

Pues una Constitución establece el sistema en que se estructura el poder del Estado, la representación política y la separación de poderes, es decir, explicita las reglas de juego del poder político (La enumeración de derechos y libertades que contienen las Constituciones es un desideratum irrealizable, un error traído a Europa por Lafayette tras su estancia en los EE.UU). Por tanto, puede decirse que en España no contamos con una verdadera Constitución sino con una Carta Otorgada que concede graciosamente a los súbditos una serie de derechos (donde empieza la reglamentación de un derecho termina una libertad), que pueden serle, asimismo, arrebatados, pues no proceden de la libertad constituyente que la nación se daría a sí misma. Vemos, en consecuencia, que dicha Carta Otorgada sanciona un régimen antidemocrático (entendida la democracia como forma de gobierno), donde el poder del Estado, convertido en enemigo de la nación y la sociedad civil, es detentado por 5 o 6 personas, los jefes de los partidos, que, por sí mismos -y en ocasiones junto a sus consortes-, actúan como cabezas coronadas de tales organizaciones de intereses de casta.

En conclusión, podemos decir que no tenemos nada bueno que celebrar cada 6 de diciembre, pues no contamos con una verdadera Constitución nacida de un proceso  de libertad constituyente, que consagre la representación política y la separación de poderes como elementos necesarios de la democracia política.


domingo, 10 de noviembre de 2019

HOY VOTAS, PERO NO ELIGES A NADIE QUE TE REPRESENTE





Edward Kelty



Hoy votas, sí, y todo lo que te rodea te induce a eso (familiares, amigos, medios monotemáticos de comunicación), y te dicen que es eso lo que hay que hacer en democracia. No obstante, también se votaba bajo Franco (aquel cuya exhumación consideran sus hijos políticos como el cierre del círculo de la "democracia"; pura apariencia como lo que hicieron los sucesores de Stalin con los restos de ese otro dictador), ¿y eso era democracia?. Como tu más que verosímil respuesta será no, habrá que tener claro qué es la democracia, y cómo el sucedáneo que te ofrecen en su lugar te permite votar, como Franco, pero no elegir un representante para los dos poderes principales, el legislativo y el ejecutivo.

La democracia es una forma de gobierno en la que la nación legisla a través del poder legislativo, formado por diputados reunidos en un congreso o asamblea que proponen y votan leyes, que la nación luego ejecuta a través del poder llamado ejecutivo, cuyo presidente, que forma gobierno (que a su vez puede hacer propuesta de leyes al legislativo para su debate y eventual aprobación), debe ser elegido en elecciones separadas de las legislativas. A esta clara separación de poderes, se une el llamado poder judicial, poder presque nul "casi nulo" según Montesquieu, que se limita a aplicar las leyes, y que debe ser autónomo en la elección de su consejo de gobierno. 

En nuestra España neofranquista, en cambio, hay unas únicas "elecciones" en las que se "elige" a ambos poderes centrales: mediante un sistema electoral proporcional de listas de partido, en el que el votante no hace más que ratificar unas listas de candidatos creadas por un puñado de oligarcas de partido, estos diputados, que no son más que empleados del jefe que los ha puesto en las listas, una vez en el congreso legislativo lo eligen como candidato a presidente del ejecutivo en un juego en el que nadie pierde, pues el sistema proporcional asegura un reparto de cuotas de poder en el Estado, que es, en el fondo, lo que les interesa obtener a todos. Así pues, el votante del régimen partidocrático se ve totalmente desamparado, pues nadie habrá que represente los intereses de su distrito, y que procure llevar sus problemas a la Asamblea Nacional, produciéndose el espectáculo escandaloso de ver como diputado de Cádiz a gente que nunca ha vivido aquí, pues lo único que importa es completar una lista de fieles al oligarca de cada partido, por lo que su competencia y utilidad legislativa es superflua, ya que los proyectos de ley suelen hacerlos gabinetes especializados de empresas del IBEX, el verdadero poder, al que tanto los llamados partidos de izquierda como de derecha -todos en el fondo socialdemócratas pues viven en y del Estado- se someten, al tiempo que disimulan esta realidad haciéndose adalides de una política de "democracia social", que sirve mayormente para subvencionar a cuadrillas de adeptos.

Lo más trágico, en fin, es que el votante no se plantea siquiera esta forma de despotismo y parasitismo al que se ve sometido gustosamente, pues lo que hace con su voto es proporcionar dinero y puestos de trabajo a una oligarquía -que no élite-, que se constituye en el acto en clase política que mira exclusivamente por sus intereses, que identifica, al tiempo, con los del Estado. Y cree, a la postre, que con el solo hecho de haber votado, llevado por fobias ideológicas o por burdos cálculos de intereses, ha cumplido con su deber democrático, sin darse cuenta de que ahonda con cada voto en la fosa de su servidumbre voluntaria a un régimen que lo explota, y que es nocivo para su dignidad e intereses. De modo que, por lo pronto no votes hoy, y párate a pensar en que no cuentas con libertad política.

domingo, 31 de marzo de 2019

"BAJO EL SIGNO DE LA ESVÁSTICA" DE MANUEL CHAVES NOGALES




La reedición de la obra periodística y literaria de Manuel Chaves Nogales (1897-1944) es uno de los hitos fundamentales de la cultura española de las últimas decadas, pues ha revelado al escritor sevillano como uno de los fundamentales del siglo XX. En este sentido la editorial Almuzara ha publicado en una edición muy cuidada un gran reportaje que realizara Chaves Nogales sobre la Alemania nazi al poco de la toma por el poder de Hitler en 1933 -ayudado por el sistema proporcional creado en la república de Weimar, y sus partidos estatales, germen del totalitarismo-, y que se publicó en una serie periódica en el diario Ahora bajo el título "Cómo se vive en los países de régimen fascista".

Frente a la mediocridad cortoplacista de la prensa escrita actual en España, que se reviste a menudo de ínfulas literarias, sorprende el nervio literario y sintético del reportero sevillano, que analiza con aguda clarividencia la sociedad alemana del momento, mirando por encima de los acontecimientos y de la anécdota colorista, para ofrecer a sus lectores de antaño y hogaño una visión cabal y vívida de una nación que desea y prepara la guerra en forma de relato apasionante por más que metódico.

Ya cruzando la frontera franco-alemana, nos transmite Chaves la sensación de hallarse en otro mundo, en el que el guardia patrulla junto a un nazi, y los miembros de los círculos pequeñoburgueses de las ciudades son los que han encubrado a Hitler, una pequeña burguesía deseosa de revancha nacionalista, y que es -antes y ahora- el caldo de cultivo de los fascismos: "Si Adolfo Hitler está gobernando hoy en Alemania, es porque lleva doce años predicando la guerra [...] Si los nazis se dedican hoy al deporte de cazar como a ratas a los judíos y los socialistas, es esencialmente porque los judíos y los socialistas son pacifistas. Esta palabra de "pacifista" es el mayor insulto que se puede dirigir en estos días a un ciudadano alemán" (p.26). Estos pequeñoburgueses desean  batirse por el ideal de la Gran Alemania, cuya misión es la de salvar la raza aria, y la civilización occidental con una nación en armas; por ello, describe Chaves la militarización soterrada de la sociedad alemana, ya de por sí disciplinada, no sólo a través de las fuerzas paramilitares del Partido, sino a través de organizaciones como las de "los trabajadores voluntarios", último  refugio de miles de técnicos en paro en la Alemania de la Gran Depresión, que trabajan a cambio de un pequeño jornal y en campamentos que Chaves asimila a soldadas y a cuarteles. Afirma el periodista que el trabajador alemán se ha dejado ganar por lo que Hitler ha tomado prestado al socialismo, aun si dejar de ser aliado de la pequeña y gran burguesía, con la que practica un doble juego, al tiempo que corteja a la juventud en paro y rebelde, su principal recurso, y la mujer es mandada de nuevo al hogar.

Chaves dedica un capítulo a la "extirpación metódica" -término hitleriano- de los judíos, a los que se priva de medios de vida al tiempo que no se les deja salir del país, y hace el cronista una clarificadora comparación con los Reyes Católicos -aunque no deja frecuentemente de comparar la Alemania nazi con la España republicana-: "Vamos nada menos que a reivindicar a los Reyes Católicos [...] si los Reyes Católicos en vez de católicos hubiesen sido arios, y en vez de la cruz hubiesen llevado en su pendón la svástica (sic), habrían encontrado un arbitrio menos heroico y más beneficioso que sólo su catolicidad les vedaba. No los habrían expulsado, no [a los judíos]. La expulsión ocasionaba un daño demasiado grave a la economía general del país. Hubiesen hecho algo más sencillo; no los hubiesen dejado vivir y no los hubiesen dejado marcharse. La barbarie medieval no permitió entonces el alumbramiento de esta fórmula genial del racismo, que estaba reservada a la mayor gloria del siglo XX" (p. 101). Chaves señala al pueblo alemán como al Gran Inquisidor del sadismo criminal de sus gobernantes, convertido en una masa llena de odio dispuesta a verdaderos crímenes. El libro se cierra con una entrevista de Chaves al doctor Goebbels, del que realiza un retrato implacable, y las crónicas de una conferencia ofrecida en Sevilla por Chaves sobre su reportaje, en la que se declaraba enemigo de las dictaduras roja, negra y parda "porque rebajan la dignidad del hombre".

Es admirable la claridad, rotundidad y facilidad de síntesis expositiva del autor sevillano, y su riqueza léxica que hace resonar en la memoria términos como "fascistizante" o "instantaneística".

domingo, 17 de junio de 2018

ELECCIONES FRANCESAS EN CÁDIZ


Una mañana esperando el autobús para ir al trabajo me sorprendí mucho al ver colgado de una farola un cartel de propaganda electoral donde un candidato se postulaba para elecciones ... en Marsella.






Para mi sorpresa no era el único, y ya empecé a flipar cuando vi que se habían cambiado los paneles indicativos de lugares cercanos. Supe luego que se trataba del atrezo para una película llamada The Rythm Section que se iba a rodar en Cádiz, y que exigía la transformación de parte del centro histórico en la ciudad de Marsella.













Lamenté entonces el hecho de que esto no fuera más que una ficción, y que los gaditanos no puedan disfrutar, como los ciudadanos de Marsella, de la posibilidad de elegir directamente a su representante en elecciones de distrito uninominal a doble vuelta, donde cada candidato acude (como puede verse en el cartel de la última fotografía) con un suplente, que le sustituye en caso de imposibilidad de mantenerse en el cargo por cualesquiera razones.

Aquí en Cádiz, en cambio, como en el resto de España, no podemos elegir directamente ni siquiera a nuestro alcalde, sino que los súbditos pueden solamente refrendar listas de partido de obediencia debida de parte de los candidatos al jefecillo de partido que les ofrece un sueldo a cargo del Estado, donde pastan los partidos de este régimen que han secuestrado la representación popular.

domingo, 15 de abril de 2018

COMUNITARISMO Y DEMOCRACIA REPRESENTATIVA





René Maltête



En una de las últimas Cartas sobre temas de actualidad que publica Politique autrement, club de reflexión independiente sobre renovación de las democracias en los países desarrollados, dirigido por el sociólogo Jean-Pierre Le Goff, Céline Pina, concejal municipal francesa, denuncia la renuncia de los políticos y la alta administración a defender los ideales y principios de la República frente a la influencia creciente de los islamistas sobre los franceses de confesión musulmana.

La autora señala que del optimismo del fin de la historia anunciado por Fukuyama en 1992 se ha pasado a prestar crédito al vilipendiado Huntington que anunciaba que el mundo postcomunista estaría marcado por el conflicto y el cuestionamiento del modelo consumista liberal occidental por la exigencia identitaria, sobre todo de parte del islamismo entendido como nuevo totalitarismo.

Señala Pina que los políticos se han negado a ver esta realidad, y que, creyendo en el final de las ideologías, se han reconvertido en gestores y comerciantes, dividiendo el cuerpo electoral en clientelas para precisar mejor a qué intereses servir para ganar, conservar, e, incluso, confiscar el poder.

Se remarca, empero, que lo peor de este clientelismo comunitarista es el vínculo que se establece entre el político y el que instrumentaliza su comunidad, como líder autoproclamado, que para autoafirmarse desarrolla una propaganda totalitaria sobre fondo del odio a Francia considerada como impía, del odio a los franceses tenidos por racistas, y sobre la base de reivindicaciones culturales pero sobre todo cultuales, que son contrarias al espíritu de las leyes, y del contrato social.

Así, la presión agobiante de salafistas y hermanos musulmanes ha creado los llamados "territorios perdidos de la república" donde, incluso a pocos kilómetros de Paris, parece cambiarse de espacio y de tiempo, en el que "la inhumación de las mujeres bajo velos que son la mortaja de su igualdad con los hombres y de sus libertades es el primer signo del dominio del islamismo sobre un territorio".

Indica Pina que este clientelismo sistemático con fines electoralistas, que deviene en cerrazón comunitarista y amenaza para la democracia, contó en 2012 con la fundamentación teórica del think-tank Terra Nova, próximo al Partido Socialista, que explicaba que había que abandonar el discurso orientado hacia las clases populares, y sustituirlo por otro dirigido a grupos descritos como minoritarios u oprimidos en razón de sus orígenes en la inmigración, de su sexo (mujeres), y de sus prácticas sexuales (homosexuales). Se termina, pues, por no dirigirse a ciudadanos sino a comunidades. Añade Pina que, para la formación de las listas regionales en vista de las elecciones de ese mismo 2012, y en lo tocante a los candidatos de la "diversidad", se prefirió no a personas provenientes de familias humildes y extranjeras que hubieran terminado fructuosamente sus estudios, sino a otras que hubieran fracasado en la escuela o cometido pequeños delitos, en nombre de una mayor "representación" de la gente de los barrios de la inmigración. "Difícil para este tipo de representante electo -afirma Pina- acceder a la noción misma de interés general o de superar la representación comunitarista en beneficio del interés general, porque eso supondría cortar la rama sobre la que está sentado".

Extrapolando el caso francés a la situación española, puede comprobarse cuán nulamente representativo y pernicioso resulta el sistema electoral proporcional de listas cerradas y abiertas, que abre la puerta a un comunitarismo desestabilizador y totalitario. Apelar, en este sentido, a la homogeneidad del cuerpo electoral y del sujeto constituyente resulta ilusorio, inútil y racista, pues la constitución de las diversas mónadas electorales republicanas, representantes en microcosmos de la sociedad civil, bloquearía esta amenaza comunitarista e identitaria, basada en el victimismo y el sometimiento de los intereses de la mayoría a una minoría insaciable, sostenida y alentada por la ideología socialdemócrata de los políticos de la partidocracia.

sábado, 27 de mayo de 2017

MATRIX ESPAÑA





En la película Matrix (2000) Morfeo señalaba a su pupilo Neo que resultaba imposible rescatar a las personas del mundo virtual en que vivían a partir de cierta edad, al estar tan acomodados a ella que la conciencia de su servidumbre voluntaria les resultaba insoportable.

En la España actual resulta también insoportable la idea de que no hay democracia. Nos hemos acostumbrados a vivir en un simulacro donde se nos hace creer que por votar cada cuatro años participamos en una "fiesta" donde ejercemos un deber cívico, y tomamos parte determinante en la vida política del país, eligiendo, por ende, a los representantes de la soberanía nacional. Así se nos martillea constantemente desde los medios de comunicación y sus tertulias, donde no se cuestiona nunca las reglas de juego de quienes los sustentan, la clase política, garante de nuestras libertades desde la promulgación de la Constitución del 78, "que nos costó tanto conseguir", como se oye a menudo.

Pero no hay nada más lejos de la realidad: en España no hay democracia, porque, por una parte, la presunta Constitución de la que disfrutamos no nació de unas Cortes Constituyentes, sino de las reuniones secretas de un grupo de notables del Franquismo y de la ex oposición oportunista ansiosa de participar en el pastel del poder, y, por otra parte, porque dicha Constitución, para que pudiera considerarse como tal según estableció Montesquieu, debería reconocer la separación de poderes y el principio de representación política, como garantía juridica de la libertad política colectiva. Pero no hay separación de poderes, sino separación de funciones, como en el Franquismo, lo que está en el germen de la corrupción generalizada como motor del régimen partidocrático que sufrimos, y el sistema electoral proporcional, consagrado en la Constitución -cosa inaudita en nuestros entornos constitucionales-, sólo sirve para refrendar las listas electorales creadas por los jefecillos de los partidos, cuyos diputados no representan, pues, a sus electores, sino al jefe que los ha puesto allí, a quien deben una obediencia, ante la que los militares argentinos de la época de Videla quedarían como unos James Dean desbocados.


"Recuerda que sólo puedo ofrecerte la verdad", le advirtió Morfeo a Neo antes de que tomara la pastilla de su liberación, poniéndole delante de las dolorosas consecuencias de su valerosa elección. En España no hay democracia, esta triste certeza, que hace vacilar el suelo bajo nuestros pies, no nos deja más remedio que pasar a la acción, pues, como Neo, ya no tenemos vuelta atrás.

sábado, 20 de mayo de 2017

EL ESPÍRITU DE LA QUINTA REPÚBLICA FRANCESA





Elecciones presidenciales en Francia en 1965



Es sabido que la 5ª República Francesa fue instaurada por el general De Gaulle, que pretendía poner fin al caos institucional de la 4ª República, acentuado por la guerra de Argelia. De Gaulle estableció un sistema electoral mayoritario de distrito uninominal a doble vuelta, frente al antidemocrático sistema proporcional anterior. Era, pues, un sistema parcialmente democrático, pues aseguraba el principio de representación, aunque no la separación de poderes (el poder legislativo debía refrendar el gabinete del Presidente), el otro puntal de la democracia formal. La posterior financiación de los partidos políticos por parte del Estado vino a empeorar esta situación.

En una de las ediciones de su programa Répliques en France Culture, el filósofo Alain Finkielkraut invitaba al profesor y filósofo Philippe Raynaud, autor del libro epónimo del programa, y al periodista político Jean-Claude Casanova. Este último, ante la situación creada en la primera vuelta de las recientes elecciones presidenciales, en la que quedaron eliminados los candidatos de los dos principales partidos de gobierno, y que eventualmente dificultará que el próximo Presidente cuente con una mayoría de apoyo parlamentario, proponía el cambio a un sistema electoral mixto como en Alemania, para asegurar gobiernos de coalición fuertes como en Suiza. Finkielkraut replicaba que De Gaulle había creado precisamente la 5ª República para evitar los débiles gobiernos de coalición de la 4ª. Por su parte, Raynaud comenzaba caracterizando la 5ª República como un sistema partidista (système partisan) de sistema electoral mayoritario a doble vuelta, y llevaba aún más lejos la propuesta de Casanova, al preconizar la instauración de un sistema electoral proporcional, para conseguir alianzas parlamentarias que excluyan al Front National, partido que no se integraría, y que se aprovecha, en cambio, de las ventajas que le ofrece el sistema mayoritario -afirmaciones sorprendentes si se piensa que el mismo FN pide en su programa electoral la instauración del sistema proporcional-. Finkielkraut, a su vez, replicaba que, en tal caso, los jefes de partido formarían las listas electorales a su antojo, y que los partidos usarían el voto del ciudadano para hacer las alianzas que quisieran -justo lo que ocurre en España-.

Sorprende, en fin, el tacticismo cortoplacista de los invitados del meritorio programa, y su falta de conocimientos de teoría política, que les lleva a despreciar los principios de la democracia formal, que el general De Gaulle recuperó parcialmente para su país sin saberlo; docta ignorantia que ahora está en riesgo de ver perder sus frutos ante la catastrófica posibilidad de que Francia se convierta en otro Estado de Partidos como España.