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domingo, 5 de enero de 2020

MONARQUÍA DE PARTIDOS





Dalmacio Negro Pavón



"Objetivamente, con la perspectiva de más de treinta años, la idea rectora de esta Monarquía estatal consiste, pues, en unir a la sociedad bajo la dictadura del consenso político de las clases dirigentes, que, al mismo tiempo que desequilibra la sociedad separándola del poder político, desintegra el consenso social, base de la amistad civil, y practica el divide et impera mediante una política de disenso generalizado. Es un típico sistema de desgobierno. De ahí la tosquedad de la vida política, en la que casi lo único relevante son las querellas y los arreglos entre los partidos.

En cuanto a la estatalidad monárquica, ésta evolucionó hacia un Estado de Partidos del tipo Estado de Bienestar sin nación política, fomentando al mismo tiempo, contradictoriamente, una politización radical que potencia las oligarquías nacionalistas enemigas de la Nación Histórica más antigua de Europa. La extraña Monarquía estatal «de las autonomías», la destruye formalmente, así como al Estado, dividiéndolos en pequeños estados-nación semi soberanos, algunos de los cuales les reclaman ya la soberanía. Es una anárquica Kleinstaaterei que recuerda a la del Imperio alemán en la época moderna muy bien descrita por Hegel.Pero el Estado Pluralista es un oxímoron y el pluralismo consiste en que manden las poderosas oclocracias regionales que se han formado.

Los nacionalismos se han intensificado y extendido mediante la ingeniería social consentida e incluso alentada desde el Estado. Hasta da la impresión que el Gobierno central, que dirige oficialmente el consenso, quisiera sustituir el idioma español como lengua común o lingua franca por el inglés, para satisfacer a las oligarquías locales que, fundamentando su «nacionalidad» en sus lenguas particulares, mezclándolas con un etéreo racismo historicista, odian el español, la lengua común.

Todo es una innovación asombrosa, que hubiera desconcertado a Maquiavelo. Hasta ahora, las Monarquías habían unido, con mejor o peor fortuna, a los pueblos y hecho las naciones. En último extremo se justificaban como garantes de la unidad nacional y del éthos tradicional. Mas las Monarquías Constitucionales y Parlamentarias, al no ser auténticas monarquías, pendientes de sí mismas no garantizan nada. 

Respecto al caos autonómico, tal vez sólo un presidencialismo al estilo norteamericano, es decir, asentado directamente en la voluntad popular, podría ya constituir una garantía.

[...]

En fin, la libertad política la usufructúan los partidos integrados en el consenso político organizado en torno a la Monarquía, reduciéndose para el resto a la rutina del voto; las libertades civiles están en entredicho por las intromisiones del Gobierno en las costumbres y los hábitos naturales, y se cuestionan las personales, estando seriamente amenazada la libertad de la conciencia; los partidos se extienden sin freno por la cada vez más débil sociedad civil organizando el clientelismo; la división de poderes es ficticia y, para el ciudadano común, la misma administración de justicia puede ser, además de dudosa, lenta y costosa, un peligro más que una garantía, de modo que las garantías jurídicas del Estado de Derecho, que conserva formalmente la socialdemocracia normal, son bastante precarias; se distorsionan progresivamente mediante la manipulación política de los jueces y una serie interminable de caprichosas leyes-medidas administrativas que, por ejemplo, permiten a la administración embargar directamente las cuentas bancarias; en consecuencia,  aumentan continuamente los controles burocráticos estatales y paraestatales -la burocracia es gigantesca y crece sin freno- sobre la vida natural regulando todo y frenando y distorsionando la iniciativa particular. Los sindicatos se encargan de coartar la libertad de trabajo y la propiedad depende del fisco. Hay demasiada inseguridad jurídica. [...]  la democracia, que oficia de religión civil de este Estado aconfesional, es en la práctica una plutocracia organizada en torno a la corrupción, sin que a la bastante envilecida sociedad le importe ya mucho. Todo está al servicio de la política y la ideología del consenso.

[...]

No existe un orden político, un régimen. La Monarquía estatal de las Autonomías es una situación política, quizá ya histórico-política al agravarla la crisis de los demás órdenes sociales -acentuada ahora por la crisis económica-, cuyo desenlace es imprevisible."




Dalmacio Negro Pavón, Historia de las formas del Estado: una introducción (Ensayo) (Spanish Edition) (Posición en Kindle1360-1390). Edición de Kindle.


domingo, 6 de octubre de 2019

TUMBAS Y PACTOS





Sabido es que la expresión frecuentemente usada de "matar al padre" procede de las teorías psicológicas de Freud, quien la explica como el proceso en que el individuo se libera de la tutela paterna, desmarcándose de las creencias del padre y de su figura. Una aplicación simbólica de este concepto parece el desentierro del dictador Franco que el PSOE en el gobierno ha ordenado a través de una sentencia ad hoc del TS para que se produzca durante la campaña electoral, dejando el cadáver en una situación que podría llegar en el futuro a semejarse a la de Cromwell, cuyos restos fueron desenterrados y profanados después de muerto.

Y es que la inexistencia de una ruptura democrática con el régimen franquista, preconizada por su mayor opositor, Antonio García-Trevijano, y la consumación de una reforma superficial de dicho régimen, con la instauración de una Monarquía de partidos -pues a los españoles unas cortes legislativas que usurparon la función de unas constituyentes les impidieron elegir la forma del Estado-, sin separación de poderes, ni derecho de los súbditos a elegir libremente un representante político que no sea el que les viene ya impuesto por los jefes de los partidos estatales (características ambas de una verdadera democracia) ha llevado a la esperpéntica situación actual, en la que el inindependiente poder judicial, controlado por los partidos estatales, se presta a una pantomima que a nadie engaña.

El PSOE ha sido, sin duda, el partido estatal más beneficiado en el reparto de poder del régimen del 78, de suerte que el sucesor de Franco a título de rey se sentía especialmente cómodo con éste al frente del gobierno, mirando uno y otros al lado de su respectiva corrupción, elemento fundacional del régimen de poder de la partidocracia. Es, por tanto, la mala conciencia de su pecado original pactista con las fuerzas vivas del régimen franquista para organizar la reforma continuista de éste (del que subsisten en la actualidad el principio de separación de funciones, que no de poderes, y la falta de control sobre el poder ejecutivo por parte del legislativo y judicial, definitoria de la dictadura), lo que le lleva a ejecutar este acto simbólico de desenterrar al auténtico padre político de un sitio, (en el que parece, por otra parte, que nunca quiso estar, pero donde lo pusieron su Sucesor y Suárez en otro esfuerzo simbólico de entierro apresurado del pasado, en aras de la "reconciliación" -para echar mano a la bolsa ajena, como en la época de la Concordia francesa postTerror-), para dotarse, por un lado, de una la pseudolegitimidad que afirma, como hace el presidente actual, que así "se cierra el círculo de la [pseudo]democracia española", como si su partido no la hubiera controlado durante largos años, y, por otro, para movilizar a cierto electorado, provocando la furia de algunos nostálgicos.

domingo, 22 de septiembre de 2019

CAMPAÑA ELECTORAL PERPETUA




Foto: ABC



El ideal de convivencia que Kant quería en su obra La paz perpetua como permanente, sólo se ha materializado con este carácter en el terreno de la campaña electoral. Así, Marina Alías en Vozpópuli señala que España bate el récord europeo de mayores elecciones generales en menos tiempo y en un contexto pacífico, con una factura final para los ciudadanos de unos 538 millones de euros. ¿Cuál puede ser el motivo de tantas votaciones (que no elecciones pues no se elige a ningún representante, sino que se refrenda una lista de partido previa) en tan poco tiempo? Responder a esta pregunta exige tener en cuenta varios factores como la naturaleza de la partidocracia que sufrimos, y sus crisis y necesidades de reajuste duro.

La partidocracia o Estado de partidos es un régimen de poder que consagra a los partidos como únicos actores de la vida política, cuyo solo objetivo es el control del Estado y el reparto de sus parcelas de poder; por otra parte, si fue la separación de poderes el paso necesario para la democracia representativa, es la inseparación de éstos (sólo existe separación de funciones, como en el Franquismo) la que sostiene la falta de control del poder ejecutivo, y la inevitable existencia de la corrupción como factor de gobierno. El ciudadano, o mejor dicho, súbdito, en esta Monarquía de partidos, sólo puede aceptar lo que le dan ya hecho: unas listas electorales formadas por candidatos que deben obediencia al jefecillo de cada partido que les ha puesto allí, sin que quede, según la llamada Constitución del 78, otra forma de participar en la vida política. Vemos, pues, cómo queda invalidado y negado el principio de representación política que, junto a la susodicha separación de poderes, constituye el elemento definitorio de la democracia formal.

Dichos irrepresentantes de los súbditos, para justificar su acción antidemocrática han venido empleando la idea del consenso, en sustitución de la de la fuerza de la mayoría que está en la raíz de la idea de democracia, y desde la llamada Transición, o Transacción entre las fuerzas del régimen dictatorial saliente, y las aspirantes a integrarse, tras la travesía del desierto de la oposición más o menos tolerada, en el nuevo régimen oligárquico naciente, se polarizaron en dos partidos políticos, como dos cabezas nacidas de la Hidra troncal del antiguo partido único. Pero el paso del tiempo, la corrupción rampante, y las tensiones inherentes a las luchas por el poder, dieron espacio a nuevos partidos políticos estatales, que, aun aceptando las bases antidemocráticas del régimen, pretendían presentarse falsamente como una renovación del statu quo, como lo ocurrido con el 15-M. No obstante, el votante en la partidocracia está terminando por identificar a estos trampantojos reformistas como lo que son realmente, unos parvenus, unos fallidos "Jóvenes turcos", que sólo aspiran a compartir el pastel del poder con sus hermanos mayores.

En consecuencia, los viejos adalides del bipartidismo neofranquista están hurgando, votación tras votación, en el carácter forzosamente reaccionario y conservador del votante típico del régimen, acostumbrado ya a hacer suspensión del juicio moral ante la corrupción, y a pensar en el "mal menor", para que apueste por "el valor seguro". La única novedad que ha podido verse, a este respecto, son ciertas medidas cosméticas para facilitar que el votante lave su conciencia insensata, incitándole a que se dé de baja en tal registro para no recibir propaganda electoral en su casa, o contándole que se va a reducir las subvenciones a los partidos para hacer campaña, como si no tuvieran a la totalidad de los medios de comunicación al servicio de sus intereses de casta todo el año, las 24 horas del día. ¿Servirá esto, empero, para aumentar la abstención, única arma pacífica de lucha contra este régimen?, es la pregunta que merece a la postre hacerse.

domingo, 16 de septiembre de 2018

LIBERTAD DE PENSAMIENTO




Entre 1938 y 1965 Arthur Kaufmann compuso su tríptico Die geistige Emigration, "la emigración intelectual", en el que retrata a un grupo de representantes del mundo de la artes y las ciencias de lengua alemana, huidos a Estados Unidos desde el dominio del III Reich nacionalsocialista.

Estas personas perdieron su libertad de expresión en sus países de origen, pero no la de pensamiento. En la Europa de nuestros días, y centrándonos en España, existe un modo de totalitarismo difuso que ataca directamente a la libertad de pensamiento. Es lo que ha venido a llamarse consenso, que, como modus agendi de la oligarquía política, ha acabado permeando a la sociedad civil. El consenso es en sí antidemocrático y antiintelectual, pues exige el sometimiento a una postura apriorística, en nombre del acuerdo y la concordia, eufemismos de una servidumbre voluntaria que es característica de las sociedades civiles sometidas a los regímenes partidocráticos como el español.

Llegar a un consenso, pues, es la ambición máxima de cualquier reunión o encuentro, sea en la administración o en la sociedad en general. El disenso, por otra parte, sufre además el acoso combinado de lo políticamente correcto, el comunitarismo, la ideología de género y el buenismo, rasgos de la ideología nihilista socialdemócrata, que se caracterizan por su afán de modificar y controlar el lenguaje como vía directa de control del pensamiento.

Así pues, la persona que no quiera limitarse a repetir los eslóganes que le han enseñado en la escuela o en los medios de comunicación, se encontrará con recursos asumidos de autocensura mental, que le llevará a evitar lo que pueda considerarse conflictivo, capaz de herir susceptibilidades, o lo que se afirme con cierta rotundidad y seguridad.

Estamos, en fin, en una época en que adquiere plena validez la afirmación de Thomas Mann de que el que desafía las ideas hechas de una sociedad es un héroe.

domingo, 14 de enero de 2018

RUSIA ES CULPABLE





Tal es la frase, "Rusia es culpable", que Serrano Suñer, cuñado de Francisco Franco, y a la sazón ministro de Asuntos Exteriores, pronunciaba en los días en que se reclutaba en España la División Azul para ser enviada al frente ruso. "Vais a defender los destinos de una civilización que no puede morir, y a contribuir a la fundación de la unidad de Europa", añadía arengando a las tropas (lo cual es prueba, por otra parte, de que la obsesión cateta y ruinosa por integrarse en cierta idea Europa no es sólo cosa de nuestra partidocracia, sino también de sus padres).

Hace unos días escuché en el telediario de una de las cadenas privadas del duopolio que el ministerio de Defensa incidía en la existencia de injerencias rusas en la crisis independentista catalana. Intrigado, busqué en la prensa, y encontré la noticia de que el ministerio "se desvinculaba" de las afirmaciones realizadas en un informe de un experto de un "think tank" suyo (qué trabajo les costará traducirlo como ("grupo de estudios, de reflexión, de pensamiento", etc.). En dicho informe se afirma literalmente:

"En cambio los intereses de Rusia no llegan tan lejos [como los de China] o no al menos de forma directa. Cuestión distinta es que el Kremlin esté aprovechando el órdago catalán para desestabilizar, empleando para ello una política destinada a generar confusión desde las redes sociales, en una línea similar a la utilizada para influir en las recientes elecciones de los Estados Unidos. Moscú no tiene interés específico en España [...] Pero aspira a fomentar las desavenencias en Cataluña para de ese modo debilitar a un país miembro de la OTAN" (cf. Josep Baqués, Análisis de tendencias geopolíticas a escala global, ieee.es, Documento de investigación 18/2017, pp. 38-39)

Dentro de un documento que utiliza una amplia bibliografía y despliega un nutrido cuerpo de notas a pie de página, tales afirmaciones no gozan del beneficio de la cita de ninguna fuente directa, sobre todo, en relación con el caso norteamericano. Tal vez le habría resultado incómodo al autor citar las palabras del jefe del consejo de redacción de la CNN (cadena muy beligerante con el actual presidente) ante la propuesta de sus redactores de seguir dando publicidad a la presunta actividad de los hackers rusos en la campaña electoral norteamericana, en la idea de facilitar el impeachement del presidente Trump. Aquél consideró aquellas presuntas informaciones como bullshit ("caca de la vaca"), y cerró el asunto, como informaba recientemente César Vidal.

Tales afirmaciones gratuitas, luego amplificada a bombo y platillo por los medios de comunicación del régimen, podrían corrresponder aparentemente a la  necesidad de correr en defensa del jefe (en este caso, jefa), dado el escándalo provocado hace poco por la broma que gastaron unos humoristas rusos a la ministra en noviembre pasado después de que ésta declarara en el Consejo de ministros de Exteriores y Defensa de la Unión Europea que, en el caso catalán:"[Las injerencias] vienen de territorio ruso y algunas otras también, por cierto, repicadas de territorio venezolano. Eso es lo que sabemos a día de hoy".

Uno de los cómicos se hizo pasar por un ministro letón, quien decía a nuestra ebúrnea ministra cosas como que Puigdemont es un agente ruso, y que la mitad de los turistas rusos que van a Barcelona son espías. La ministra se lo tragaba todo, repitiendo que sabía que las injerencias provenían de territorio ruso, aunque no podía asegurar la intervención del gobierno (quizás todavía nadie le había explicado a la ministra que los servidores sitos en Rusia pueden ser usados por gentes de otros países). Hay un corte, y se percibe claramente que la ministra devuelve la llamada, asegurando que ya ha hablado con el presidente de gobierno español, y solicitando al falsario un encuentro entre éste y el primer ministro letón en la próxima cumbre de Gotemburgo.

Tal espantoso ridículo, que se intenta ahora mitigar de cualquier manera, habría forzado la dimisión de la ministra en cualquier país decente, y que no fuera una partidocracia corrupta como el nuestro. Tal obsesión por afianzar la "pista rusa", que lleva al actual gobierno a tragar el más ridículo de los anzuelos, corresponde al deseo de diluir su responsabilidad en la crisis independentista catalana, en la que lejos de actuar de una manera mínimamente patriótica y responsable, poniendo el asunto años ha en manos de la justicia, sólo ha hecho lo que sabe hacer: ofrecer más consenso a los golpistas, es decir, más ofertas de reparto del botín que se extrae a los súbditos del régimen.


Imagen: Boris Kustodiev

domingo, 5 de noviembre de 2017

EN MANOS DE LA PARTIDOCRACIA




J.R. Eyerman



Gracias a los medios de comunicación hemos asistido a la transformación del proceso independentista catalán en una campaña electoral, siguiendo las consignas de la oligarquía de partidos del Estado. Así, la última gran manifestación en Barcelona del pasado domingo contó con un masivo seguimiento de las televisiones, frente a lo ocurrido con las anteriores en Barcelona y toda España, que nos regalaban con primeros planos de los políticos que encabezaban la primera fila, y que pedían "volver a votar", como modo de acabar con la "falta de cordura" de los independentistas.

De tal suerte, la abusiva aplicación de un artículo 155 de la Carta Otorgada de 1978 (ya que dicho artículo no autoriza al Gobierno a hacer nada de lo que ha hecho) tiene como solo objetivo la convocatoria de elecciones para el próximo 21 de diciembre, justo la fecha que quería el ex presidente de la Generalidad para las suyas a cortes constituyentes, y, antes, en todo caso, de enero de 2018, cuando terminará el secreto bancario en Andorra, que, probablemente, perjudicaría electoralmente a los nacionalistas catalanes.

Pues de eso se trata, el gobierno partidocrático del Estado sólo está interesado en mantener el statu quo previo a la declaración de independencia del parlamento catalán, y por ello, ve "con agrado" que el ex presidente golpista y huido de la justicia se presente a las elecciones, o, mejor dicho, votaciones, pues no saldrá elegido ningún auténtico representante de la nación, sino aquellos comisionados de los jefecillos de los partidos que negocien un nuevo "consenso" que realice concesiones al nacionalismo catalán que serán perjudiciales para el conjunto de la nación.

Vemos, por tanto, el desarrollo de dos procesos paralelos, el judicial y el político; el judicial conforme a los delitos recogidos en el código penal que el gobierno debía haber instigado hace varios años si tuviera algún respeto por la ley -que considera maleable a su servicio- y la nación -a la que no representa, y a la que usa para refrendar sus listas de paniaguados y esquilmar con impuestos para mantener la inmensa red clientelar del Estado de las autonomías; y el político, que, con el concurso necesario de la práctica totalidad de los medios de comunicación de masas, convierte esta gravísima crisis nacional en otro mero juego electoral partidocrático. De un plumazo, han desaparecido todos los indicios de la guerrilla urbana que se iba a desarrollar en Cataluña si se actuaba contra los sediciosos, tal como daba a pensar las energías desplegadas en el referéndum del 1-O, ese parto de los montes. El independentismo catalán ha mostrado su verdadero rostro cobarde y miserable, y sus sosias del Estado central acuden en su ayuda, para darles con las urnas lo que no han podido obtener con las urnas.

sábado, 7 de octubre de 2017

LA PARTIDOCRACIA ES RESPONSABLE DE LA CRISIS CATALANA





Richard Oelze



El actual proceso independentista en Cataluña es una consecuencia directa de la degradación progresiva del Estado de partidos o partidocracia española. Ello explica dos eventos conexos como la inacción criminal del actual gobierno, y las constantes peticiones de diálogo de diversas instancias como partidos del régimen cual Podemos o poderes fácticos como la Iglesia Católica.

La inexistencia de una verdadera democracia en España, caracterizada por la separación de poderes, es decir, la separación de nación y estado, según la cual aquélla legisla y éste ejecuta, queda demostrada en los partidos anclados en el estado, que viven por y para ellos, fomentando la estadolatría y el sentimiento de desnacionalización en la sociedad civil, a la que se priva, por el sistema electoral proporcional de listas abiertas o cerradas, de la representación política de diputados uninominales de distrito con mandato imperativo e independencia de los intereses bastardos de los partidos estatalistas. Así, pudo escucharse hace poco al presidente de la Generalidad catalana que Cataluña iba, por fin, a tener un estado. Enfrente, el gobierno del estado español no quiere aplicar ninguna medida coercitiva, ni judicial ni ejecutiva, aunque hace años que podía haberlo hecho si tuviera alguna conciencia nacional, y, en consecuencia, patriótica; estaría, en cambio, dispuesto a dar caudales ingentes del dinero que roba impunemente a los ciudadanos (los mismos que contemplan angustiados e impotentes la tormenta en el famoso cuadro de Richard Oelze) a los estatalistas catalanes, o a concederles todas las competencias propias de un estadito a su medida, siempre que se mantuviera la apariencia de una unidad nacional mínima de la antaño llamada España.

Por otra parte, las demandas de diálogo responden a la nostalgia del consenso, es decir, del acuerdo de las oligarquías político-económicas para repartirse poder, privilegios y prebendas a costa de los súbditos del régimen y de la nación que constituyen independientemente de su voluntad.

Sólo la voluntad de disenso puede, en fin, sostener la libertad de pensamiento que permita la defensa desprejuiciada de la existencia de la nación española, incompatible, como ya se ha visto, con la de la Monarquía de partidos, que la sangra y la niega, dispuesta incluso a trocearla para satisfacer la ambición de poder de su miserable clase política.


martes, 11 de julio de 2017

SIMPOSIO INTERNACIONAL "EL CONSENSO POLÍTICO DEGENERA EL IDIOMA"




El simposio “El consenso político degenera el idioma”, tendrá lugar los días 21, 22 y 23 de julio, en Santo Domingo de la Calzada, muy cerca de San Millán de la Cogolla, cuna del idioma español y declarado Patrimonio de la Humanidad.
Ponencias, debates, una recreación del programa de "La Clave" con la proyección de una película relacionada con el tema del simposio y un posterior debate, la inauguración de una mazurca de Manuel de Falla... y más actos que tendrán lugar en el simposio internacional.
Este acontecimiento cultural reunirá a un selecto grupo de académicos procedentes de importantes universidades de todo el mundo y a destacados intelectuales de la América española y de España, que darán ponencias y participarán en debates durante los días 21 y 22 de julio.
Una mesa redonda que tendrá lugar en la tarde del sábado 22 de julio, en el Teatro Avenida (Santo Domingo de la Calzada, La Rioja) recreará el formato del emblemático programa de debate político La Clave.
El 23 de julio se celebrará el nonagésimo cumpleaños de Antonio García-Trevijano, con el estreno mundial de una mazurca inédita de Manuel de Falla y con la audición de una selección de las “Canciones españolas antiguas” de Federico García Lorca.

miércoles, 21 de junio de 2017

GOBIERNOS DEMOCRÁTICOS A EXAMEN





Ernesto Thayaht, Il grande nocchiero, 1939




En los últimos exámenes de Selectividad en Andalucía ha provocado una gran polémica la prueba de historia de España, en la que la pregunta versaba sobre el último tema del temario, "Los gobiernos democráticos". Numerosos alumnos, cuyos profesores no habían tenido tiempo material de llegar a aquél, han visto comprometido su futuro, al quedar condicionada la elección de carrera por la reducción en su media provocada por los malos resultados en este prueba.

Para un profesor en activo y a sus alumnos puede parecer difícil concebir que la Comisión que prepara estas pruebas rice el rizo de la dificultad eligiendo tal última parte del temario. Sin embargo, para la mentalidad socialdemócrata de los miembros de dicha Comisión no puede haber parte de la historia de España más importante y más digna de ser obligatoriamente conocida que la de los gobiernos de la partidocracia instaurada por el sucesor de Franco y sus secuaces del régimen franquista y de la oposición consentidora. Así, la Transición, que ya ha sido objeto de pregunta en años anteriores, palidece en importancia ante los gobiernos de los González, Aznar, Zapatero y Rajoy, consolidadores del régimen antidemocrático en el que vivimos, sin libertad de representación política ni separación de poderes, al que los medios de comunicación de la hegemonía cultural y la Enseñanza acólita siguen llamando a las mil veces goebbelianas "democracia".

Lo ocurrido, pues, es una desgraciada demostración adicional de que la mentira en que se basa nuestra vida social y política cotidiana, que necesita ser mil veces repetida haciendo además tabla rasa de lo anterior, sigue cobrándose víctimas en donde menos se espera.

domingo, 23 de abril de 2017

EL (CASI) PERFECTO SOCIALDEMÓCRATA





Otto Dix



El socialdemócrata de nuestros días encuentra radical cualquier afirmación de certeza política que se presente como tal, y, no como sujeta a relativización; prefiere, pues, las opiniones que caigan en el dominio de lo soft y light, de acuerdo con la sentimentalización con la que sustituye el pensamiento crítico, que se manifiesta en el predominio de la consigna emotiva sobre el criterio. Esa será, por ejemplo, la opinión que le merecerá la idea de la falta de libertad política colectiva, que le obligaría a sacudir su conciencia voluntariamente adormecida, y apartarse de las causas que prefiere defender, y que le permiten justificarse a sí mismo como "progresista" sin cuestionar el statu quo político, el de la partidocracia corrupta y protototalitaria, y al mismo tiempo colocarse bajo el paraguas del Estado, que quizás llegue incluso a subvencionar sus iniciativas políticamente correctas en el terreno medioambiental y ciudadano. En este aspecto, sería preciso hacer una distinción entre las personas verdaderamente altruistas, y el socialdemócrata; aquéllas colaborarán, por ejemplo, con sociedades protectoras de animales, ONGs humanitarias, y voluntariados de ayuda a necesitados, es decir, estarán dispuestas a sacrificar tiempo y dinero por los demás.

Por otra parte, su proverbial afabilidad, la tolerancia que le caracteriza (la tolerancia entendida como virtud de las oligarquías, la de los que se consideran superiores a los demás, frente al respeto, virtud de los demócratas, que consideran a los demás sus iguales -es sintomático, pues, que estas gentes hablen constantemente de tolerancia, no de respeto-) sucumben a veces inesperadamente a súbitas explosiones de ira ante cualquier "retrógrado", al que lleven ya demasiado tiempo tolerando en su benevolente hipocresía.

domingo, 16 de abril de 2017

MISTERIOS DE LA TRANSICIÓN: LOS EXTRATERRESTRES MONÁRQUICOS DE PONS PRADES





Escritor, historiador de los republicanos españoles en la Guerra civil y la Segunda Guerra Mundial, guionista de cine y periodista, Eduardo Pons Prades (1920-2007), nace en Barcelona de padres valencianos emigrados de filiación anarcosindicalista. Participó en la guerra civil, y luego en el maquis francés durante la guerra mundial. Regresó definitivamente a España gracias a la amnistia de 1962, donde cofundó la editorial Alfaguara y fue redactor del Diario de Barcelona.

En 1982 publica un libro titulado El mensaje de otros mundos, donde afirma haber sido contactado por unos extraterrestres en las montañas de la Cataluña norte el 31 de agosto de 1981, quienes le invitaron a subir a su nave, para darle un mensaje, consistente, por un lado, en la "revelación" de que una de las dos superpotencias de la época tenía "en proyecto la instalación de bases militares espaciales para amenazar y chantajear a todas las comunidades terrestres, en general, y a la otra superpotencia, en particular" (p. 38), y, por otro lado, en la advertencia de que estos extraterrestres congelarían a los habitantes de dicha superpotencia hasta que cejara en su empeño (parece que el farol reaganiano de la "guerra de las galaxias" no sólo engañó a la URSS, para incitarla a una inasumible escalada armamentística que contribuyó al final de la Guerra Fría, sino también a los extraterrestres de la "Armoniosa Confraternidad Universal").

El motivo de traer aquí a colación este libro justamente olvidado, fruto quizás de un narcisismo paranoico hambriento de reconocimiento (el autor se definía como "experto en perder batallas") es un pasaje de la conversación entre el autor y sus anfitriones extraterráqueos (pp. 94-95), en el que ellos hacen la alabanza de "la pareja real" española. El autor, sorprendido en su "republicanismo intransigente", se siente, empero, obligado a precisar que éste es producto de su "antimonarquismo consecuente", que no admite la imposición de dirigentes, "una vez por designios providenciales y otras por caprichos caudillales". Pons afirma así, implícitamente, la naturaleza del rey borbónico como heredero de Franco, pero realiza  inmediatamente una finta dialéctica, atacando al Conde de Barcelona como "peor enemigo" de la monarquía antes y después de su "restauración", al pretender éste una "restauración a largo plazo", "que no le hizo ningún favor al pueblo español, y un muy flaco servicio a la Monarquía instaurada en 1975".

Esta confusión entre "restauración" (la que hubiera protagonizado Juan de Borbón como legítimo representante de la línea dinástica) e "instauración" monárquica (la que encarnó Juan Carlos I como heredero electo del Dictador) es sintomática de la actitud de uno de tantos "intransigentes republicanos" en la Transición, que (en este caso gracias a la intervención de un deus ex machina intergaláctico) realizaron la pirueta ideológica y moral de aceptar el fraude dinástico establecido por Franco contra los derechos del legítimo heredero de la Corona, quien prohibió a su hijo aceptar ser el sucesor de un dictador.

Lamentablemente, los proyectos de Paz Universal revelados a Pons Prades cayeron en el olvido, al tiempo que ellos, los socialdemócratas del PSOE, llegaron al poder para descargar al pueblo del incordio de meterse en política (como en el Franquismo), e incitarlo a seguir el ritmo hedonista del ready made cultural y educativo, mientras ocultaban la deriva corrupta del Jefe del Estado.

sábado, 25 de marzo de 2017

EL EMBUDO PARTIDOCRÁTICO




Hiromu Kira, The thinker



Ya estableció Aristóteles que la oligarquía sustituye a la dictadura como forma de gobierno. Es de esta oligarquía entendida como grupo de intereses de donde nace la corrupción, que en España se ha convertido en factor necesario de gobierno. Desde la jefatura del Estado hasta las alcaldías, pasando por los variopintos parlamentos, y diputaciones, allí donde rigen los partidos del régimen se ha establecido un régimen clientelar que exige la sumisión al jefe del partido y su camarilla, a cambio de una porcioncita del pastel del Estado que se roba a los ciudadanos, perdón, súbditos, vía exacción fiscal, y de las mordidas que se puedan buenamente trasegar. Así, la misma Carta otorgada de 1978 que padecemos excluye que nadie pueda participar en la vida política si no pertenece a un partido del régimen, por lo que tal actividad se convierte en un embudo por el que solo pasan unos pocos, cuya mediocridad e inmoralidad será garantía de éxito en su carrera política.

Tal inmoralidad se contagia de arriba abajo a la sociedad civil, creando estamentos intermedios de grupos de privilegiados, menos prebendados cuanto más numerosos, que tienen la función de servir de defensa del statu quo, y de ejemplo de cara a la sociedad civil de cuál es el modo -inmoralmente- correcto de medrar en España.

Un ejemplo de esto puede ser la Universidad española, ninguna de las cuales figura en la clasificación de las 100 mejores del mundo; una situación sorprendente para la antaño octava potencia industrial del mundo. Menos sorprendente, sin embargo, si se piensa en su funcionamiento interno, que parece calcado en diversos aspectos del de los partidos del Estado. Así, el proceso de elección de los docentes es escandalosamente endogámico, con tribunales mayoritariamente formados por miembros de cada institución, por lo que el candidato "de la casa", en tanto que cuente con el favor de sus padrinos, obtendrá "su" plaza, independientemente de sus méritos. La mediocridad y el servilismo pueden ser, en ocasiones, factores determinantes tanto en un cursus académico como político. Si a esto se une la escasa docencia (danse incluso escándalos como los de los catedráticos que envían a sus becarios a dar clase por ellos, tragando éstos con tal abuso por su ambición de hacer carrera), los permisos ad libitum, las subvenciones sin auditoría, la indefensión total del alumno ante la posibilidad de calificaciones arbitrarias, y la no necesidad de justificar una labor investigadora para cobrar elevados sueldos, puede entenderse que, en ocasiones, la universidad sea el lugar donde el joven aprende -lejos ya del control férreo que se puede ejercer sobre el profesor de Enseñanza Media- la necesidad de la picaresca, de la sumisión ante la arbitrariedad, y de la mediocridad voluntaria si se quiere hacer una carrera, primero, en los "templos del saber", y, luego, si se tercia, en la política partidocrática.

domingo, 15 de enero de 2017

LIBERTAD DE PENSAMIENTO



Entre 1938 y 1965 Arthur Kaufmann compuso su tríptico Die geistige Emigration, "la emigración intelectual", en el que retrata a un grupo de representantes del mundo de la artes y las ciencias de lengua alemana, huidos a Estados Unidos desde el dominio del III Reich nacionalsocialista.

Estas personas perdieron su libertad de expresión en sus países de origen, pero no la de pensamiento. En la Europa de nuestros días, y centrándonos en España, existe un modo de totalitarismo difuso que ataca directamente a la libertad de pensamiento. Es lo que ha venido a llamarse consenso, que, como modus agendi de la oligarquía política, ha acabado permeando a la sociedad civil. El consenso es en sí antidemocrático y antiintelectual, pues exige el sometimiento a una postura apriorística, en nombre del acuerdo y la concordia, eufemismos de una servidumbre voluntaria que es característica de las sociedades civiles sometidas a los regímenes partidocráticos como el español.

Llegar a un consenso, pues, es la ambición máxima de cualquier reunión o encuentro, sea en la administración o en la sociedad en general. El disenso, por otra parte, sufre además el acoso combinado de lo políticamente correcto, el comunitarismo, la ideología de género y el buenismo, elementos de la ideología nihilista socialdemócrata, que se caracterizan por su afán de modificar y controlar el lenguaje como vía directa de control del pensamiento.

Así pues, la persona que no quiera limitarse a repetir los eslóganes que le han enseñado en la escuela o en los medios de comunicación, se encontrará con recursos asumidos de autocensura mental, que le llevará a evitar lo que pueda considerarse conflictivo, capaz de herir susceptibilidades, o lo que se afirme con cierta rotundidad y seguridad.

Estamos, en fin, en una época en que adquiere plena validez la afirmación de Thomas Mann de que el que desafía las ideas hechas de una sociedad es un héroe.