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sábado, 7 de octubre de 2017

LA PARTIDOCRACIA ES RESPONSABLE DE LA CRISIS CATALANA





Richard Oelze



El actual proceso independentista en Cataluña es una consecuencia directa de la degradación progresiva del Estado de partidos o partidocracia española. Ello explica dos eventos conexos como la inacción criminal del actual gobierno, y las constantes peticiones de diálogo de diversas instancias como partidos del régimen cual Podemos o poderes fácticos como la Iglesia Católica.

La inexistencia de una verdadera democracia en España, caracterizada por la separación de poderes, es decir, la separación de nación y estado, según la cual aquélla legisla y éste ejecuta, queda demostrada en los partidos anclados en el estado, que viven por y para ellos, fomentando la estadolatría y el sentimiento de desnacionalización en la sociedad civil, a la que se priva, por el sistema electoral proporcional de listas abiertas o cerradas, de la representación política de diputados uninominales de distrito con mandato imperativo e independencia de los intereses bastardos de los partidos estatalistas. Así, pudo escucharse hace poco al presidente de la Generalidad catalana que Cataluña iba, por fin, a tener un estado. Enfrente, el gobierno del estado español no quiere aplicar ninguna medida coercitiva, ni judicial ni ejecutiva, aunque hace años que podía haberlo hecho si tuviera alguna conciencia nacional, y, en consecuencia, patriótica; estaría, en cambio, dispuesto a dar caudales ingentes del dinero que roba impunemente a los ciudadanos (los mismos que contemplan angustiados e impotentes la tormenta en el famoso cuadro de Richard Oelze) a los estatalistas catalanes, o a concederles todas las competencias propias de un estadito a su medida, siempre que se mantuviera la apariencia de una unidad nacional mínima de la antaño llamada España.

Por otra parte, las demandas de diálogo responden a la nostalgia del consenso, es decir, del acuerdo de las oligarquías político-económicas para repartirse poder, privilegios y prebendas a costa de los súbditos del régimen y de la nación que constituyen independientemente de su voluntad.

Sólo la voluntad de disenso puede, en fin, sostener la libertad de pensamiento que permita la defensa desprejuiciada de la existencia de la nación española, incompatible, como ya se ha visto, con la de la Monarquía de partidos, que la sangra y la niega, dispuesta incluso a trocearla para satisfacer la ambición de poder de su miserable clase política.


sábado, 3 de junio de 2017

BUSCAR LA LIBERTAD POLÍTICA COLECTIVA NO ES NEOLIBERAL




George Washington y Bernie Madoff (Weimar art blog)


El neoliberalismo o liberalismo de nuestros tiempos no es democrático, pues no concibe la libertad política colectiva, contentándose con los regímenes parlamentarios a cuya sombra creció. Queda, por otra parte, en el terreno de lo utópico, pues la desregulación absoluta de la economía es una pura quimera. Moralmente es también rechazable pues pensar en poner la organización de la sociedad en mano de los ricos es aberrante (aunque es ya sabido que son los gabinetes técnicos de las empresas del IBEX los que elaboran las leyes que luego aprueba en su parlamento la oligarquía partidocrática, que es de una mediocridad descorazonadora).

Lo mismo que es absurdo considerar neoliberal la búsqueda de la libertad política colectiva, sería igual de incongruente tenerla por comunista, pues éste apuesta por la revolución de la libertad, no de la igualdad, utopía con la que se llenan la boca los viejos y nuevos demagogos como los de Podemos, cuya ambición totalitaria se enmascara bajo su propuesta de democracia social que choca contra la propia naturaleza humana, marcada por la desigualdad. En cambio, la consecución de la libertad política colectiva podría facilitar la reducción de la desigualdad de oportunidades tomada como uno de los rasgos de la sociedad neoliberal.