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jueves, 18 de abril de 2019

¡VOTAD, EGABRENSES!




Es conocida la anécdota ocurrida en las Cortes Franquistas durante una intervención de don José Solis Ruiz, a la sazón Ministro Secretario General del Movimiento, y natural de Cabra (Córdoba), en la que defendía el aumento de horas de deporte en los colegios en detrimento del latín, con frases, al parecer, como "porque en definitiva, ¿para que sirve hoy el latín?". A lo que saltó otro diputado, el cultivado don Adolfo Muñoz Alonso diciéndole: "Por de pronto, señor Ministro, para que a su Señoría le llamen egabrense y no otra cosa".

No sabemos si este menoscabo del estudio del latín, ya iniciado en la Ley General de Educación franquista de 1970, y sentenciado por la LOGSE de 1990 y sus variantes posteriores ha tenido algo que ver en las recientes afirmaciones de Pablo Iglesias en una entrevista en Youtube: "¡Votad, cabrones, votad lo que queráis, pero no os quedéis en casa!". Este insulto, que se quiere cariñoso a fuer de perentorio, ilustra la preocupación principal de cualesquiera partidos del régimen del 78, que es la abstención, agitando la amenaza de sus contrincantes políticos, como el que muestra la camiseta del equipo de fútbol propio frente a la del contrario, lo que no empece para que después del partido vayan a tomarse juntos la cerveza del consenso. 

Razones tiene Iglesias, según sus intereses, de estar cabreado, pues por cada escaño que obtienen los partidos que viven instalados en el Estado reciben de él en concepto de subvenciones 21.168 €, 0,81€ por cada voto al Congreso, y 0,32€ por cada voto al Senado, como informa Vozpopuli. Es algo sin duda peor lo que piensa Iglesias para sus adentros de los paganos de la "fiesta de la democracia", aquellos que votan y hacen que todos paguemos de nuestros impuestos a esta casta de vividores del Erario Público y del reparto del botín del Estado, convertidos los partidos, como señalaba Antonio García-Trevijano, en facciones de éste, e instrumentos de su consenso apolítico, pues al no haber representación de los ciudadanos y, por ende, de la hegemonía política en la sociedad civil, tampoco puede existir libertad política ("Si la hegemonía electoral no traduce en las urnas la hegemonía política existente en las relaciones económicas, sociales y culturales de la sociedad, será porque los electores no han tenido libertad de elegir a sus representantes políticos. Eso sucede con la elección proporcional, donde todos los candidatos son elegidos por media docena de dirigentes de partidos estatales. Sin libertad de elegir y con censura de candidatos, no se realiza la fórmula de Gramsci, "gobierno es hegemonía más dictadura". Sin hegemonía civil sólo puede haber dictadura." (Teoría Pura de la República, El buey mudo, 2010, p. 390).

Consigue, sin duda, Iglesias renovar el lema de su partido para la campaña electoral ("La historia la escribes tú"), un tanto pretencioso, y homologarlo con su exabrupto de aparente frescura cuartelera y huera a los de los otros partidos ("Haz que pase", PSOE, "Valor seguro", PP, "Vamos", Cs, "Por España, VOX), adaptados a la mecánica publicitaria de los medios de comunicación generalistas, con los que los partidos viven en simbiosis de intereses e interpretación de la realidad. Es así que los súbditos de esta monarquía de partidos vivimos sometidos a la agobiante presión mediática que hace de los partidos estatales los únicos protagonistas de la vida pública y política estas fechas, sin que quede aire que respirar de posibilidad de libertad o de cuestionamiento del régimen actual. En ese Matrix mediático no hay luces que iluminen la reflexión sobre una vía de escapatoria, que pasa necesariamente por considerar el votar no como un deber, sino como un derecho político.

Por otra parte, insultar a los votantes llamándoles "idiotas" o "corruptos" si se defiende la abstención electoral activa, parece un mal copia y pega del pensamiento del pensador político granadino y fundador del MCRC, propia de cierto autismo intelectual y de una soberbia que no condice con los propios méritos, pues García-Trevijano exigía siempre una corrección exquisita en la expresión de los principios. Ciertamente, ni pegatinas, ni camisetas ni memes pueden remplazar la voz y la palabra que pedía Blas de Otero, la voz educada y divulgada en el medio creado por García-Trevijano como vehículo verdadero de convencimiento. La voz que no tiene ahora el MCRC.


domingo, 31 de marzo de 2019

"BAJO EL SIGNO DE LA ESVÁSTICA" DE MANUEL CHAVES NOGALES




La reedición de la obra periodística y literaria de Manuel Chaves Nogales (1897-1944) es uno de los hitos fundamentales de la cultura española de las últimas decadas, pues ha revelado al escritor sevillano como uno de los fundamentales del siglo XX. En este sentido la editorial Almuzara ha publicado en una edición muy cuidada un gran reportaje que realizara Chaves Nogales sobre la Alemania nazi al poco de la toma por el poder de Hitler en 1933 -ayudado por el sistema proporcional creado en la república de Weimar, y sus partidos estatales, germen del totalitarismo-, y que se publicó en una serie periódica en el diario Ahora bajo el título "Cómo se vive en los países de régimen fascista".

Frente a la mediocridad cortoplacista de la prensa escrita actual en España, que se reviste a menudo de ínfulas literarias, sorprende el nervio literario y sintético del reportero sevillano, que analiza con aguda clarividencia la sociedad alemana del momento, mirando por encima de los acontecimientos y de la anécdota colorista, para ofrecer a sus lectores de antaño y hogaño una visión cabal y vívida de una nación que desea y prepara la guerra en forma de relato apasionante por más que metódico.

Ya cruzando la frontera franco-alemana, nos transmite Chaves la sensación de hallarse en otro mundo, en el que el guardia patrulla junto a un nazi, y los miembros de los círculos pequeñoburgueses de las ciudades son los que han encubrado a Hitler, una pequeña burguesía deseosa de revancha nacionalista, y que es -antes y ahora- el caldo de cultivo de los fascismos: "Si Adolfo Hitler está gobernando hoy en Alemania, es porque lleva doce años predicando la guerra [...] Si los nazis se dedican hoy al deporte de cazar como a ratas a los judíos y los socialistas, es esencialmente porque los judíos y los socialistas son pacifistas. Esta palabra de "pacifista" es el mayor insulto que se puede dirigir en estos días a un ciudadano alemán" (p.26). Estos pequeñoburgueses desean  batirse por el ideal de la Gran Alemania, cuya misión es la de salvar la raza aria, y la civilización occidental con una nación en armas; por ello, describe Chaves la militarización soterrada de la sociedad alemana, ya de por sí disciplinada, no sólo a través de las fuerzas paramilitares del Partido, sino a través de organizaciones como las de "los trabajadores voluntarios", último  refugio de miles de técnicos en paro en la Alemania de la Gran Depresión, que trabajan a cambio de un pequeño jornal y en campamentos que Chaves asimila a soldadas y a cuarteles. Afirma el periodista que el trabajador alemán se ha dejado ganar por lo que Hitler ha tomado prestado al socialismo, aun si dejar de ser aliado de la pequeña y gran burguesía, con la que practica un doble juego, al tiempo que corteja a la juventud en paro y rebelde, su principal recurso, y la mujer es mandada de nuevo al hogar.

Chaves dedica un capítulo a la "extirpación metódica" -término hitleriano- de los judíos, a los que se priva de medios de vida al tiempo que no se les deja salir del país, y hace el cronista una clarificadora comparación con los Reyes Católicos -aunque no deja frecuentemente de comparar la Alemania nazi con la España republicana-: "Vamos nada menos que a reivindicar a los Reyes Católicos [...] si los Reyes Católicos en vez de católicos hubiesen sido arios, y en vez de la cruz hubiesen llevado en su pendón la svástica (sic), habrían encontrado un arbitrio menos heroico y más beneficioso que sólo su catolicidad les vedaba. No los habrían expulsado, no [a los judíos]. La expulsión ocasionaba un daño demasiado grave a la economía general del país. Hubiesen hecho algo más sencillo; no los hubiesen dejado vivir y no los hubiesen dejado marcharse. La barbarie medieval no permitió entonces el alumbramiento de esta fórmula genial del racismo, que estaba reservada a la mayor gloria del siglo XX" (p. 101). Chaves señala al pueblo alemán como al Gran Inquisidor del sadismo criminal de sus gobernantes, convertido en una masa llena de odio dispuesta a verdaderos crímenes. El libro se cierra con una entrevista de Chaves al doctor Goebbels, del que realiza un retrato implacable, y las crónicas de una conferencia ofrecida en Sevilla por Chaves sobre su reportaje, en la que se declaraba enemigo de las dictaduras roja, negra y parda "porque rebajan la dignidad del hombre".

Es admirable la claridad, rotundidad y facilidad de síntesis expositiva del autor sevillano, y su riqueza léxica que hace resonar en la memoria términos como "fascistizante" o "instantaneística".