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viernes, 21 de agosto de 2026

LA AUSENCIA DE LIBERTAD POLÍTICA COLECTIVA EN LA UNIÓN EUROPEA

 

Últimamente pienso que no me gustaría vivir para ver la Tercera Guerra Mundial, a la que sin duda no sobreviviría. A mediados de los años 60 del siglo XX, cuando nací, la Segunda Guerra Mundial no quedaba tan lejana en el tiempo, y muchos de los tebeos, películas, enciclopedias, y libros que leí en mi infancia y primera juventud versaban sobre esa gran conflagración. Luego, en los años 80 ciertas películas y canciones me hicieron tomar conciencia del peligro mortal para la Humanidad que representaría una guerra nuclear iniciada entre los dos bloques de poder entonces existentes.

Ahora, mientras buscamos cómo divertirnos, olvidándonos de una vida diaria cada vez más cara y siniestra, el parlamento europeo (ése donde el PP y el PSOE votan lo mismo al 87%) ha aprobado nuevas partidas millonarias para Ucrania y el uso de armas occidentales de largo alcance contra territorio ruso (ahora que los UEA están de campaña electoral). El presidente de la Duma rusa recordó entonces que uno de sus misiles podría alcanzar la sede en Estrasburgo de tal institución corrupta y oligárquica -eso lo digo yo- en unos tres minutos. Es evidente que se ha perdido el miedo a la disuasión nuclear y nos encontramos en una situación peor a la de la de los crisis de los misiles de Cuba, por culpa de una oligarquía a la que no le importaría tirarnos a todos por la borda, para proteger sus privilegios.

Esto tal vez no sería posible si dicha UE fuera una organización democrática, es decir, formada por verdaderos representantes elegidos por los electores. Todo lo contrario: el parlamento europeo, cuyos miembros son elegidos por el sistema partidocrático proporcional de listas de partido de obediencia debida al aparato de éste, no tienen realmente un poder legislativo -el de promulgar y aprobar leyes-, que presuntamente comparte con el Consejo Europeo (a cuyos miembros llegan casi sin variar una coma los proyectos elaborados por la cuarentena de Agencias que orbitan en torno al Leviatán UEropeista), ya que la verdadera iniciativa legislativa corresponde a la Comisión Europea, formada por políticos propuestos por los distintos gobiernos. (Así hemos visto recientemente a Teresa Ribera, tan antinuclear en España, proponer un plan de desarrollo nuclear en UEropa como nueva comisaria).

Tenemos, de tal suerte, una institución hiperburocratizada que arropa y promueve lo más podrido de las corruptas partidocracias del continente, y cuyo objetivo principal, aparte de la autopromoción, es el de servir a los intereses económico-belicistas de los EUA, de las grandes corporaciones transnacionales angloamericanas, y también al beneficio de terceros países, como Marruecos, y otros lobbies maletinescos. Todo eso, de forma evidente, en perjuicio de países comunitarios como el nuestro, España.

La lucha por una democracia representativa (elección de diputado uninominal de distrito sin listas de partido y separación de poderes) no puede ser cosa de un solo país, sino que implica la necesaria demolición de la actual estructura oligárquica de la UE, que nos carga de impuestos y regulaciones, pretende controlar nuestra vida y dinero mediante el futuro euro digital, eliminar la libertad de expresión acusando a la disidencia de "desinformacion" y creando delitos de opinión que llama "delitos de odio"; que nos atiborra de su ideología obligatoria, destruye nuestra agricultura, nos dice lo que tenemos que comer y cómo vivir en una deriva dictatorial que sin duda podría inspirar a un nuevo Orwell.

Nada de esto puede iniciarse sin habituarse de nuevo a decir 'no': No a la guerra, no a la corrupción, no a las imposiciones de los burócratas sociópatas UEropeistas, nueva cacocracia parasitaria, no al adoctrinamiento de los grandes medios de comunicación y de la escuela, no a los objetivos de desarrollo insostenible; no, en suma, a todas las mentiras que quieren convertirnos en esclavos, aún más agradecidos si cabe, del régimen que nos estrangula y nos empobrece, para pedirnos luego el voto con el que mantienen su modo de vida, mientras nos ofrecen, a cambio, una piadosa eutanasia, cuando no podamos llegar hasta la urna.


domingo, 1 de abril de 2018

VIOLENCIA Y LIBERTAD POLÍTICA COLECTIVA





Berenice Abbott


"Si el propósito no es la conquista del Estado, como en los tiempos del fascismo y del comunismo, ni su eliminación como en la creencia anarquista, sino la apertura de un periodo de libertad política constituyente en la sociedad civil, no hay lugar para la violencia" (A. García-Trevijano, Teoría Pura de la República, El buey mudo, Madrid, 2010, pp. 626-627)


En el capítulo VII, "Filosofía de la acción constituyente" del libro III de Teoría Pura de la República D. Antonio García-Trevijano establece como principio que "la teoría constituyente de la R[epública] C[onstitucional] es filosofía de la acción" (p. 604), rechazando acto seguido la creencia de que lo teórico se realiza mal en la práctica a causa de la condición humana, pues tal objeción es válida para las teorías utopistas o idealistas, "pero no en las concepciones realistas de la política, que en ningún aspecto se apartan de la condición humana" (ibidem). El pensamiento realista es, pues, la base de la filosofía de la acción constituyente.

Hasta tal punto es así, que "la idea de la República Constitucional, sojuzgada en las Repúblicas y Monarquías de partidos, no se realiza siquiera en teoría sin un esquema realista del tipo de acción y grado de intensidad requeridos" (pp. 611-612). El autor señala el imperativo carácter aristotélico de los revolucionarios de la libertad política colectiva, cuyos fines son reales porque son probables y realizables, frente a la rigidez determinista de los intelectuales partidocráticos, pues "la Teoría Pura rechaza radicalmente la creencia de la filosofía fascista (Gentile) en la brutal idea hegeliana de que el actualismo del poder existente, el del Estado, sea la única racionalidad posible de la realidad. Si todo lo real fuera racional, tan irracional sería oponerse al poder realizado en la dictadura como en el Estado de partidos. La República sólo podría venir entonces de un acto de fuerza bruta, de un golpe de Estado o de una sublevación violenta que, sin libertad política, la impusieran como otra actualidad sin libertad. No sería República Constitucional sino otra vez Constitucionaria" (p. 613).

Precisa D. Antonio que los principios generales que deben guiar la acción son tres: continuidad, homogeneidad, y retroacción. Concretamente, sobre la homogeneidad afirma que "la consigue el principio de que los medios han de tener la naturaleza pacífica de los fines, y ser adecuados a la inteligencia de la finalidad que pretenden" (p. 617). Así pues, "la nueva teoría de la verdad=libertad, y la propia condición democrática de la República Constitucional, son incompatibles con cualquier tipo de acción que se proponga la conquista del poder político, sin someterse previamente a la conquista de la hegemonía política en la sociedad civil o, mejor dicho, en los ámbitos culturales de una sociedad plural y moderna" (p. 627), añadiendose que "por ser pública, continua y gradual, la acción republicana se separa abisalmente de las acciones secretas, repentinas, discontinuas y técnicas, típicas de los golpes de Estado" (ib.).

En conclusión, puede afirmarse que las acciones violentas son ontológicamente contrarias a la filosofía de la acción constituyente, pues no sólo quiebran el carácter público, continuo, gradual  y pacífico de la acción republicana, sino que, concordando con la doctrina megárica de necesaria racionalidad de lo real combatida por Aristóteles, llevarían al poder a la fuerza del régimen de poder preexistente (ejército, masas en armas guiadas por una facción política) que pareciera más adecuada para encarnar o simbolizar al Estado ya constituido. Nos encontraríamos, pues, ante una República Constitucionaria, no Constituyente. Es sin duda, loable combatir dictaduras y tiranías para derrocarlas, pero esa lucha es distinta a la librada por alcanzar la libertad política colectiva.

domingo, 4 de marzo de 2018

HOMENAJE A ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO





El pasado veintiocho de febrero falleció de manera inesperada D. Antonio García-Trevijano, insigne jurista y pensador político, fundador y presidente del MCRC. Un gigante de su energía y determinación parecía imposible que se muriera, pero la vida es así de frágil y precaria, y pende del hilo sutil de la Parca. Prefiero en esta ocasión hablar de D. Antonio a través de mi experiencia, pues me ha acompañado en diversos momentos de mi perecedera existencia. Conocí a D. Antonio a través de esos inolvidables debates del programa La clave cuando era un adolescente, y, aunque no era capaz de medir consecuentemente el alcance de sus palabras, quedé magnetizado por esa figura que habla con tanta autoridad sobre "La vida de las abejas" de Maeterlinck. Comentaba yo años después y rememoraba con un amigo, que había venido a pasar temporadas en invierno en la casa de verano de la familia, aquellos programas en su jardín, sin que él ni yo fuéramos tampoco capaces de sondear la profundidad de su mensaje.

Tiempo después D. Antonio reapareció en mi vida en forma de libro, "El discurso de la República", libro que devoré, sin ser siquiera entonces capaz de sintetizar su pensamiento, y extraerme completamente del Zeitgeist de la partidocracia ambiente, y sus medios de comunicación. Pero, por así decirlo, la semilla de la sospecha estaba ya sembrada en mi (habría que añadir a D. Antonio a la famosa tríada de maestros de ésta), aunque el libro cayera de mis manos.

Finalmente, en torno a 2012 descubrí en internet una entrevista a D. Antonio en la que hablaba de la existencia de una radio suya en abierto, Radio Libertad Constituyente. La sintonicé, y su discurso me galvanizó, y atrapó de inmediato: todas las piezas encajaban por fin, y ya no pude alejarme mucho de su voz rotunda. Vinieron de seguido más lecturas, y la búsqueda en Cádiz de oyentes y lectores de García-Trevijano. Conseguimos aglutinar un pequeño grupo que empezó a reunirse con cierta asiduidad, y consideramos necesario trasladar esta iniciativa de formar grupos provinciales y estables a D. Antonio. Entré en contacto con su secretaria, y, aprovechando un viaje con mi mujer a Madrid en invierno de 02016, fui invitado con ella a asistir como público a la grabación de una de sus emisiones de radio en su casa de Somosaguas. Para un modesto amante del arte entrar en aquella mansión fue un verdadero choque: ver aquel Donatello colgado en el vestíbulo era más de lo que podía imaginar (luego me dijeron que es su única obra que se encuentra en colección privada), pues aquella vivienda era en sí un museo: las distintas estancias estaban amuebladas y decoradas con piezas de mobiliario, cuadros y esculturas que venían desde la antigua Grecia, hasta, por ejemplo, Dalí; muebles del siglo XVII (este tipo de coleccionismo revela la finura de un verdadero coleccionista de arte), cuadros de la escuela flamenca, del Barroco, del s. XIX -aquel cuadro parece un Fortuny, me acerco, ¡y es un Fortuny!-, aparte de una doble biblioteca en una planta subterránea. Un espacio creado por un especialista en arte para su propio disfrute; algo, sin duda, extraordinario, pero que, con todo, palidecía ante la presencia de D. Antonio, que se encontraba sentado en la mesa de grabación frente a la cristalera, gracias a la que comentaba los colores del día y los sentimientos que le inspiraba -quise yo también ese paisaje que había tantas veces oír descrito, y lo fotografié como se puede ver arriba-. Me dio casi vergüenza ofrecerle mi edición en tapa dura de El origen y engrandecimiento de la ciudad de Verona de Torello Saraina que le traía como obsequio, y, comentamos algo sobre la ciudad, que D. Antonio había visitado. Con un gesto anunció que continuaba la grabación del programa, que escuché con otros invitados sentados en aquel saloncito con vistas al exterior. Era un día de mucho ajetreo, pues había un equipo rodando el documental Maverick sobre la vida de D. Antonio, y preparaban una entrevista con él; por todo lo cual no pude hablar mucho; algunas palabras sobre arte, aunque pude, en cambio, observar su energía infatigable y su concentración absoluta en lo que hacía. Un rato se tumbó en la chaise longue que se ve en la fotografía de abajo, y se adormiló. Pude ver como sólo entonces relajaba la tensión de su barbilla bajo el cobertor que le tendió encima su secretaria. Asimismo, tuve oportunidad de conocer a otros repúblicos por aquellas salas y jardines, y me despedí de D. Antonio cuando iniciaba la grabación de una entrevista con Paco Bono para el citado documental.

Volvimos a Madrid en diciembre con Fulgencio del Hierro para asistir a la Primera Asamblea de Repúblicos, que fue la apoteosis de D. Antonio. Se acusa a D. Antonio de soberbia, aunque, en su caso, me parece que se trataba más de rechazo a la falsa modestia de aminorar la expresión de la propia valía. Una anécdota al respecto: señaló en la asamblea por lapsus memoriae que Étienne de la Boétie era amigo de Descartes, y, yo, cuando subí al estrado para que me firmara un ejemplar que había comprado de "El discurso de la República" que yo había donado a la biblioteca de mi instituto en su día, le recordé que era Montaigne y no Descartes el amigo; me lo agradeció infinitamente, reflejándolo en la dedicatoria que me hizo. Nada más impropio, pues, de un soberbio pagado de sí mismo.

Lamento, en fin, inmensamente, que se haya vuelto invisible, pues no puedo decir que haya muerto, dado que el virus de la libertad que inoculó en mi y en otros mucho más dignos que yo no tiene, afortunadamente, cura, y sólo nos cabe vivir en simbiosis con él, como el protagonista de La montaña mágica, obra que él tanto admiraba.



miércoles, 21 de junio de 2017

GOBIERNOS DEMOCRÁTICOS A EXAMEN





Ernesto Thayaht, Il grande nocchiero, 1939




En los últimos exámenes de Selectividad en Andalucía ha provocado una gran polémica la prueba de historia de España, en la que la pregunta versaba sobre el último tema del temario, "Los gobiernos democráticos". Numerosos alumnos, cuyos profesores no habían tenido tiempo material de llegar a aquél, han visto comprometido su futuro, al quedar condicionada la elección de carrera por la reducción en su media provocada por los malos resultados en este prueba.

Para un profesor en activo y a sus alumnos puede parecer difícil concebir que la Comisión que prepara estas pruebas rice el rizo de la dificultad eligiendo tal última parte del temario. Sin embargo, para la mentalidad socialdemócrata de los miembros de dicha Comisión no puede haber parte de la historia de España más importante y más digna de ser obligatoriamente conocida que la de los gobiernos de la partidocracia instaurada por el sucesor de Franco y sus secuaces del régimen franquista y de la oposición consentidora. Así, la Transición, que ya ha sido objeto de pregunta en años anteriores, palidece en importancia ante los gobiernos de los González, Aznar, Zapatero y Rajoy, consolidadores del régimen antidemocrático en el que vivimos, sin libertad de representación política ni separación de poderes, al que los medios de comunicación de la hegemonía cultural y la Enseñanza acólita siguen llamando a las mil veces goebbelianas "democracia".

Lo ocurrido, pues, es una desgraciada demostración adicional de que la mentira en que se basa nuestra vida social y política cotidiana, que necesita ser mil veces repetida haciendo además tabla rasa de lo anterior, sigue cobrándose víctimas en donde menos se espera.

sábado, 3 de junio de 2017

BUSCAR LA LIBERTAD POLÍTICA COLECTIVA NO ES NEOLIBERAL




George Washington y Bernie Madoff (Weimar art blog)


El neoliberalismo o liberalismo de nuestros tiempos no es democrático, pues no concibe la libertad política colectiva, contentándose con los regímenes parlamentarios a cuya sombra creció. Queda, por otra parte, en el terreno de lo utópico, pues la desregulación absoluta de la economía es una pura quimera. Moralmente es también rechazable pues pensar en poner la organización de la sociedad en mano de los ricos es aberrante (aunque es ya sabido que son los gabinetes técnicos de las empresas del IBEX los que elaboran las leyes que luego aprueba en su parlamento la oligarquía partidocrática, que es de una mediocridad descorazonadora).

Lo mismo que es absurdo considerar neoliberal la búsqueda de la libertad política colectiva, sería igual de incongruente tenerla por comunista, pues éste apuesta por la revolución de la libertad, no de la igualdad, utopía con la que se llenan la boca los viejos y nuevos demagogos como los de Podemos, cuya ambición totalitaria se enmascara bajo su propuesta de democracia social que choca contra la propia naturaleza humana, marcada por la desigualdad. En cambio, la consecución de la libertad política colectiva podría facilitar la reducción de la desigualdad de oportunidades tomada como uno de los rasgos de la sociedad neoliberal.

  



sábado, 27 de mayo de 2017

MATRIX ESPAÑA





En la película Matrix (2000) Morfeo señalaba a su pupilo Neo que resultaba imposible rescatar a las personas del mundo virtual en que vivían a partir de cierta edad, al estar tan acomodados a ella que la conciencia de su servidumbre voluntaria les resultaba insoportable.

En la España actual resulta también insoportable la idea de que no hay democracia. Nos hemos acostumbrados a vivir en un simulacro donde se nos hace creer que por votar cada cuatro años participamos en una "fiesta" donde ejercemos un deber cívico, y tomamos parte determinante en la vida política del país, eligiendo, por ende, a los representantes de la soberanía nacional. Así se nos martillea constantemente desde los medios de comunicación y sus tertulias, donde no se cuestiona nunca las reglas de juego de quienes los sustentan, la clase política, garante de nuestras libertades desde la promulgación de la Constitución del 78, "que nos costó tanto conseguir", como se oye a menudo.

Pero no hay nada más lejos de la realidad: en España no hay democracia, porque, por una parte, la presunta Constitución de la que disfrutamos no nació de unas Cortes Constituyentes, sino de las reuniones secretas de un grupo de notables del Franquismo y de la ex oposición oportunista ansiosa de participar en el pastel del poder, y, por otra parte, porque dicha Constitución, para que pudiera considerarse como tal según estableció Montesquieu, debería reconocer la separación de poderes y el principio de representación política, como garantía juridica de la libertad política colectiva. Pero no hay separación de poderes, sino separación de funciones, como en el Franquismo, lo que está en el germen de la corrupción generalizada como motor del régimen partidocrático que sufrimos, y el sistema electoral proporcional, consagrado en la Constitución -cosa inaudita en nuestros entornos constitucionales-, sólo sirve para refrendar las listas electorales creadas por los jefecillos de los partidos, cuyos diputados no representan, pues, a sus electores, sino al jefe que los ha puesto allí, a quien deben una obediencia, ante la que los militares argentinos de la época de Videla quedarían como unos James Dean desbocados.


"Recuerda que sólo puedo ofrecerte la verdad", le advirtió Morfeo a Neo antes de que tomara la pastilla de su liberación, poniéndole delante de las dolorosas consecuencias de su valerosa elección. En España no hay democracia, esta triste certeza, que hace vacilar el suelo bajo nuestros pies, no nos deja más remedio que pasar a la acción, pues, como Neo, ya no tenemos vuelta atrás.

domingo, 23 de abril de 2017

EL (CASI) PERFECTO SOCIALDEMÓCRATA





Otto Dix



El socialdemócrata de nuestros días encuentra radical cualquier afirmación de certeza política que se presente como tal, y, no como sujeta a relativización; prefiere, pues, las opiniones que caigan en el dominio de lo soft y light, de acuerdo con la sentimentalización con la que sustituye el pensamiento crítico, que se manifiesta en el predominio de la consigna emotiva sobre el criterio. Esa será, por ejemplo, la opinión que le merecerá la idea de la falta de libertad política colectiva, que le obligaría a sacudir su conciencia voluntariamente adormecida, y apartarse de las causas que prefiere defender, y que le permiten justificarse a sí mismo como "progresista" sin cuestionar el statu quo político, el de la partidocracia corrupta y protototalitaria, y al mismo tiempo colocarse bajo el paraguas del Estado, que quizás llegue incluso a subvencionar sus iniciativas políticamente correctas en el terreno medioambiental y ciudadano. En este aspecto, sería preciso hacer una distinción entre las personas verdaderamente altruistas, y el socialdemócrata; aquéllas colaborarán, por ejemplo, con sociedades protectoras de animales, ONGs humanitarias, y voluntariados de ayuda a necesitados, es decir, estarán dispuestas a sacrificar tiempo y dinero por los demás.

Por otra parte, su proverbial afabilidad, la tolerancia que le caracteriza (la tolerancia entendida como virtud de las oligarquías, la de los que se consideran superiores a los demás, frente al respeto, virtud de los demócratas, que consideran a los demás sus iguales -es sintomático, pues, que estas gentes hablen constantemente de tolerancia, no de respeto-) sucumben a veces inesperadamente a súbitas explosiones de ira ante cualquier "retrógrado", al que lleven ya demasiado tiempo tolerando en su benevolente hipocresía.

sábado, 4 de marzo de 2017

CÁDIZ, MÓNADA ELECTORAL REPUBLICANA






Detalle de la maqueta de Cádiz de 1779 (Museo de las Cortes de Cádiz)




En su obra "Teoría Pura de la República" D. Antonio García-Trevijano estudia el sujeto de la representación política; rechaza que sea el individuo, como creyó la Revolución Francesa, o la clase social, como pensó el comunismo, y tomando de Leibniz el concepto de mónada entendida como unidad irreductible, crea la noción de mónada electoral:



 “En una comunidad nacional homogénea de gran extensión territorial, con abundantes vías de comunicación y de información, se pueden percibir peculiares diferencias de personalidad colectiva, que aún perduran en regiones definidas por su cultura lingüística, jurídica o folclórica, y en municipios rurales alejados de las grandes urbes. Esas peculiaridades, que deben reflejarse en las elecciones municipales, carecen de entidad suficiente para considerarse ajenas a un cuerpo electoral de ámbito nacional. En las elecciones presidenciales, el conjunto de ciudadanos con derecho a voto constituye una homogénea y única mónada electoral.
     Para que en las elecciones legislativas exista la misma o similar homogeneidad social, los distritos electorales han de contar con la población mínima que reproduzca la estructura social de la comunidad nacional. Ese problema no se plantea en las ciudades de más de cien mil habitantes. Pero, por las razones apuntadas en la anterior introducción al tema electoral, la necesaria igualdad demográfica de las circunscripciones electorales exige que la unidad representativa de la pluralidad social, sea el censo electoral correspondiente a cien mil personas vecinales o comarcales. Cada distrito electoral constituye así la unidad irreductible de la representación política en mónadas sociológicas res-publicanas, incluso en las Monarquías. La desusada palabra mónada responde a la actual novedad del concepto político que expresa.

[...]

La mónada de distrito, no los individuos ni los partidos, es el único sujeto posible de la acción política de representar, así cómo la mónada nacional es el único sujeto posible de la acción política de ejecutar. Los diputados tienen el monopolio de la representación particular, el presidente de la República, el de la ejecución representativa de lo general. En aquéllos domina la representación sobre la representatividad, en éste, lo representativo sobre lo representante, pues ha sido elegido para un cargo de ejecución y no de representación”
cf. A. García-Trevijano, Teoría Pura de la República, El buey mudo, Madrid, 2010, pp. 467-468, 473


España quedaría, pues, constituida en unas 400 mónadas electorales de unos cien mil habitantes, microcosmos representativo del macrocosmos sociológico nacional. Dichas mónadas constituirían distritos electorales uninominales a doble vuelta según el sistema electoral mayoritario, y no el proporcional de listas cerradas y bloqueadas de la partidocracia, que elimina así el principio de representación política, y por tanto, uno de los pilares de la democracia formal junto a la separación de poderes.

Cádiz capital formaría de por sí una mónada republicana, porque representa la totalidad de la cosa pública (res publica) que es la materia de la República. De la mónada republicana gaditana saldría elegido un solo diputado que se integraría en la cámara de representantes legislativa, sujeto, empero, a una posible revocación si no cumpliera el mandato otorgado por los electores.

Cuán lejos queda esto, en fin, del sistema neofascista de integración de las masas en el Estado, que caracteriza al sistema electoral proporcional, en el que los votantes no hacen más que refrendar lo que ya han elegido los jefes de cada partido (no olvidemos que en España nadie puede presentarse a los comicios si no forma parte de un partido), y en el que los diputados se sienten naturalmente desvinculados de los intereses de su distrito, y no tienen siquiera que conocerlo, pues sólo están para obedecer las consignas de aquél o aquéllos a quienes deben el sustento.

viernes, 24 de febrero de 2017

PARALELISMOS HISTÓRICOS EN EL 23-F





Escuchaba a Antonio García-Trevijano en un programa dedicado al 23-F trazar unos curiosos paralelismos históricos entre ciertos episodios de la Revolución Francesa y el fallido golpe de estado de 1981. Recordaba el politólogo español que la fracasada huida del rey Luis XVI, detenido en Varennes en junio de 1791, que le suponía en virtud de un decreto de la Asamblea de marzo previo la pérdida de sus poderes reales, fue disimulada por los diputados de dicha Asamblea (que perderían consecuentemente sus diputaciones y estatus) en un secuestro, paradójicamente realizado por los mismos monárquicos acérrimos que formaban el numeroso séquito real en su fuga. Llegaron, así pues, las dos partes a un pacto secreto, por el que los diputados no revelarían al pueblo la felonía del rey, y éste aceptaría renunciar a su derecho de veto constitucional y a sancionar el fin de los privilegios feudales. Fue la posterior aprobación de la inviolabilidad de la persona real, la que provocó la división de los jacobinos, de los que una parte, en la que descollaba Condorcet, abogó claramente por la institución de la república, y fueron subsiguientemente represaliados. Éste fue, según el historiador François-Auguste Mignet, el comienzo de una segunda fase en la Revolución, que, a diferencia de la primera que había consistido en la revuelta de las clases medias contra la aristocracia, radicó en la insurrección del pueblo contra las clases dirigentes, encarnadas en los políticos profesionales de la Asamblea y el Rey. Posteriormente, al ser descubiertas las intrigas reales para acabar con la revolución favoreciendo la invasión de tropas absolutistas extranjeras, fueron esos mismos diputados que habían, primero, ocultado la huida del monarca, y, luego votado su inviolabilidad, como el propio Robespierre, los que se apresuraron a condenarle a muerte, pues se verían comprometidos en su caída, mientras que los que votaron en contra de dicha inviolabilidad, se limitaron a pedir su destierro.

Según García-Trevijano, quien dice basarse en el testimonio de Sabino Fernández Campo, Jefe entonces de la Casa Real, el golpe habría sido promovido por el propio rey, quien deseaba formar un gobierno de concentración nacional, dada la escalada terrorista y la incapacidad de Suárez para resolver la crisis, presidido por el general Armada, y en el que entrarían miembros de las fuerzas políticas, incluidas el PSOE, quien habría dado su aprobación al proyecto. Fue, en cambio, la precipitación del coronel Tejero, quien no habría aceptado la participación del PSOE en el gobierno, lo que hizo dar la vuelta a la tortilla, y que se acabara presentando al propio soberano como víctima de los acontecimientos, igual que en Varennes. Asimismo, la inviolabilidad real recogida en la constitución de 1978, incompatible según García-Trevijano con las reglas de una democracia, demuestra, en paralelo con la aprobada para Luis XVI, la corrupción e indignidad de una clase política, constituida en casta privilegiada bajo el manto protector del rey, -que se siente más legitimado, frente a su condición de sucesor consentido de Franco, instaurador de una nueva monarquía que se saltó el principio de sucesión dinástica encarnado por el padre de Juan Carlos-, al apoyarse en gobiernos de presunta izquierda, como el PSOE, quien será el primero en aceptar su abdicación, por ser de los más comprometidos con el régimen actual. La situación presente, en fin, se asemeja a la de la segunda fase revolucionaria señalada por Mignet, en la que el pueblo es cada vez más consciente de la corrupción de la actual monarquía de partidos.

Sea como fuere, produce estupor, antesala de la indignación, la constatación de la corrupción de la Casa Real, y el inmenso egoísmo del indigno personaje que ostenta la corona, dedicado a patrocinar el régimen antidemocrático y corrupto de la partitocracia, y sus tentáculos autonómicos, a cambio de que se le haya dejado hacer con sus negocios privados (el New York Times le atribuyó recientemente una fortuna personal de 2.300 millones de dólares, sin que nadie lo haya desmentido), sus amistades peligrosas, y sus amantes.

Por tanto, para mí que he creído mucho tiempo que la constitución era garante de nuestras libertades, que la monarquía era una garantía de estabilidad, y que había partidos mejores que otros, es evidente que seguir votando en este sistema actual es corromperse, y que es necesaria la apertura de un proceso constituyente, que desemboque en una república presidencialista, sustentada en la representación real de los ciudadanos, basada no en el sistema proporcional de listas abiertas o cerradas fijadas por los jefes de los partidos estatales, sino en la elección de diputado uninominal a doble vuelta en pequeño distrito, y en una auténtica separación de poderes, es decir, en una verdadera democracia.

domingo, 19 de febrero de 2017

EL TRIUNFO DE LA IDEOLOGÍA SOCIALDEMÓCRATA





Anastasia Rudenko




Tras la derrota de las potencias del Eje por el ejército norteamericano, la superpotencia no se preocupó de dotar a las naciones europeas de un sistema político similar al suyo, es decir, una democracia formal de corte presidencialista, con separación de poderes y principio de representación política con elecciones separadas para el poder legislativo y el ejecutivo, sino que sacó de los escombros a los políticos derrotados en su día por el nazifascismo como de Gasperi, Schumann y Adenauer, los llamados Padres fundadores de la Unión Europea en impropia analogía con los Padres fundadores de la Constitución norteamericana, para que recuperaran el sistema proporcional de listas que dio el poder al nazismo en 1933, concebido por aquél como medio de integrar a las masas en el Estado, eliminando el principio de representación democrática propio del sistema mayoritario de distrito uninominal a doble vuelta, que fue el posteriormente recuperado por el general de Gaulle al instaurar la Quinta República.

La caída del Muro de Berlín precipitó la decadencia de los partidos comunistas en Europa y su conversión en socialdemócratas, caracterizados a partir de entonces por su renuncia al marxismo, su aceptación aliviada del statu quo capitalista, y la compensadora defensa de iniciativas de igualdad social, y derechos de minorías y de agraviados de toda laya, todo ello adobado de un pensamiento relativista, necesario para machihembrar tamañas contradicciones. 

Es así que hoy día no hay político que hable de la necesidad de libertad sino de una siempre creciente igualdad, (discursos de los que los parados han curiosamente desaparecido, pues reducir su número estructural supondría atacar los privilegios del oligopolio económico-finaciero que va de la mano de la casta partidocrática con sus legiones de apesebrados en el régimen autonómico y con sus cohortes de palmeros mediáticos). El concepto de libertad política colectiva, es decir, la libertad de los ciudadanos de poder elegir un auténtico representante político y no limitarse a refrendar a los adeptos que el jefe de cada partido ha puesto en una lista electoral abierta o cerrada -lo mismo da-, les es, pues, extraño, y la falsa igualdad que propugnan no es más que un medio de asegurarse una clientela de subvencionados de todo orden.


sábado, 28 de enero de 2017

¿LA SEGUNDA REPÚBLICA ES UN MODELO POLÍTICO A SEGUIR?





Robert Capa



La Segunda República Española fue grosso modo una república parlamentaria, cuyo sistema electoral era uno proporcional de listas parcialmente abiertas (un sistema paradójicamente menos cerrado que el actual español, el de nuestro régimen partidocrático neofranquista). No existía, pues, una democracia formal caracterizada por la separación de poderes y la representación política basada en el sistema electoral mayoritario de distrito uninominal a doble vuelta (precisamente aquél al que puso fin la República de Weimar, abriendo la puerta a la utilización por parte del nazifascismo del sistema proporcional para sus propósito de utilizar las votaciones como medio de integración de las masas en el Estado).

No tenía, por lo tanto, que ver con una República Constitucional presidencialista, en la que el Jefe del Estado tendría poderes realmente ejecutivos, y existirían mecanismos para resolver los conflictos que se crearan con el poder legistativo de la Cámara de Diputados, elegidos ambos poderes en elecciones separadas. Por su parte, el llamado poder judicial -poder presque nul según Montesquieu-, mantendría su independencia al ser elegidos sus miembros por los concernidos en su desempeño (los funcionarios de justicia).

En la Segunda República española el Presidente era elegido por las Cámaras, y carecía realmente de independencia de los partidos, y de poderes ejecutivos propios. Tal debilidad del sistema se manifestó en la incapacidad del gobierno, sometido a los intereses de los partidos y otras organizaciones, para controlar a las fuerzas reaccionarias, a las revolucionarias y a las separatistas, desembocando en el desastre que todos conocemos.

Puede, decirse, en fin, que los actuales nostálgicos de dicha República con sus banderitas tricolores -a parte de ser, en el fondo, no más que unos monárquicos de facto por su acomodación a la actual Monarquía de partidos- ignoran que la historia no puede repetirse, ni siquiera bajo la forma de caricatura, y que la única manera de recuperar esta forma de gobierno es la instauración de una República Constitucional como la explicada arriba, tras un verdadero proceso constituyente, que no sea el producto de un tejemaneje secreto entre los jerarcas del franquismo y los nuevos mandarines de la falsa oposición, como la Carta Otorgada de 1978.

sábado, 21 de enero de 2017

¿ES ESPAÑA UN PAÍS MONÁRQUICO?





Representación de "Escorial" de Michel de Ghelderode en el Teatro Helénico




Se da por sentado que España es un país monárquico por tradición, como Inglaterra. No obstante, habría que plantear varios peros a tal afirmación. Como forma de gobierno propia del Antiguo Régimen, en España lo ha sido en paralelo a otras naciones continentales europeas. Tras la convulsión, empero, de la Revolución Francesa, la monarquía en nuestro país se ha mantenido por el apoyo del ejército, primero, del extranjero de los Cien Mil Hijos de San Luis de la Santa Alianza para mantener su pacto de restauración de las monarquías del Antiguo Régimen, y luego, con el sostén de los distintos pronunciamientos militares decimonónicos que acabaron desembocando en la Restauración borbónica en la persona de Alfonso XII en 1874 tras el breve paréntesis de la I República. Hasta ese momento, la política española estuvo marcada por ese llamado "baile de generales". Ya en el siglo XX, Alfonso XIII se apoyó en la dictadura de Primo de Rivera, hasta las famosas elecciones municipales de 1931, que le llevaron a huir precipitada y deshonrosamente -dejó atrás a su familia- a Cartagena, camino de Roma.

El vencedor de la Guerra Civil, el general Franco, católico tradicionalista y autoritario más que fascista, para legitimar more suo su régimen dictatorial, decidió nombrar como sucesor al nieto de Alfonso XIII, don Juan Carlos de Borbón, para lo cual había conseguido previamente que su padre, don Juan, lo enviara a España para recibir la educación que el dictador consideraba adecuada. Una vez que quedaron claras las intenciones de Franco, don Juan exigió a su hijo que no aceptara ser el sucesor de un dictador. El delfín de Franco, empero, prefirió traicionar a su padre y jurar los Principios del Movimiento. Experto en traiciones, decidió también traicionar a su padre adoptivo y su Instauración (en la que significativamente el monarca es también Capitán general de los Ejércitos), favoreciendo un régimen basado en el acuerdo entre las fuerzas vivas del régimen franquista y la oposición, a su vez traidora al designio de ruptura democrática de la Junta Democrática dirigida por Antonio García-Trevijano. Había nacido, pues, la Monarquía de partidos, basada en una Carta Otorgada, que no Constitución nacida de un proceso constituyente, y en el llamado Estado de las Autonomías, como instrumento de corrupción, clientelismo y desnacionalización proestatalista de la sociedad civil.

El balance no ha podido ser, en fin, más desolador: la monarquía no ha hecho nada más que favorecer el auge separatista, y ser cómplice de la corrupción de los partidos estatales, esperando que los gobiernos sucesivos de los dos partidos mayoritarios hicieran la vista gorda con la propia. Así, el rey Juan Carlos I, al que la historia no juzgará tan favorablemente a medida que siga derrumbándose el pacto de silencio creado en torno a él por el régimen y sus medios, asustado como su abuelo y cargado de escándalos sexuales y económicos, abdicó repentinamente tras unas elecciones europeas en las que vio tambalearse la exclusividad en la alternancia en el poder de las dos patas del régimen, geminación del antiguo partido único. Pudimos asistir luego a la como vergonzante y apresurada toma de posesión de su sucesor, a la que el llamado absurdamente ahora "rey emérito" (como si pudiera haber dos) no se dignó siquiera asistir. Todo lo cual, sin duda, no contribuye a demostrar que exista una tradición monárquica en España, donde la mayoría del pueblo pasó de ser franquista a juancarlista sin solución de continuidad, y donde la monarquía de partidos sólo tiene razón de existir mientras continúe este régimen partidocrático, en el que no existe ni democracia representativa ni división de poderes.

domingo, 15 de enero de 2017

LIBERTAD DE PENSAMIENTO



Entre 1938 y 1965 Arthur Kaufmann compuso su tríptico Die geistige Emigration, "la emigración intelectual", en el que retrata a un grupo de representantes del mundo de la artes y las ciencias de lengua alemana, huidos a Estados Unidos desde el dominio del III Reich nacionalsocialista.

Estas personas perdieron su libertad de expresión en sus países de origen, pero no la de pensamiento. En la Europa de nuestros días, y centrándonos en España, existe un modo de totalitarismo difuso que ataca directamente a la libertad de pensamiento. Es lo que ha venido a llamarse consenso, que, como modus agendi de la oligarquía política, ha acabado permeando a la sociedad civil. El consenso es en sí antidemocrático y antiintelectual, pues exige el sometimiento a una postura apriorística, en nombre del acuerdo y la concordia, eufemismos de una servidumbre voluntaria que es característica de las sociedades civiles sometidas a los regímenes partidocráticos como el español.

Llegar a un consenso, pues, es la ambición máxima de cualquier reunión o encuentro, sea en la administración o en la sociedad en general. El disenso, por otra parte, sufre además el acoso combinado de lo políticamente correcto, el comunitarismo, la ideología de género y el buenismo, elementos de la ideología nihilista socialdemócrata, que se caracterizan por su afán de modificar y controlar el lenguaje como vía directa de control del pensamiento.

Así pues, la persona que no quiera limitarse a repetir los eslóganes que le han enseñado en la escuela o en los medios de comunicación, se encontrará con recursos asumidos de autocensura mental, que le llevará a evitar lo que pueda considerarse conflictivo, capaz de herir susceptibilidades, o lo que se afirme con cierta rotundidad y seguridad.

Estamos, en fin, en una época en que adquiere plena validez la afirmación de Thomas Mann de que el que desafía las ideas hechas de una sociedad es un héroe.