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sábado, 17 de junio de 2023

ENTRE VOTACIONES

 



Al día siguiente de las votaciones (que no elecciones, que eso es otra cosa) municipales del 28-M salió el presidente del gobierno para anunciar votaciones generales el 23-J, con evidente deseo de "contraprogramar" como se dice ahora en los medios, y hacer pasar a un segundo plano su derrota en las urnas; era también un cálculo, no ya partidista, sino personal, el que le llevaba a proponer esa fecha, calculada, según sus previsiones, para obtener el mejor resultado posible, presentando al PSOE -ya se sabe, "la casa común de la izquierda", el partido que, de acuerdo con el llamado PSOE state of mind ha determinado la vida política, social y cultural de la sociedad española desde que se configuró como heredero de la base social del franquismo- como la opción de voto útil frente a los partidos a su "izquierda" a los que acababa de pillar por sorpresa en medio de sus divisiones cainitas, frente al PP -su cara B en el fondo, su marca blanca, tan globalista y otanista como el partido de la rosa- y sus adláteres de "extrema derecha". Un magistral órdago a la grande de un trilero de la partidocracia, quizás el más señero que han dado estos tiempos.

Igual que en el Callejón del Gato valleinclaniano, las imágenes deformadas de nuestro régimen político que devuelven los medios son cada vez más extravagantes al par que veristas, y sólo la ignorancia, el cálculo de beneficio y de medro, y el sectarismo que, basado en el principio de identificación -que no de representación- que fundamenta el Estado de partidos, lleva a millones de votantes a actuar como fanáticos hinchas de fútbol, sostienen la mentira fundacional del poder político.

La política es la lucha por el poder (y los cargos, y la creación de redes clientelares) que, si no se desarrolla en el marco de una democracia formal -separación de poderes en origen y representación política vehiculada en un sistema electoral mayoritario con elecciones separadas para el poder legislativo y el ejecutivo-, se basará en la corrupción como factor de gobierno, y en el consenso como tapabocas de la disidencia.

Sería ingenuo, por otra parte, pensar en la democracia "para un solo país", pues lo que propio de un partidocracia es que sus oligarquías -que no representan a la nación en un ningún parlamento elegido al efecto- se vendan y vendan los activos nacionales a la potencias que controlan los flujos de deuda, que permiten a estas castas mantener sus aparatos estatales de despilfarro.

Este sometimiento a los intereses extranjeros está siendo sangrientamente notorio en el caso de la intervención de Rusia en la guerra civil de Ucrania, convertida en una guerra de desgaste contra aquélla por parte de EE.UU. y la OTAN, contra los intereses económicos de los países europeos, "el mundo libre" partidocrático. Así, hemos podido ver al sr. Borrell, Mr. Abengoa, que habla en nombre de todos los europeos sin que nadie lo haya elegido democráticamente, pedir el rearme conjunto de la UE, lo que beneficiará -quien lo diría- a la industria de la muerte norteamericana, aunque eso perjudique ahora a partidas de gasto social. Borrell, procedente de las más refinadas capas europeístas del corrupto PSOE, es un palmario representante de esa clase partidocrática transnacional que se instala por el dedo de amigos -en este caso Von der Leyen, ambos con un común amigo norteamericano- al frente de instituciones que deciden sobre las vidas y las haciendas de millones de personas, carentes de control ciudadano. 

Es, pues, una perfecta dictadura lo que se nos vende, envuelta en aparentemente filantrópicos proyectos como la siniestra Agenda 2030, destinada al sometimiento de la población a los intereses del capitalismo globalista, que, eso sí, convive sin ninguna contradicción con la promoción de la guerra en territorio europeo, como si viviéramos en la euforia belicista previa a la Primera Guerra Mundial, y donde faltan los Romain Rolland que apuesten por la paz, solos contra el mundo.


domingo, 10 de noviembre de 2019

HOY VOTAS, PERO NO ELIGES A NADIE QUE TE REPRESENTE





Edward Kelty



Hoy votas, sí, y todo lo que te rodea te induce a eso (familiares, amigos, medios monotemáticos de comunicación), y te dicen que es eso lo que hay que hacer en democracia. No obstante, también se votaba bajo Franco (aquel cuya exhumación consideran sus hijos políticos como el cierre del círculo de la "democracia"; pura apariencia como lo que hicieron los sucesores de Stalin con los restos de ese otro dictador), ¿y eso era democracia?. Como tu más que verosímil respuesta será no, habrá que tener claro qué es la democracia, y cómo el sucedáneo que te ofrecen en su lugar te permite votar, como Franco, pero no elegir un representante para los dos poderes principales, el legislativo y el ejecutivo.

La democracia es una forma de gobierno en la que la nación legisla a través del poder legislativo, formado por diputados reunidos en un congreso o asamblea que proponen y votan leyes, que la nación luego ejecuta a través del poder llamado ejecutivo, cuyo presidente, que forma gobierno (que a su vez puede hacer propuesta de leyes al legislativo para su debate y eventual aprobación), debe ser elegido en elecciones separadas de las legislativas. A esta clara separación de poderes, se une el llamado poder judicial, poder presque nul "casi nulo" según Montesquieu, que se limita a aplicar las leyes, y que debe ser autónomo en la elección de su consejo de gobierno. 

En nuestra España neofranquista, en cambio, hay unas únicas "elecciones" en las que se "elige" a ambos poderes centrales: mediante un sistema electoral proporcional de listas de partido, en el que el votante no hace más que ratificar unas listas de candidatos creadas por un puñado de oligarcas de partido, estos diputados, que no son más que empleados del jefe que los ha puesto en las listas, una vez en el congreso legislativo lo eligen como candidato a presidente del ejecutivo en un juego en el que nadie pierde, pues el sistema proporcional asegura un reparto de cuotas de poder en el Estado, que es, en el fondo, lo que les interesa obtener a todos. Así pues, el votante del régimen partidocrático se ve totalmente desamparado, pues nadie habrá que represente los intereses de su distrito, y que procure llevar sus problemas a la Asamblea Nacional, produciéndose el espectáculo escandaloso de ver como diputado de Cádiz a gente que nunca ha vivido aquí, pues lo único que importa es completar una lista de fieles al oligarca de cada partido, por lo que su competencia y utilidad legislativa es superflua, ya que los proyectos de ley suelen hacerlos gabinetes especializados de empresas del IBEX, el verdadero poder, al que tanto los llamados partidos de izquierda como de derecha -todos en el fondo socialdemócratas pues viven en y del Estado- se someten, al tiempo que disimulan esta realidad haciéndose adalides de una política de "democracia social", que sirve mayormente para subvencionar a cuadrillas de adeptos.

Lo más trágico, en fin, es que el votante no se plantea siquiera esta forma de despotismo y parasitismo al que se ve sometido gustosamente, pues lo que hace con su voto es proporcionar dinero y puestos de trabajo a una oligarquía -que no élite-, que se constituye en el acto en clase política que mira exclusivamente por sus intereses, que identifica, al tiempo, con los del Estado. Y cree, a la postre, que con el solo hecho de haber votado, llevado por fobias ideológicas o por burdos cálculos de intereses, ha cumplido con su deber democrático, sin darse cuenta de que ahonda con cada voto en la fosa de su servidumbre voluntaria a un régimen que lo explota, y que es nocivo para su dignidad e intereses. De modo que, por lo pronto no votes hoy, y párate a pensar en que no cuentas con libertad política.

jueves, 18 de abril de 2019

¡VOTAD, EGABRENSES!




Es conocida la anécdota ocurrida en las Cortes Franquistas durante una intervención de don José Solis Ruiz, a la sazón Ministro Secretario General del Movimiento, y natural de Cabra (Córdoba), en la que defendía el aumento de horas de deporte en los colegios en detrimento del latín, con frases, al parecer, como "porque en definitiva, ¿para que sirve hoy el latín?". A lo que saltó otro diputado, el cultivado don Adolfo Muñoz Alonso diciéndole: "Por de pronto, señor Ministro, para que a su Señoría le llamen egabrense y no otra cosa".

No sabemos si este menoscabo del estudio del latín, ya iniciado en la Ley General de Educación franquista de 1970, y sentenciado por la LOGSE de 1990 y sus variantes posteriores ha tenido algo que ver en las recientes afirmaciones de Pablo Iglesias en una entrevista en Youtube: "¡Votad, cabrones, votad lo que queráis, pero no os quedéis en casa!". Este insulto, que se quiere cariñoso a fuer de perentorio, ilustra la preocupación principal de cualesquiera partidos del régimen del 78, que es la abstención, agitando la amenaza de sus contrincantes políticos, como el que muestra la camiseta del equipo de fútbol propio frente a la del contrario, lo que no empece para que después del partido vayan a tomarse juntos la cerveza del consenso. 

Razones tiene Iglesias, según sus intereses, de estar cabreado, pues por cada escaño que obtienen los partidos que viven instalados en el Estado reciben de él en concepto de subvenciones 21.168 €, 0,81€ por cada voto al Congreso, y 0,32€ por cada voto al Senado, como informa Vozpopuli. Es algo sin duda peor lo que piensa Iglesias para sus adentros de los paganos de la "fiesta de la democracia", aquellos que votan y hacen que todos paguemos de nuestros impuestos a esta casta de vividores del Erario Público y del reparto del botín del Estado, convertidos los partidos, como señalaba Antonio García-Trevijano, en facciones de éste, e instrumentos de su consenso apolítico, pues al no haber representación de los ciudadanos y, por ende, de la hegemonía política en la sociedad civil, tampoco puede existir libertad política ("Si la hegemonía electoral no traduce en las urnas la hegemonía política existente en las relaciones económicas, sociales y culturales de la sociedad, será porque los electores no han tenido libertad de elegir a sus representantes políticos. Eso sucede con la elección proporcional, donde todos los candidatos son elegidos por media docena de dirigentes de partidos estatales. Sin libertad de elegir y con censura de candidatos, no se realiza la fórmula de Gramsci, "gobierno es hegemonía más dictadura". Sin hegemonía civil sólo puede haber dictadura." (Teoría Pura de la República, El buey mudo, 2010, p. 390).

Consigue, sin duda, Iglesias renovar el lema de su partido para la campaña electoral ("La historia la escribes tú"), un tanto pretencioso, y homologarlo con su exabrupto de aparente frescura cuartelera y huera a los de los otros partidos ("Haz que pase", PSOE, "Valor seguro", PP, "Vamos", Cs, "Por España, VOX), adaptados a la mecánica publicitaria de los medios de comunicación generalistas, con los que los partidos viven en simbiosis de intereses e interpretación de la realidad. Es así que los súbditos de esta monarquía de partidos vivimos sometidos a la agobiante presión mediática que hace de los partidos estatales los únicos protagonistas de la vida pública y política estas fechas, sin que quede aire que respirar de posibilidad de libertad o de cuestionamiento del régimen actual. En ese Matrix mediático no hay luces que iluminen la reflexión sobre una vía de escapatoria, que pasa necesariamente por considerar el votar no como un deber, sino como un derecho político.

Por otra parte, insultar a los votantes llamándoles "idiotas" o "corruptos" si se defiende la abstención electoral activa, parece un mal copia y pega del pensamiento del pensador político granadino y fundador del MCRC, propia de cierto autismo intelectual y de una soberbia que no condice con los propios méritos, pues García-Trevijano exigía siempre una corrección exquisita en la expresión de los principios. Ciertamente, ni pegatinas, ni camisetas ni memes pueden remplazar la voz y la palabra que pedía Blas de Otero, la voz educada y divulgada en el medio creado por García-Trevijano como vehículo verdadero de convencimiento. La voz que no tiene ahora el MCRC.


domingo, 24 de febrero de 2019

VOTACIONES E INDEMNIZACIONES




Se han convocado finalmente votaciones en nuestra partidocracia, que se haya por otra parte, a través de sus medios de comunicación de masas, en perpetua campaña electoral. Convocar votaciones generales, europeas, y autonómicas en una sola fecha hubiera, sin duda, ahorrado dinero al súbdito contribuyente, pero como la casta política, por su propia esencia estatal, es enemiga y abusadora de la sociedad civil, convoca en dos fechas distintas para que los partidos puedan gastar el 100% del máximo establecido por la Ley para esa campaña, y, un mes después, puedan usar el 100% del gasto máximo fijado para esa segunda fiesta de la pseudodemocracia, gastos todos subvencionados por el Estado en el que anidan los partidos de este régimen oligárquico. Por otra parte, los diputados tendrán derecho a una llamada "indemnización de transición" por disolución de las cámaras.

Las dos noticias aludidas son síntoma de la inexistencia del principio de representación, propio de la democracia formal, en nuestro régimen de partidos. El partido, cuyos cargos electos integrados en listas que sólo representan al jefecillo que las crea y que luego el votante se limita a refrendar, saca del Estado en el que se ha instalado, pues aquél no forma parte de ninguna sociedad política intermediaria entre sociedad civil y Estado, una cantidad ingente de dinero que proviene de los bolsillos de los súbditos a los que luego se quiere presentar como protagonistas de esas farsas electorales de las que tantos viven, quienes, incluso, aspiran a ser indemnizados en los periodos de interregno, pues de ninguna manera tienen conciencia de representar a los electores de un distrito; al contrario, esperan cobrar de una estructura de poder integrada en el Estado y que ha secuestrado la actividad política.



Imagen: elmundo.es