domingo, 13 de mayo de 2018

14º ENCUENTRO DEL MCRC EN CÁDIZ




Ayer nos reunimos miembros del MCRC en un restaurante de Alcalá de los Gazules para tratar sobre la situación del MCRC tras los últimos acontecimientos precipitados tras la muerte del fundador, D. Antonio García-Trevijano, sobre las propuestas de nuestro grupo para la próxima Asamblea General, y sobre nuestras acciones en la provincia.

Se manifestó la decisión de continuar en el MCRC (sin haber recibido hasta la fecha ninguna baja) a pesar de la dimisión y marcha del vicepresidente y de algunos miembros de la Junta Directiva por haber querido saltarse los procedimientos establecidos en los estatutos para expulsar a un miembro de la Junta que había insultado al vicepresidente y a ésta en su conjunto, para lo que contaba con su apoyo mayoritario, y por no querer responder a la posterior petición de la mayoría de ésta para que se fijara definitivamente la fecha de la Asamblea General Ordinaria a la mayor brevedad posible tras la muerte de D. Antonio. En opinión de los presentes, la presente crisis se ha debido a un conflicto de egos y a la incapacidad de ejercer un liderazgo ponderado de parte del vicepresidente dimitido, que parece haberse sentido hiperlegitimado como sucesor in pectore para actuar de forma autoritaria en el seno de una asociación cuyos estatutos fueron aprobados en la primera Asamblea General. Se considera que esta situación ha provocado un gran perjuicio al MCRC, de la que esperamos salir bien librados, pues los que se han marchado no se han llevado los principios del movimiento creado por D. Antonio García-Trevijano, sino sólo sus propias opiniones, y el afán de exponerlas. Incidió así Fulgencio del Hierro en el carácter de refundación que habría de tener dicha asamblea.

Acto seguido, hablamos de la necesidad de elaborar un ponencia como grupo para llevarla a la próxima Asamblea General. Expuse, como coordinador, los procedimientos que preveen los estatutos para la convocatoria de la Asamblea, y manifesté mi intención de asistir junto con Fulgencio del Hierro, al tiempo que transmití la noticia que se me había dado de que la Junta estaba estableciendo los procedimientos para realizar las votaciones en el seno de la Asamblea, no previstos en los estatutos, así como de que en ésta se leerían las últimas voluntades de D. Antonio. Las aportaciones que hicimos tienen que ver, sobre todo, con la necesidad de cierta estructura administrativa y de profesionalización de los medios técnicos. Se habló, en este sentido, de la conveniencia de crear una comisión que realice la contratación de una empresa que se ocupe de la gestión técnica de los medios de comunicación del MCRC, y evitar así la deslealtad de quienes se llevaron claves de acceso teniéndolas por suyas al haber trabajado de forma aparentemente desinteresada. Juan Antonio Pérez, quien puede de nuevo producir "Los florilegios diarios de Trevijano", recordó otras crisis técnicas del pasado al haberse contado sólo con personal voluntario y discontinuo. Segundo Zamora señaló la importancia de que el MCRC cuente con una APP que englobe todas sus páginas y contenidos, ya que lo que se usa hoy en día mayoritariamente es el móvil, y aportó su experiencia profesional al respecto. Asimismo este repúblico reiteró su idea de que el MCRC cuente en propiedad con una furgoneta con el logo del movimiento, como un modo óptimo de hacer publicidad. Su coste sería reducido al adquirirla en subasta, y su seguro no muy elevado. Se desea también saber qué pasó con la película documental "Maverick" que se rodaba ya en 2016, cuya finalización es necesaria, así como la redacción de una biografía de D. Antonio que fuera publicada por ediciones MCRC. Se planteó también la cuestión de que si los asociados que pagan cuota deben tener más derecho de voto que los que no la pagan.

De acuerdo con la idea de Fulgencio del Hierro de decisión centralizada y ejecución descentralizada, acordamos organizar independientemente mesas informativas y posibles conferencias en el Campo de Gibraltar y la Bahía de Cádiz en las que colaboraríamos mutuamente.

Finalmente, nos hicimos una foto los que pudimos desplazarnos con la pancarta generosamente aportada por Segundo Zamora.

domingo, 15 de abril de 2018

COMUNITARISMO Y DEMOCRACIA REPRESENTATIVA





René Maltête



En una de las últimas Cartas sobre temas de actualidad que publica Politique autrement, club de reflexión independiente sobre renovación de las democracias en los países desarrollados, dirigido por el sociólogo Jean-Pierre Le Goff, Céline Pina, concejal municipal francesa, denuncia la renuncia de los políticos y la alta administración a defender los ideales y principios de la República frente a la influencia creciente de los islamistas sobre los franceses de confesión musulmana.

La autora señala que del optimismo del fin de la historia anunciado por Fukuyama en 1992 se ha pasado a prestar crédito al vilipendiado Huntington que anunciaba que el mundo postcomunista estaría marcado por el conflicto y el cuestionamiento del modelo consumista liberal occidental por la exigencia identitaria, sobre todo de parte del islamismo entendido como nuevo totalitarismo.

Señala Pina que los políticos se han negado a ver esta realidad, y que, creyendo en el final de las ideologías, se han reconvertido en gestores y comerciantes, dividiendo el cuerpo electoral en clientelas para precisar mejor a qué intereses servir para ganar, conservar, e, incluso, confiscar el poder.

Se remarca, empero, que lo peor de este clientelismo comunitarista es el vínculo que se establece entre el político y el que instrumentaliza su comunidad, como líder autoproclamado, que para autoafirmarse desarrolla una propaganda totalitaria sobre fondo del odio a Francia considerada como impía, del odio a los franceses tenidos por racistas, y sobre la base de reivindicaciones culturales pero sobre todo cultuales, que son contrarias al espíritu de las leyes, y del contrato social.

Así, la presión agobiante de salafistas y hermanos musulmanes ha creado los llamados "territorios perdidos de la república" donde, incluso a pocos kilómetros de Paris, parece cambiarse de espacio y de tiempo, en el que "la inhumación de las mujeres bajo velos que son la mortaja de su igualdad con los hombres y de sus libertades es el primer signo del dominio del islamismo sobre un territorio".

Indica Pina que este clientelismo sistemático con fines electoralistas, que deviene en cerrazón comunitarista y amenaza para la democracia, contó en 2012 con la fundamentación teórica del think-tank Terra Nova, próximo al Partido Socialista, que explicaba que había que abandonar el discurso orientado hacia las clases populares, y sustituirlo por otro dirigido a grupos descritos como minoritarios u oprimidos en razón de sus orígenes en la inmigración, de su sexo (mujeres), y de sus prácticas sexuales (homosexuales). Se termina, pues, por no dirigirse a ciudadanos sino a comunidades. Añade Pina que, para la formación de las listas regionales en vista de las elecciones de ese mismo 2012, y en lo tocante a los candidatos de la "diversidad", se prefirió no a personas provenientes de familias humildes y extranjeras que hubieran terminado fructuosamente sus estudios, sino a otras que hubieran fracasado en la escuela o cometido pequeños delitos, en nombre de una mayor "representación" de la gente de los barrios de la inmigración. "Difícil para este tipo de representante electo -afirma Pina- acceder a la noción misma de interés general o de superar la representación comunitarista en beneficio del interés general, porque eso supondría cortar la rama sobre la que está sentado".

Extrapolando el caso francés a la situación española, puede comprobarse cuán nulamente representativo y pernicioso resulta el sistema electoral proporcional de listas cerradas y abiertas, que abre la puerta a un comunitarismo desestabilizador y totalitario. Apelar, en este sentido, a la homogeneidad del cuerpo electoral y del sujeto constituyente resulta ilusorio, inútil y racista, pues la constitución de las diversas mónadas electorales republicanas, representantes en microcosmos de la sociedad civil, bloquearía esta amenaza comunitarista e identitaria, basada en el victimismo y el sometimiento de los intereses de la mayoría a una minoría insaciable, sostenida y alentada por la ideología socialdemócrata de los políticos de la partidocracia.

domingo, 1 de abril de 2018

VIOLENCIA Y LIBERTAD POLÍTICA COLECTIVA





Berenice Abbott


"Si el propósito no es la conquista del Estado, como en los tiempos del fascismo y del comunismo, ni su eliminación como en la creencia anarquista, sino la apertura de un periodo de libertad política constituyente en la sociedad civil, no hay lugar para la violencia" (A. García-Trevijano, Teoría Pura de la República, El buey mudo, Madrid, 2010, pp. 626-627)


En el capítulo VII, "Filosofía de la acción constituyente" del libro III de Teoría Pura de la República D. Antonio García-Trevijano establece como principio que "la teoría constituyente de la R[epública] C[onstitucional] es filosofía de la acción" (p. 604), rechazando acto seguido la creencia de que lo teórico se realiza mal en la práctica a causa de la condición humana, pues tal objeción es válida para las teorías utopistas o idealistas, "pero no en las concepciones realistas de la política, que en ningún aspecto se apartan de la condición humana" (ibidem). El pensamiento realista es, pues, la base de la filosofía de la acción constituyente.

Hasta tal punto es así, que "la idea de la República Constitucional, sojuzgada en las Repúblicas y Monarquías de partidos, no se realiza siquiera en teoría sin un esquema realista del tipo de acción y grado de intensidad requeridos" (pp. 611-612). El autor señala el imperativo carácter aristotélico de los revolucionarios de la libertad política colectiva, cuyos fines son reales porque son probables y realizables, frente a la rigidez determinista de los intelectuales partidocráticos, pues "la Teoría Pura rechaza radicalmente la creencia de la filosofía fascista (Gentile) en la brutal idea hegeliana de que el actualismo del poder existente, el del Estado, sea la única racionalidad posible de la realidad. Si todo lo real fuera racional, tan irracional sería oponerse al poder realizado en la dictadura como en el Estado de partidos. La República sólo podría venir entonces de un acto de fuerza bruta, de un golpe de Estado o de una sublevación violenta que, sin libertad política, la impusieran como otra actualidad sin libertad. No sería República Constitucional sino otra vez Constitucionaria" (p. 613).

Precisa D. Antonio que los principios generales que deben guiar la acción son tres: continuidad, homogeneidad, y retroacción. Concretamente, sobre la homogeneidad afirma que "la consigue el principio de que los medios han de tener la naturaleza pacífica de los fines, y ser adecuados a la inteligencia de la finalidad que pretenden" (p. 617). Así pues, "la nueva teoría de la verdad=libertad, y la propia condición democrática de la República Constitucional, son incompatibles con cualquier tipo de acción que se proponga la conquista del poder político, sin someterse previamente a la conquista de la hegemonía política en la sociedad civil o, mejor dicho, en los ámbitos culturales de una sociedad plural y moderna" (p. 627), añadiendose que "por ser pública, continua y gradual, la acción republicana se separa abisalmente de las acciones secretas, repentinas, discontinuas y técnicas, típicas de los golpes de Estado" (ib.).

En conclusión, puede afirmarse que las acciones violentas son ontológicamente contrarias a la filosofía de la acción constituyente, pues no sólo quiebran el carácter público, continuo, gradual  y pacífico de la acción republicana, sino que, concordando con la doctrina megárica de necesaria racionalidad de lo real combatida por Aristóteles, llevarían al poder a la fuerza del régimen de poder preexistente (ejército, masas en armas guiadas por una facción política) que pareciera más adecuada para encarnar o simbolizar al Estado ya constituido. Nos encontraríamos, pues, ante una República Constitucionaria, no Constituyente. Es sin duda, loable combatir dictaduras y tiranías para derrocarlas, pero esa lucha es distinta a la librada por alcanzar la libertad política colectiva.